Biografías 4: M-P

Madero, Eduardo. Comerciante argentino, recordado principalmente por ser el promotor del proyecto para el Puerto de Buenos Aires, que llevaría su nombre: Puerto Madero. Presentó tres proyectos para realizar el puerto, siendo el último (1881) el aprobado por Julio A Roca, y diseñado por el ingeniero John Hawkshaw. Su tío era Francisco Bernabé Madero, vicepresidente argentino (1880-1886) y fundador de Maipú (Buenos Aires). Eduardo Madero publicó su Historia del Puerto de Buenos Aires, cuando ya tenía casi sesenta años de edad. Encaró su trabajo como obra monumental, la que lamentablemente quedó inconclusa al producirse su inesperado deceso en Génova, Italia, a mediados de 1994.

Mallea, Eduardo. Nació en Bahía Blanca el 14 de agosto de 1903 y falleció en Buenos Aires en 1982. Era hijo de Narciso Segundo y de Manuela Artiria. Su padre –nacido en San Juan y descendiente de Sarmiento- era médico y había realizado sus estudios en Buenos Aires. Una vez recibido ejerció su profesión en los pueblos bonaerenses de Benito Juárez y Azul, trasladándose finalmente a Bahía Blanca –entonces la ciudad más importante del sur argentino-. Fue de su padre de quien Eduardo recibió influencia para dedicarse decididamente a la escritura. Como apunta Oscar Hermes Villordo: El padre vivía manejando enciclopedias, diccionarios y (diversos) libros. Los había leído todos. Los releía. Era amigo de Manuel Láinez, tío abuelo del novelista Manuel Mujica Láinez… En 1907 la familia realizó un viaje a Europa. Cuando regresaron, en 1910, Eduardo fue inscripto en un colegio inglés de Bahía Blanca, y allí estudió hasta que el 1916 la familia se trasladó a la ciudad de Buenos Aires. En la metrópoli, Eduardo comenzó a escribir relatos y en 1920 publicó su primer cuento: La Amazona. Tres años después, el diario La Nación le publicó Sonata de soledad. En 1926 aparecieron los Cuentos para una inglesa desesperada y un año después abandonó sus estudios de abogacía ingresando a la redacción de La Nación. Dirigió el suplemento literario del diario de los Mitre durante muchos años. Revista de Occidente publicó en 1932 la novela La Angustia. En 1936 se editó La ciudad junto al río inmóvil y en 1937 Sur publicó la obra más importante de Mallea, como ensayo interpretativo de la realidad social y espiritual del país: Historia de una pasión argentina. En 1940 se publicó la novela La bahía del silencio y un año después vio la luz Todo verdor perecerá. Finalmente, en 1941 se publicaron ensayos con el título de El sayal y la púrpura. Los personajes de Mallea son generalmente solitarios, introspectivos, taciturnos, con escasa capacidad para comunicarse fluidamente con los demás. El propio Mallea dijo de Chaves: ¨… Iba y volvía solo a su casa por los caminos, y protegía aquella soledad como sacra cosa suya, sin que cupiera posibilidad de ser rota, salvo por diez o veinte pasivos pasos hechos al lado de tal o cual fortuito encuentro, escuchándolo. Se negaba deliberadamente a hablar… ¨. La crítica diría obviamente que el escritor se parecía demasiado a sus personajes. El hecho de haber nacido en Bahía Blanca no fue apenas algo azaroso para Mallea. Al contrario, marcó su vida, su pasión y su sentimiento. En varias de sus novelas y en sus ensayos abundan las referencias a la patria chica. Ya en el comienzo de Historia de una pasión argentina, dice: Vi la primera luz de mi tierra en una bahía argentina del Atlántico… Mientras que en Todo verdor perecerá, describe con mayor precisión apelando a una metáfora felina: He aquí la ciudad del sur, Bahía Blanca, azotada por la arenisca junto al océano. Como la garra cauta del gato con el cachorro confiado, juega el verano con la ciudad atlántica. De pronto los plátanos de hojas inmóviles contienen, alegres, el gorjeo de la siesta (o…) Soñolientos pasantes de abogado cambian con los procuradores recibidos miradas en envidia embotada… En otro tramo de su narración, Mallea describe el origen y crecimiento de la ciudad cuando compara a Ágata Cruz –personaje principal del relato- con Bahía Blanca: Mientras ella se abría, la ciudad, Behía Blanca, se cerraba, también como una flor, pero de piedra. La formación de las ciudades americanas se parece a un capitulo de biología vegetal. En torno al fortín, valla opuesta al indio predatorio, comenzó a crecer, hacia los ochocientos veintiocho, la población militar, y cuatro años más tarde Rosas y Darwin se paraban ante aquellos salitrales que después de los secos calores extendían en la bahía su ardiente sábana blanca… Y en Chaves, aquel relato breve de un exacto rigor –como definiría Jean Duvignaud- describió Mallea: Al dividirse de su padre, después de escenas ásperas en que el progenitor aniquilaba al adolescente, fue a buscarse la vida por esa ciudad del Atlántico. He ahí la tienda Blanco y Negro, el periódico El Atlántico, la lujosa calle O´Higgins, la iglesia metropolitana. Por las afueras: el campo. Los ferrocarriles y los trigales, el universo. Se apretó a la ciudad, resistente, recalcitrante a salir. –Chaves quedate, aconsejaba la voz interior. Y se quedó… Como si el destino de Chaves estuviera desde entonces ligado a la ciudad desde la que surge una voz interior que le invita a quedarse. Definitivamente. No en vano se ha dicho que Mallea es un hito de la novela argentina en cuanto a que sus relatos salen de lo campestre para instalarse en la ciudad; en este caso, en su ciudad natal: la vieja e influyente Bahía Blanca. Fuente: Capítulo.

