Acerca del aborigen chaqueño

 

San Antonio de Obligado, 1885

aborigenchaqueño

 ´… A las siete todo el mundo estaba en su casa, las ollas volvían a hervir listas para que los panes se sopasen y que los estómagos de sus dueños las aligerasen del puchero sin espumar, que comían con las manos y cuyos huesos pelados esperaban filosóficamente los perros, que acostados en un rincón lejos de los puntapiés echaban un vistazo de tanto en tanto a aquella tierra de promisión de nuevo cuño.

 Los indios son poco comunicativos; en sus toldos, siempre que entraba los encontraba mudos; de vez en cuando pronunciaban una palabra, sin mover un músculo de la cara, para volver a su eterna afonía.

 La indolencia no sólo se manifiesta para hablar, sino también para hacer cualquier cosa; para que una vez en sus toldos les bastase el calor del fuego y el estar sentados esperando la comida; a todo eso debe reducirse su confort at home. Quizás ese mutismo e inmovilidad correspondan, no a un estadio semi comatoso de sus cerebros, sino a una actividad intelectual. Cuántas veces no evocarán escenas de su vida pasada, cuántos proyectos de caza, libertad, venganza, no se formarán y cruzarán entre las paredes toscas de su duro cráneo.

 Aquella posición de estatuas, aquella mirada vaga e indiferente, como sumergida en una eterna réverie, es algo que produce admiración y desconfianza. ¿Qué pensarán de nosotros, los blancos, que valiéndonos de nuestra superioridad y en nombre de principios de civilización los arrancamos de sus hogares después de una espantosa carnicería, cazados como fieras, para después sujetarlos a un régimen que no es el suyo y para enseñarles cosas que no comprenden ni necesitan saber? ¿Los habremos hecho más felices? Muchas veces me he preguntado eso, y siempre he comprendido el porqué los chinos, los negros y los mismos indios no quieren saber nada de nuestra civilización. El egoísmo blanco, el egoísmo cristiano, naturalmente tiene que chocar con la vida feliz de los pueblos; vida feliz, porque la felicidad es relativa, y cada cual la entiende a su modo. Nosotros podemos y evolucionamos en el sentido del progreso, pero no nos fijamos en que en ese mismo progreso rápido y vertiginoso llevamos nuestra muerte. Si no, allí la vieja Europa, progresista por excelencia, donde cada máquina que se inventa deja sin trabajo a miles de obreros que quedan en la calle sin saber qué hacer, clamando desesperados por el hambre, porque la mayor parte no tienen ni siquiera los medios para mandarse mudar…¨ (…) ¨… A nuestros indios les sucede lo mismo, arrancados de la selva los traemos a nuestras ciudades para que se mueran de viruela o pulmonía o para que sirvan de mucamos o soldados. Como buen partidario de la libertad individual, me ha gustado dejar que cada uno viva y piense como quiera, y no he pedido comprender el afán de civilizar y catequizar a los que no quieren ser ni civilizados ni cristianos. ¡Déjeselos por Dios! Si han de vivir lo mismo y cuando mueran han de ir al Cielo también, o Dios será tan malo que mande al Infierno a los pobres que no han podido ser cristianos…¨.

 

 

Ambrosetti, Juan Bautista. Viaje de un maturrango y otros relatos folklóricos. Selección, prólogo y notas de Augusto Raúl Cortázar. Buenos Aires, Taurus –Nueva Dimensión Argentina, dirigida por Gregorio Weinberg-, 2005.

 

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: