Aquí les dejo una de las perlas de Ítalo Calvino:

Hay ciudades que no podrán ser reconstruidas

ni recordadas jamás

marcopolokublaikan

 

IV

 

Apretando con los labios el tubo de ámbar de la pipa, la barba aplastada contra el gorjal de amatistas, los pulgares de los pies curvados nerviosamente en las pantuflas de seda, Kublai Kan escuchaba los relatos de Marco Polo sin alzar la vista. Eran las noches en que una congoja hipocondríaca pesaba sobre su corazón.

– Tus ciudades no existen. Quizás no hayan existido nunca. Seguramente ya no existirán. ¿Por qué te solazas en fábulas consoladoras? Bien sé que mi imperio se pudre como un cadáver en el pantano, y que su pestilencia infecta tanto a los cuervos que lo picotean como al bambú que crece fertilizado por su miasma. ¿Por qué no me hablas de eso?

Polo sabía seguir el humor sombrío del soberano.

– Sí, el imperio está enfermo y lo que es peor, trata de acostumbrarse a sus llagas. El fin de mis exploraciones es éste: escrutando las huellas de felicidad que todavía se entrevén, mido su penuria. Si quieres saber cuánta oscuridad tienes a tu alrededor, has de aguzar la mirada para ver las débiles luces lejanas.

En cambio el Kan era presa a veces, de accesos de euforia. Se levantaba de los cojines, medía a largos pasos las alfombras tendidas bajo sus pies sobre la hierba, se asomaba a las balaustradas de las terrazas para dominar con ojo alucinado la extensión de los jardines del palacio real iluminados por farolillos que colgaban de los cedros.

– Y sin embargo sé –decía- que mi imperio está hecho de la materia de los cristales y que sus moléculas se agregan siguiendo un dibujo perfecto. En pleno hervor de los elementos toma forma un diamante espléndido y durísimo, una inmensa montaña facetada y transparente. ¿Por qué tus impresiones de viaje se detienen en las engañosas apariencias y no captan este proceso incontenible? ¿Por qué te complaces en melancolías inesenciales? ¿Por qué ocultas al emperador la grandeza de su destino?

Y Marco:

– Mientras a un gesto tuyo, sire, la ciudad una y última alza sus muros sin mácula, yo recojo las cenizas de las otras ciudades posibles que desaparecen para cederle lugar y no podrán ser reconstruidas ni recordadas más. Sólo si conoces el residuo de infelicidad que ninguna piedra preciosa llegará a compensar, podrás calcular el número exacto de quilates a que debe tener el diamante final, y no errarás desde el principio los cálculos de tu proyecto.

 

Ítalo Calvino (Santiago de las Vegas –Cuba-, 1923/ Siena –Italia-, 1985) ¨Las ciudades invisibles¨ se presentan como una serie de relatos de viaje que Marco Polo hace a Kublai Kan, emperador de los tártaros… A este emperador melancólico que ha comprendido que su ilimitado poder poco cuenta en un mundo que marcha hacia la ruina, un viajero imaginario le habla de ciuadades imposibles; por ejemplo, una ciudad microscópica que van ensanchándose y termina formada por muchas ciudades concéntricas en expansión; una ciudad telaraña suspendida sobre un abismo, o una ciudad bidimensional como Moriana… Creo que lo que el libro evoca no es sólo una idea atemporal de la ciudad, sino que desarrolla, de manera unas veces implícita y otras explícita, una discusión sobre la ciudad moderna… Creo haber escrito algo como un último poema de amor a las ciudades, cuando es cada vez más difícil vivirlas como ciudades. Del propio autor.

 

Ítalo Calvino. Las ciudades invisibles. Madrid, Siruela –Biblioteca Calvino-, 2011. Traducción del italiano: Aurora Bernárdez

 

Ilustración: Tranquilo Cremona –Marco Polo ante Kublai Kan-

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