Mandavila, Juan de. ó Juan de Mandeville, ó Jehan de Mandeville, ó Sir John Mandeville, originario de Lieja (¿?-1372), fue el autor de la obra Libro de las maravillas del mundo, en el que relata los viajes, presuntamente realizados por él a lo largo de treinta y cuatro años por Egipto y diferentes lugares de Asia y China. Su título evoca el famoso Libro de las maravillas de Marco Polo, que fuera dictado por el veneciano a su compañero de prisión. Juan de Mandavila afirmaba ser un caballero inglés, que había partido hacia Egipto el día de San Miguel de 1322, afirmando –a su regreso- que fue mercenario al servicio del sultán, entonces en lucha con los beduinos. Desde Egipto fue a Palestina, siguió la ruta de la seda y visitó la India, el interior de Asia y China. También afirmó haber servido durante quince años en el ejército del gran jan. Después de una ausencia de treinta y cuatro años, regresó en 1356, años posteriores a la peste negra del siglo XIV que implicase tamaña sangría demográfica en Europa durante el período 1347-1350. El relato de sus viajes es considerado normalmente como una impostura, aunque no en lo referente a su estadía en Egipto, en razón del tono empleado y de los relatos de exploradores anteriores. Según algunos críticos, a su regreso decidió, con la ayuda de un médico de Lieja, poner en papel las historias que había pasado. Su relato se convirtió en una de las obras más célebres de la Edad Media, y probablemente más que las de sus contemporáneos Cristina de Pizán o Juan sin Miedo, duque de Borgoña. Describe el mundo conocido en su época y de forma notable el extremo oriental de Asia, que era entonces poco conocido por los occidentales; sólo los franciscanos y los dominicos, así como Marco Polo, se habían aventurado en regiones tan lejanas. El relato de los primeros misioneros (Guillermo de Rubrouck) o de exploradores como Marco Polo estaban poco difundidos en Occidente en aquella época. Juan de Mandavila se refirió a las posibilidades teóricas de la circunnavegación del mundo. Hasta se ha llegado a decir que influyó en el joven Cristóbal Colón. Este autor describe sus itinerarios, inserta historias y leyendas fabulosas en un relato de variadas referencias bíblicas y consideraciones religiosas. Se trata entonces de una compilación o síntesis de un conjunto de viajes, incluyendo: El periplo del autor por Egipto, India, interior de Asia y China; los viajes anteriores de misioneros franciscanos y dominicos, tales como Guillermo de Boldensele, Guillermo de Trípoli, o incluso Odoric de Pordenone; las referencias a grandes clásicos de la literatura antigua como Flavio Josefo, Plinio el Joven o Solinus; referencias al Speculum Historiale de Vincent de Beauvais, que era una enciclopedia reconocido en esa época. La obra se reprodujo en más de doscientos cincuenta ejemplares y diez idiomas, algo considerable para la época, divulgando entre gran número de occidentales la teoría de las esfericidad de la tierra. El estudio crítico de la obra, hecho por Christiane Deluz, muestra que hay tres versiones: la insular en anglo-normando (25 manuscritos); la continental, en habla continental; la Ogier con interpolación de textos introduciendo en escena a Ogier el Danés. La versión insular sería la más antigua. Estas tres versiones fueron traducidas a diversas lenguas vernáculas. Fuente: Wikipedia.

Mandrini, Raúl José. Profesor de Historia de la Universidad de Buenos Aires, docente e investigador de la Universidad Nacional del Centro de la Provincia de Buenos Aires y miembro del Instituto de Estudios Histórico-Sociales. Sus investigaciones se han centrado en la historia de las poblaciones indígenas de la región pampeana y sus adyacencias. Publicó numerosos artículos y es autor de los libros: Volver al país de los araucanos (en colaboración con Sara Ortelli), Las fronteras hispanocriollas del mundo indígena latinoamericano en los siglos XVIII-XIX. Un estudio comparativo; Los indígenas de la argentina; La visión del otro; Vivir entre dos mundos; La Argentina aborigen; El milagro más grande del mundo, etc. Fuentes: Varias.

Mansilla, Lucio Victorio. Nació en Buenos Aires el 23 de diciembre de 1831 y murió en París el 8 de octubre de 1913. Fue coronel del Ejército, periodista, escritor, político – gobernador y legislador- y diplomático. Su libro Una excursión a los indios ranqueles, fruto de una recorrida que emprendió en 1867 por los toldos de esas tribus, siguiendo órdenes expresas del Presidente Sarmiento, se ha transformado en un verdadero clásico. Una lectura desprevenida del texto parece recomendarnos a Mansilla como un defensor del respeto por la diversidad; sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de legislar desde las cámaras de la nación, votó invariablemente apoyando el genocidio roquista. Fuentes: Varias.

Marcó del Pont Díaz Ángel y Méndez, Francisco Casimiro. (Vigo, España; 1770 – † Luján, Argentina; 1819) Hijo de Buenaventura Marcó del Pont y Juana Ángel y Méndez, fue un militar español y gobernador de la Corona Española en Chile. Es una de las figuras de la Independencia de Chile, dado que fue el último de los Gobernadores de Chile cuando fue hecho prisionero por fuerzas del Ejército de los Andes, lideradas por José de San Martín y Bernardo O´higgins, que ingresaron a Santiago luego de la Batalla de Chacabuco. Inició su carrera militar como cadete en el Regimiento de Infantería de Zaragoza en el año 1784. Estuvo en la guarnición de Oran en 1789. En 1802 estaba en el regimiento Tarragona. Durante el Sitio de Zaragoza el brigadier Marcó del Pont fue hecho prisionero y llevado a Francia. Pero consiguió su traslado a Valençey, prisión de Fernando VII. Tras la restauración regresó a Madrid, donde a poco, su influencia en la corte le otorgó el gobierno de Chile. Este nombramiento se hizo contra el parecer del Consejo de Indias sin embargo. El nombramiento de Marcó del Pont como Gobernador de Chile culminó una brillante trayectoria militar que incluso Napoleón alabó concediéndole la Orden de la Flor de Lis y que tanto el General Palafox como el General San Martín alabaron en su día. A fines de 1815, vía Panamá, y su posterior paso por Lima, arribó a Valparaíso. Su recepción en Santiago fue inicialmente favorable, sustituyendo en la jefatura de gobierno a Osorio, identificado con la austeridad del periodo de reconquista militar. Marcó del Pont pretendía una reconciliación a través de actos demagógicos; sin embargo el ambiente de desconfianza y prebendas le llevó a copar de europeos y criollos peruanos los puestos clave y dar a la restauración un carácter represivo. El capitán Vicente San Bruno, venido con el regimiento Talavera, encargado de la actividad policial, pero llevando sus funciones más allá de la delincuencia común, montó un tribunal político cuya desorientación y arbitrariedad le llevó el descrédito y animosidad. Marcó del Pont erró su política de gobierno al incumplir las políticas de reconciliación venidas directamente de la corte de España, como el indulto general a los patriotas del 12 de febrero de 1816. Además su estado de permanente alarma agotó los recursos empleados en la defensa del mar y la cordillera de Chile. Envió varios espías a Cuyo para que recabaran información sobre el Ejército Libertador de los Andes. Está ampliamente demostrado que las medidas que tomó Marcó del Pont para reprimir a los insurgentes estaban ampliamente aceptadas en su día como el toque de queda o el secuestro de armas para garantizar la seguridad en la población civil. Por otro lado, cumplió correctamente su papel administrador, acreditando su lealtad, posponiendo sus sueldos a las posibilidades del estado. Entre sus obras urbanísticas están la mejora del paseo de Tajamar o la Alameda, como la reparación del Teatro y coliseo, y la construcción del canal de Maipú. Se dice que todo indujo a pensar que Marcó del Pont llegó a Chile con muy buenas intenciones, y que podría haber sido de beneficio en un país normal; pero el estado de revolución exigía un talento, energía y experiencia de los que carecía Marcó del Pont; se trataba de llevar adelante un gobierno convulsionado. Puso precio a la cabeza de Manuel Rodriguez. Durante los Gobiernos de Mariano Osorio y Francisco Casimiro Marcó del Pont se tomaron las siguientes medidas, avaladas en todo momento por la Corona, que resultaron represivas para el pueblo y motivaron su rebelión: 1)Se cobraron fuertes contribuciones; 2) Se formaron Tribunales de vindicación; 3) Se produjo la Matanza de unos presos en la cárcel de Santiago sin razón; 4) Se desterraron ciudadanos comprometidos en la Patria nueva a la Isla de Juan Fernández; 5) Se produce el llamado Secuestro de Bienes; 6)Aumentaron las contribuciones; 7) Se prohibió salir de la ciudad sin licencia; 8) Se prohibió tener armas; 9) Se prohibió salir a las calles a ciertas horas; 10) Se prohibió mantener contacto de todo tipo con los patriotas emigrados a Mendoza, bajo la pena de muerte; 11) Se formaron los tribunales de Vigilancia y Seguridad Pública; 12) Se dio libertad a los Talaveras para saquear las casas y golpear personas sin mayor razón, con el pretexto de mantener el orden. Todo ello provocó disgusto en el pueblo, que en un comienzo se había mostrado pasivo y no se había resistido a retornar al mando Español. La familia y la educación de todos los Marcó del Pont fue elevada en su época; ello los llevó a tratarse de igual a igual con miembros de la aristocracia como la duquesa de Osuna, o de la realeza como el duque de Angulema y el rey Fernando VII. Marcó del Pont se limitó a seguir las indicaciones de su Gobierno, teniendo en cuenta el enorme rechazo que causaba en la metrópolis le inevitable independencia de los nuevos países americanos. La familia Marcó del Pont pertenecía a la Ilustración y por lo tanto fomentaba las artes pero dado su status y el rechazo a la revolución francesa promovieron siempre la lealtad al Antiguo Régimen. San Martín, encomendó a su armero José Antonio Alvarez Condarco, en misión de espionaje, que fuese a entrevistarse con Marco del Pont, debiendo reconocer y memorizar en su viaje los accidentes del terreno. Marcó del Pont lo expulsó del país anotando en el pasaporte del armero una expresión hace referencia a la traición de José de San Martín a la monarquía española: Yo firmo con mano blanca y no como la de su general que es negra… Tras la caída del gobierno español de Santiago, Marcó del Pont huyó a Valparaíso dirigiéndose primero a San Antonio a través de la Cuesta de Lo Prado porque creía que en su bahía se encontraba surto el buque San Miguel. Pero éste había zarpado horas antes. Se encontró en la disyuntiva de seguir el camino de la costa pero como ese plan lo dejaría a merced de los montoneros de Ramón Freire, se decidió a seguir rumbo al norte , a través de las actuales localidades de Cartagena, El Tabo, El Quisco , descansando en El Totoral el 15 de febrero de 1817. Desde esta posición envió un inquilino para que le avisará respecto de la situación en Valparaíso. El hombre avisó a su jefe , el hacendado de Las Tablas el que se concertó con el Capitán José Aldao para rodear la quebrada el 15 de febrero. En la Quebrada del Totoral , se le encontró con todos los oficiales que le acompañaron en su salida de Santiago: el teniente coronel Fernando Cacho, el coronel Ramón González y el fiscal Prudencio Lazcano. Todos entregaron sus espadas salvo él, que pidió entregarla a un jefe de su condición. La virgen de su capilla particular todavía puede verse en el Eremitorio franciscano de El Totoral. Conforme a los relatos tradicionales, entregó ceremoniosamente su espada a San Martín. Se dice en Argentina que San Martín lo saludó con la expresión: ¡Venga esa mano blanca, mi general!. El 16 de abril de 1817 fue enviado a Mendoza. San Martín ordenó encarcelar a Marcó del Pont en San Luis junto con los prisioneros tomados en Chacabuco. Tras un motín en 1819 en el que no tomó parte, pero fue igualmente acusado, y con la intervención de Monteagudo, se ordenó su traslado a otra prisión en La Estanzuela, en el interior de la provincia de San Luis. Allí murió el 19 de mayo de 1819, a la edad de 49 años. Don Francisco Casimiro Marcó del Pont tuvo varios hermanos: don Ramón Genaro, dedicado a los negocios de su padre en Vigo, don Ventura Miguel, dedicado a los negocios de su padre en Buenos Aires y Síndico del Consulado de Comercio, fundador allí de la Escuela de Naútica, de la Escuela de Dibujo, del Tercio de Gallegos y de la Hermandad de Hijos y Oriundos del Reino de Galicia, hoy Centro Gallego, don Juan José, Consejero de Estado del Rey Fernando VII y Ministro de Hacienda del Pretendiente Carlos V, don Joaquín y don Juan Mateo que no llegaron a edad adulta, don Manuel María, General de Brigada y Medalla de Oro de la Batalla de Bailén, don Pedro Angel, General de Brigada y Comandante General de Orense, Ana Jacoba, esposa de Juan Fontan y del Pueyo, de Luna y Belvís de Moncada, y María Magdalena, dedicada al cuidado de su madre. Fuente: Wikipedia.com.

Marihual o Mariguan. Tal vez fuera Leandro Mariñaco. Era un cacique chileno que periódicamente acudía a la Argentina para llevar hacienda para su tribu y para comerciar. Ya en 1841 figura en una lista de caciques chilenos que se encontraban tierra adentro. De Mariñaco sabemos que era cacique en Valdivia y que en 1865 solicitó pasaporte para pasar a Buenos Aires junto con Juan José Levicurá y Bernardo Namuncurá. Fuentes: Varias.

Martín de Moussy, Jean Antoine Victor. (n. 1810 – 1869). Fue un naturalista francés. Moussy estudió Medicina en París en 1835. Viajó a Río de Janeiro en 1841, y de allí a Montevideo, donde dirigió el hospital francés de la legión y dictó cursos en la Universidad de la República. En la capital uruguaya fundó la Sociedad de Medicina de Montevideo. Moussy fue empleado por el presidente general Justo José de Urquiza, dirigiéndose a Paraná en 1854 como geógrafo en una expedición exploratoria del territorio argentino. Los resultados de Moussy presentaron el gran potencial económico de la Argentina a Europa. Moussy pasó cinco años en la expedición, que viajó más de 20.000 km. Cubrió Paraguay, Misiones, Chaco, el norte de la Patagonia, las montañas de los Andes, la mayor parte de de Chile, y del sur de Bolivia, y exploró los ríos Uruguay y Paraná. Durante ese tiempo Moussy acumuló observaciones innumerables respecto a la Historia natural, Geología, Geografía, Meteorología, además de centenares de cálculos astronómicos y de datos etnográficos. El resultado de sus investigaciones fue la Description Geographique et Statistique de la Confederation Argentina (1860-1864) con su atlas (1869), mapas físicos y políticos a doble página de las provincias y totalidad del territorio argentino. Fuente: Wikipedia.

Martínez de Irala, Domingo. Discutido conquistador y colonizador español, nacido en 1509 en Vergara, Guipúzcoa y muerto en Asunción en 1556. Marchó a América en 1535, enrolado en la expedición de Pedro de Mendoza, Adelantado del Río de la Plata, participando al año siguiente en la primera fundación de Buenos Aires. A las órdenes de éste peleó contra los indios. Exploró junto a Juan de Ayolas los ríos Paraná y Paraguay y fue nombrado lugartenioente en el Puerto de la Candelaria –aparentemente, actual Corumbá- (1537), donde quedó como capitán de la gente y barcos que quedaban en ese puerto, mientras su jefe se dirigía tierra adentro. Como era incierta la suerte corrida por Ayolas, del que se tenían noticias de que había sido muerto por los indios payaguás, el veedor Alonso Cabrera confirmó como lugarteniente a Irala, quedando así interinamente al mando del Río de la Plata con sede en Asunción, ciudad fundada por el capitán Juan de Salazar y Espinosa. Irala con la ayuda de los demás conquistadores fortificó la ciudad y aumentó sus guarniciones hasta seiscientos hombres, logrando paralelamente pacificar sus alrededores. Al llegar el nuevo Adelantado Alvar Núñez Cabeza de Vaca, las autoridades se negaron en principio a entregar el gobierno al Gobernador designado en España, aduciendo absurdamente que Ayolas era vivo y por lo tanto seguía en el mando Irala por ser su lugarteniente, algo que no pudieron concretar ya que por las provisiones que traía el Adelantado, debía entregársele el mando aún en tal situación. Sin embargo, Irala fue nombrado maestre de campo del adelantado y partió al frente de una expedición ordenada por éste, en busca de la Sierra de la Plata. Durante la misma, Martínez de Irala conspiró secretamente contra el Adelantado en varias ocasiones, hasta que en 1544 consiguió deponerlo con una rebelión de sus parciales en la que él, astutamente, se mantuvo al marge. Sin embargo, tal suposición y relato de los hechos no fue unánimemente compartida. Muy por el contrario –se dijo- Martínez de Irala se encontraba enfermo al tiempo de la deposición del Adelantado y sólo pudieron resolverle los antagonismos entre las diversas facciones de Asunción, gracias al buen tino del vizcaíno. Los oficios reales que depusieran al Adelantado –pues gobernaba tiránicamente excediendo en todo la orden de Su Majestad- efectuaron una votación en la que Martínez de Iirala fue nuevamente escogido. Así Irala dispuso enviar al Adelantado a la península, para que fuese juzgado y sentenciado, privado de oficio y desterrado, como efectivamente lo fue en Orán (aún cuando más tarde fuera rehabilitado). En 1543 Irala fundó la Ciudad y Puerto de Los Reyes, sobre las costas de la laguna La Gaiba en el Chaco, a orillas del río Paraguay y de la Laguna de Jarayes, y llegó hasta el Alto Perú, donde ya otros españoles habían puesto basa sobre las tierras. En 1544 las tribus locales se rebelaron ferozmente contra los españoles mientras estos se hallaban en un conflicto interno por el cargo de gobernador. Cuando finalmente fue proclamado Irala, los guaraníes, agaces y carios marcharon sobre Asunción con quince mil hmbres, al mando del jefe Macaria. Irala los enfrentó con trescientos españoes y entre mil y mil quinientos jheperús y bataheis. Tras tres horas de lucha, los rebeldes fueron forzados a huir caóticamente resultando masacrados más de dos mil y muchos más gravemente heridos. Durante la perseución, los vencidos se refugiaron en el pueblo fortificado de Froedimidiere. Pero los españoles, tras tres días de asedio, tomaron la fortaleza masacrando a sus defensores y pobladores; tras ello algunos huyeron a Carayba, que no pudo ser tomada. Otros sobrevivientes quisieron refugiarse en Hieruquinzaba, pero antes de llegar fueron masacrados por los jheperús. Posteriormente, entre junio de 1545 y diciembre de 1546, el jefe Tavaré, de los carios, organizó una nueve rebelión con su tribu y contando con el apoyo de los guaraníes, en las zonas de Garnapitán y Acaraíba (o Acahaí). Fueron también vencidos, capturado y muerto Tavaré en Hieruquizaba. En 1545, Irala preparó la campaña contra los guaraníes y descubrió la tierra de los sabayas. Cuando regresó a Asunción en 1549, se encontró con que había sido depuesto en su cargo; fue sin embargo repuesto en 1552, cuando el rey Carlos I de España lo nombró gobernador del Río de la Plata. Así Irala sin gastar un solo peso, pues se embarcó muy humildemente en la expedición de Mendoza, quedó por descarte como Gobernador del Río de la Plata. Lo sucedió Gonzalo de Mendoza, cuando nuevamente en Asunción se produjeron grandes disturbios, Mendoza fue decapitado y tomó el poder Diego de Abreu, a quien Irala hizo asesinar. Cuando recuperó el poder, Irala se internó hacia el oeste, en una expedición de desastrosos resultados. En 1554 envió a Madrid a su sobrino, Esteban de Vergara, para que diese cuenta al rey de sus servicios y vicisitudes y, en recompensa, el rey lo nombró gobernador-propietario del Río de la Plarta, pero le prohibió continuar con las empresas descubridoras. Fundó varias poblaciones y emprendió diversas obras, pero en 1556 falleció como consecuencia de unas calenturas. Irala convivió con varias concubinas. Ello le valió la crítica de las autoridades religiosas, pero fue el modo que halló para concertar la paz con diferentes parcialidades indígenas, y en ello fue exitoso. Consecuencia de su conducta, tuvo gran descendencia mestiza, que fue base de la raza criolla en esa parte de América. Sus hijas fueron entregadas en matrimonio a diferentes conquistadores, también con el propósito de establecer alianzas y equilibrios entre las distintas facciones, cuya existencia caracterizaba a la primitiva Asunción. El testamento del conquistador, del 13 de marzo de 1556, reza: Digo y declaro y confieso que yo tengo y Dios me ha dado en esta provincia ciertas hijas e hijos que son: Diego Martínez de Irala y Antonio de Irala y doña Ginebra Martínez de Irala, mis hijos, y de María mi criada, hija de Pedro de Mendoza, indio principal que fue desta tierra; y doña Marina de Irala, hija de Juana mi criada; y doña Isabel de Irala, hija de Águeda, mi criada; y doña Úrsula de Irala, hija de Leonor, mi criada; y Martín Pérez de Irala, hijo de Escolástica, mi criada (…); y María, hija de Beatriz, criada de Diego de Villalpando, y por ser como yo los tengo y declaro por mis hijos e hijas y portales he casado a ley y a bendición, según lo manda la Santa Madre Iglesia. Muchos de los próceres de mayo descienden esta estirpe: Mariano Moreno, Manuel Belgrano, Juan Francisco Seguí, Juan Francisco Tarragona, Remedios de Escalada de San Martín, José Gaspar Rodríguez de Francia. Fuente: Wikipedia.

Martínez, Enrique. (Montevideo, 15 de julio de 1789 — Estancia San José, provincia de Córdoba, Argentina, 30 de noviembre de 1870) Fue un militar rioplatense que participó en la guerra de independencia de la Argentina y en la Guerra Grande uruguaya. Ingresó en el Regimiento de Dragones en 1801, durante la guerra contra Portugal y participó en la lucha contra las Invasiones Inglesas. En 1810 era capitán del regimiento de Patricios de Buenos Aires y participó en la gestación de la Revolución de Mayo. Prestó servicios en el sitio de la ciudad de Montevideo, que estaba en manos de los realistas. Combatió en la batalla de Cerrito. Se unió al Ejército de los Andes en el regimiento dirigido por Miguel Estanislao Soler, para después asumir el mando de un regimiento y ser ascendido al grado de coronel. Hizo la campaña de José de San Martín a Chile y obtuvo la victoria en el Combate de Guardia Vieja. A órdenes de Juan Gregorio de Las Heras luchó en las batallas de Chacabuco, Curapaligüe, Gavilán, Talcahuano, Cancha Rayada y Maipú. Al comenzar el año 1820, con el ejército listo para comenzar la campaña de liberación de Perú, San Martín recibió la noticia de la caída del Directorio de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Por ello reunió a sus oficiales en Rancagua, donde les presentó su renuncia como comandante y les pidió que le nombraran un reemplazante. Martínez encabezó la negativa, argumentando que el mando de San Martín le había sido otorgado por el pueblo, lo que fue confirmado por todos los oficiales en el acta de Rancagua. Legitimado de ese modo tan extraño, San Martín comenzó casi inmediatamente la campaña del Perú. Luchó en el asalto al Callao y en la defensa de Lima. En 1822 fue gobernador de la provincia de Trujillo, y poco después ascendió al grado de general. Quedó al mando del ejército de Lima cuando el general Rudecindo Alvarado dirigió la campaña de Puertos intermedios. Debido a que privilegió a los oficiales en el pago de sueldos cuando los soldados llevaban meses sin cobrar, se produjo la sublevación de la guarnición del Callao, que entregó esa plaza a los realistas y obligó a evacuar Lima. Estuvo a punto de ser asesinado por los rebeldes. Por esa rebelión se perdió Lima y el Callao fue la última plaza realista en caer en América continental. Renunció al ejército y llevó a Buenos Aires los restos del Ejército de los Andes. En su camino, publicó en Santiago de Chile una justificación de su actuación frente a la sublevación del Callao. En julio de 1827, el gobernador Manuel Dorrego lo nombró su ministro de guerra. Poco después, durante la Guerra del Brasil, pasó al ejército de la Banda Oriental, después de la campaña de Ituzaingó, y realizó una campaña en el norte de ese territorio. Sitió posteriormente Montevideo, pero no consiguió tomar la ciudad. El 1 de diciembre de 1828 fue el segundo jefe del general Juan Lavalle, durante la revolución que derrocó a Dorrego, y logró la rendición de los ministros Tomás Guido y Juan Ramón Balcarce. El gobernador Lavalle, lo nombró inspector de armas de la provincia. Al poco tiempo se pasó a la oposición y Lavalle lo desterró a Montevideo en febrero, aunque le permitió regresar en julio. Estuvo a punto de perecer en el naufragio de la goleta que lo llevaba de vuelta a Buenos Aires. A la caída del jefe unitario, apoyó al nuevo gobernador Juan José Viamonte. Acompañó a Juan Ramón Balcarce como jefe de estado mayor en la campaña de Córdoba, contra el general José María Paz y su Liga Unitaria del Interior. Cuando Balcarce fue nombrado gobernador, en 1832, lo nombró su ministro de guerra y marina. Se enfrentó al sector dirigido por Juan Manuel de Rosas y, con la alianza de algunos unitarios, intentó formar un partido federal independiente. Sus principales aliados eran los generales Tomás de Iriarte y Manuel Olazábal. Negó toda ayuda a la campaña de Rosas al Desierto y convenció a Balcarce de unirse a su proyecto. Participaron en las elecciones legislativas con una lista federal sin los amigos de Rosas, y vencieron a la lista de éstos con la ayuda de la presión de los regimientos leales. Curiosamente, el primer candidato en ambas listas era el mismo Rosas. Pero Rosas no abandonó su proyecto y logró hacer toda la campaña que había planeado. Eso les dio fuerza a sus partidarios, que se enzarzaron en una lucha periodística contra el gobierno. La justicia enjuició a varios diarios opositores, entre ellos uno llamado El Restaurador de las Leyes, título honorífico que usaba Rosas. Las protestas por los nombres confundidos precipitó el inicio de la Revolución de los Restauradores. El gobierno decidió resistir, pero los jefes militares se pasaron al bando contrario y sitiaron la ciudad. Finalmente, Balcarce renunció el 3 de noviembre de 1833. Martínez se exilió en Entre Ríos y poco después en Uruguay. Fuente: Wikipedia.com.

Martínez Estrada, Ezequiel. Nació en San José de la Esquina, Santa Fe, el 14 de setiembre de 1895 y falleció en Bahía Blanca en 1964. Fue poeta, ensayista, crítico literario y biógrafo. Recibió dos veces el Premio Nacional de Literatura: en 1933 por su obra poética y en 1937 por su ensayo Radiografía de la Pampa. Fue presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) de 1933 a 1934 y de 1942 a 1946. Siendo Ezequiel muy joven, su familia se trasladó a la localidad de Goyena, en el sudeste bonaerense, donde su padre abrió un almacén de ramos generales. Luego de separarse de sus padres en 1907, viajó a Buenos Aires donde vivió con su tía Elisa y estudió en el Colegio Avellaneda. Por razones económicas abandonó sus estudios y comenzó a trabajar en el Correo Central capitalino. Publicó seis libros de poesía entre 1918 y 1929. En 1921 contrajo matrimonio con Agustina Morriconi, una artista plástica nacida en Italia. Ejerció la docencia en el Colegio Nacional de la Universidad Nacional de La Plata donde, entre otros alumnos contó al luego célebre René Favaloro, con quien mantuvo amistad hasta su muerte. Con el dinero obtenido con el segundo Premio Nacional antes citado, compró un campo en Goyena. Desde 1946 colaboró en la revista Sur, dirigida por Victoria Ocampo. En esa época publicó obras de teatro, cuentos y novelas cortas. En 1949 se radicó en Bahía Blanca, en la casa que es hoy sede de la fundación que lleva su nombre. Durante los años del peronismo, Martínez Estrada sufrió de neurodermatitis, una enfermedad extremadamente discapacitante, de carácter psicosomático, que lo mantuvo postrado por años en ámbitos hospitalarios y olvidado por casi todos, a excepción de Victoria Ocampo. Después de la caída de Perón y sometido a las técnicas terapéuticas del llamado sueño prolongado, su salud mejoró, comenzando con una serie de textos que él llamó Catilinarias (según el antecedente de Cicerón), escritos dirigidos a la élite argentina, tanto gobierno como intelectuales, prediciendo que el país atravesaría una centuria de Pre-peronismo, Peronismo y Post-peronismo. El gobierno peronista lo había privado de su puesto de trabajo en La Plata, el que recuperó en 1956; al año siguiente fue nombrado Profesor Extraordinario en la Universidad Nacional del Sur, en Bahía blanca, y ese mismo año asumió la presidencia de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. En 1959 Martínez Estrada comenzó una serie de viajes a Chile, y a la Conferencia de Paz de Viena. En esta última es donde conoció al poeta cubano Nicolás Guillén. También viajó a México, donde enseñó durante un año en el Instituto de Ciencias Políticas de la Universidad Nacional Autónoma de México. Escribió Diferencias y semejanzas entre los países de América Latina, un largo ensayo que fijaba paralelos con Asia y África, y con el concepto emergente del Tercer Mundo. Condenó entonces al imperialismo y al colonialismo, aunque expresó admiración por la Revolución Cubana. Justamente, Cuba sería su destino inmediato siguiente. Desde setiembre de 1960 hasta noviembre de 1962 fue director del Centro de Estudios Latinoamericanos de la Casa de las Américas en La Habana. Así formó parte de la densa atmósfera intelectual de los primeros años de la revolución. Estudió en profundidad a José Martí y editó dos libros de discursos de Fidel Castro. Veía en Cuba un destino manifiesto, donde los Taíno se unirían a los Amaurotos de Thomas More, y la Cuba revolucionaria con el ideal cubano de Martí. Esta adhesión a la revolución cubana no fue comprendida ni mucho menos disimulada por los intelectuales argentinos nucleados en torno de la revista Sur. Comenzó así un aislamiento nacional que lo acompañaría hasta su muerte. Tal silencio persistió hasta nuestros días, por razones difícilmente comprensibles. Martínez Estrada dejó Cuba después de la crisis de los misiles. El país había sido expulsado de la OEA y él tenía graves problemas de salud y financieros que lo inducían a intentar servir a la revolución desde afuera. Pasó por México y retornó a Argentina, más precisamente a Bahía Blanca, donde completó sus tres libros sobre José Martí (ninguno de ellos publicado en vida del autor; uno conocido recién en 2001). Escribió también un ensayo sobre Balzac, y continuó escribiendo poemas (notables sus Tres poemas al anochecer, último trabajo publicado por Sur). Él hablaba de volver a Cuba; no está claro si finalmente no lo hizo por su estado de salud, o como indicaría su correspondencia, por sentirse desilusionado por el curso que había tomado la revolución. Fuentes: Wikipedia, Capítulo.

Martinic Beros, Mateo. (Punta Arenas; 1931) Historiador chileno. Premio Nacional de Historia 2000. Premio Bicentenario 2006. Martinic es un historiador que aborda una de las áreas menos desarrolladas por la historia política, como lo es la historia regional. De origen magallánico, además del servicio público, en el que se ha desempeñado como Intendente de Magallanes (1964-1970), ha dedicado su vida a cultivar y difundir la historia, la geografía y el patrimonio cultural de la XII Región de Magallanes y de la Antártica Chilena, así como también de la XI Región de Aysén del General Carlos Ibáñez del Campo, creando en 1969 el Instituto de la Patagonia. Profesor Emérito de la Universidad de Magallanes, de la que es Doctor Honoris Causa, ha creado asimismo el Museo del Recuerdo, la Revista Magallania, ex Serie Ciencias Humanas de los Anales del Instituto de la Patagonia, y el Centro de Estudios del Hombre Austral. Sus publicaciones alcanzan el medio millar (2009), destacando entre ellas su Historia de la Región Magallánica, editada originalmente en 1992 y reeditada en 2006 por la Universidad de Magallanes. Es Miembro Correspondiente de la Academia Chilena de la Historia del Instituto de Chile; Miembro Honorario del Colegio Nacional de Arquitectos de Chile; Socio Honorario de la Sociedad Chilena de Historia y Geografía; Socio de Honor de la Corporación del Patrimonio Marítimo de Chile; Miembro Honorario de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile; Miembro del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios, Comité Chileno; Miembro de Mérito de la Academia Portuguesa da Historia, y Director del Capítulo Regional de Magallanes de la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile (2007). Su titánica labor en pos de dar a conocer Magallanes al mundo ha sido recompensada, entre otros galardones, en el año 2000, con el Premio Nacional de Historia, el primero entregado a un historiador regional. Asimismo, en 2006 ha obtenido el Premio Bicentenario, otorgado por la Corporación del Patrimonio Cultural de Chile, la Universidad de Chile y la Comisión Bicentenario del Gobierno de Chile, en reconocimiento a su aporte sustancial al desarrollo y a la cultura de Chile, el cual ha constituido un hito en su historia republicana, pasando de esta manera a integrar el llamado Decálogo de Hombres Notables del Bicentenario. También en 2006, ha sido galardonado con el Premio Constructores de la Paz, otorgado anualmente por el Obispado de Magallanes en el marco de la Jornada Mundial de la Paz. En 2010 ha sido distinguido como Ciudadano Destacado por la Cámara de Diputados de Chile. Fuente: Wikipedia.

Medina y Biera, Anacleto. Militar uruguayo, hijo de Luis Bernardo Medina, santiagueño, y de su esposa, Petrona Biera (su madre falleció el año de su nacimiento). Nació en la Banda Oriental, en las Víboras, actual departamento de Colonia, donde fue bautizado en la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios el 26 de julio de 1788. Falleció durante la batalla de Manantiales, actual departamento de Colonia, cruelmente ejecutado el 17 de julio de 1871 a la edad de 83 años. Era medio hermano del coronel argentino, Nicolás Medina y Ruiz, nacido el año siguiente. Se unió al cuerpo de Blandengues dirigido por José Artigas hacia 1808. En 1810 pasó a Entre Ríos, y al año siguiente formó en las filas de los que se rebelaron contra los realistas, que dominaban la mitad este de la provincia. Estuvo junto a su jefe en toda la guerra de independencia, y fue uno de sus hombres de confianza. También uno de los comandantes de la caballería en la victoria oriental de Guayabos sobre los porteños de Manuel Dorrego. Pero, como varios otros jefes artiguistas, quedó muy disconforme con la equivocada estrategia de Artigas respecto de la Invasión Luso-brasileña de 1816. Al año siguiente regresó a Entre Ríos, a las órdenes de Francisco Ramírez, y peleó contra los porteños; dirigió una parte de la caballería en la batalla de Cepeda y siguió a Ramírez en sus campañas contra Artigas. Era mayor de caballería en la campaña de 1821 contra Estanislao López y fue uno de los jefes que pelearon en esa campaña. Cuando Ramírez pasó a Córdoba, era el segundo jefe de su pequeño ejército. Y cuando el caudillo fue finalmente derrotado y muerto en Río Seco, fue el encargado de rescatar a su amante, la Delfina. Se puso al mando de lo que quedaba del ejército y dirigió la fuga a través del Chaco, hasta llegar a Entre Ríos y ponerse a órdenes del medio hermano del caudillo, Ricardo López Jordán (padre). Derrotado éste último, pasó a las fuerzas del gobernador Lucio Norberto Mansilla, pero al año siguiente secundó a López Jordán en su campaña contra el gobernador. Tras su derrota fue tomado prisionero y condenado a muerte, pero Mansilla lo indultó. Se negó a apoyar a Estanislao López contra Mansilla, y éste lo ascendió a teniente coronel y se lo llevó consigo a Buenos Aires al finalizar su mandato. Hizo la campaña al desierto de Martín Rodríguez en 1824, y con él pasó al año siguiente al Ejército que se formó sobre el río Uruguay para la guerra del Brasil. A las órdenes de José María Paz, hizo la campaña de 1827 como jefe de un regimiento de coraceros, con los que se destacó en Ituzaingó, Camacuá y Padre Filiberto. Fue uno de los pocos jefes orientales que no luchó en la división oriental de Juan Antonio Lavalleja, lo que a la larga significó su enfrentamiento con éste. Regresó a Buenos Aires con Juan Lavalle y apoyó la revolución contra Dorrego; peleó en Navarro resultando herido, y fue reemplazado al frente de su regimiento por Federico Rauch. A las órdenes de éste hizo la campaña del sur de Buenos Aires, y peleó en la derrota de las Vizcacheras (en que fue muerto su hermano Nicolás, además de Rauch), retirándose con los pocos hombres que se pudieron salvar. Emigró a Uruguay junto a Lavalle y apoyó la invasión de éste a Entre Ríos, terminada en fracaso. Apoyó la campaña presidencial de Fructuoso Rivera de 1830, y al año siguiente se unió al segundo intento de Lavalle y López Jordán (entre los cuales era posiblemente el único nexo), también fracasado. Rivera lo nombró comandante de la costa del río Uruguay, y en 1834 rechazó la invasión de Lavalleja, al que derrotó en una pequeña batalla. Apoyó la revolución de Rivera en 1836 y peleó en las derrotas de Carpintería y Durazno, y en las victorias de Palmar y Cagancha. Fue ascendido a general y jefe de estado mayor del ejército de Rivera. Hizo la campaña de 1842 a Entre Ríos, y peleó en el desastre de Arroyo Grande. Después de iniciado el sitio de Montevideo, fue uno de los jefes más destacados de la guerra civil en el interior del país, y peleó en una docena de batallas, hasta su derrota de Puntas del Sauce frente a Manuel Urdinarrain participando también en la definitiva derrota de Rivera frente a Urquiza, en India Muerta. Huyó a Brasil junto a Rivera y lo acompañó en su intento de volver a tomar el poder en 1846, desembarcando cerca de Colonia; pero fue derrotado por José Garibaldi, leal al gobierno de Montevideo, y poco después, unido a Rivera, fue definitivamente derrotado en Paso de Las Piedras. Volvió al Brasil. Después de la pacificación, con el tratado entre Urquiza y Oribe, se unió al ejército de Urquiza y combatió en la batalla de Caseros como jefe de una división de caballería. De regreso en su país, defendió contra sus opositores al presidente Juan Francisco Giró, del partido blanco, pero que hacía un gobierno de coalición. Como éste fue desplazado por Venancio Flores, quedó del lado opuesto al jefe colorado. Tras la expulsión de éste y el ascenso de Pereira al gobierno, fue nombrado comandante del ejército. En enero de 1858 venció al general invasor César Díaz en Paso de Quinteros. Lo arrestó junto a más de un centenar de oficiales y le garantizó la vida. Pero unos días más tarde recibió la orden del presidente Gabriel Pereira de fusilarlos a todos y la cumplió: en total fueron más de 130 muertos. Esta matanza enfureció a los colorados (que olvidaron que Pereira y Medina eran colorados, aunque varios de los ministros fueran blancos), y desde entonces juraron venganza a los blancos. Durante siete años pareció que los dos partidos podrían convivir pacíficamente, pero la matanza enardeció tanto a los colorados que buscaron cualquier pretexto para volver al poder y excluir totalmente a los blancos. Los aliados naturales de los colorados, los unitarios de Buenos Aires, habían masacrado tres años antes a los federales de Jerónimo Costa, pero los unitarios prometieron venganza, como si sólo los muertos de uno de los bandos merecieran respeto. Quedó identificado con el partido blanco, que fue gobierno durante los siguientes seis años. Luchó contra la invasión de Venancio Flores en 1863 y 1864, y persiguió al jefe colorado por todo el país, sin conseguir obligarlo a presentar batalla. Flores tenía las cartas ganadoras: la alianza del presidente argentino Bartolomé Mitre y del Brasil, por lo que el tiempo jugaba a su favor. Algunos jefe blancos acusaron a Medina de no querer enfrentar a los colorados, y el presidente Bernardo Berro decidió reemplazarlo por el general Leandro Gómez, que poco después era derrotado y asesinado por los brasileños en Paysandú. Se retiró a un pequeño campo que tenía y después de la definitiva victoria de Flores pasó un tiempo refugiado en Brasil. En 1870 se unió al general guerrillero Timoteo Aparicio, que hizo una revolución blanca, y venció en San Severino y Paso de Casavalle. Poco más tarde acompañó a Aparicio en la derrota de Las Piedras. Se refugiaron en el Brasil, donde dictó a su secretario sus memorias, poniendo énfasis en la muerte de Ramírez. Regresó junto a Aparicio en 1871 en la llamada Revolución de las Lanzas y peleó en la derrota de Manantiales, cerca de Colonia. Estaba ya muy anciano y casi ciego, por lo que confundió una partida enemiga con fuerzas propias. Cayó prisionero y fue cruelmente ejecutado, en julio de 1871. Fuente: Wikipedia.com.

Mendes Pinto Fernäo. Nació en Montemor-o-Velho, Portugal entre 1510 y 1514 y murió en Pragal, Portugal, el 8 de julio de 1583. Fue un explorador, escritor y aventurero portugués. Formó parte de la primera expedición portuguesa que logró llegar a Japón en 1543; como tal, uno de los responsables de la introducción de armas de fuego en el país. Siendo pequeño, su tío lo llevó a Lisboa, donde comenzó a trabajar en la casa de D Jorge de Lencastre, duque de Aveiro, hijo del rey Juan II. Allí permaneció cinco años, dos de ellos como mozo de cámara del propio Jorge. En 1537 viajó a la India para encontrarse con sus dos hermanos. De acuerdo con los relatos de su obra Peregrinación, fue durante una expedición al Mar Rojo en 1538, donde Mendes Pinto participó de un combate naval contra los otomanos, oportunidad en la que fue hecho prisionero y vendido a un griego y posteriormente a un judío que lo llevó a Omuz, donde fue rescatado por los portugueses. Acompañó a Malaca a Pedro de Faría, e hizo allí punto de partida de sus aventuras, recorriendo durante veintiún accidentados años las costas de Birmania, Siam, las islas de Sonda, Molucas, China y Japón. En uno de sus viajes a este país conoció a San Francisco Javier; influido por la personalidad del santo, decidió entrar en la orden de los jesuitas y promover una misión catequística en Japón. En 1554, luego de liberar a sus esclavos, partió hacia Japón como novicio de la Compañía de Jesús y como embajador del virrey D Alfonso de Noronha, junto con Daimyo de Bungo. Este viaje fue una decepción para Fernäo, tanto en lo que respecta al comportamiento de su compañero, como en lo que respecta a sus expectativas religiosas. Perdida la fe, abandonó el noviciado y regresó a Portugal. Con la ayuda del ex gobernador de la India, Francisco Barreto, consiguió los documentos privativos de sus sacrificios por su país, que le dieron derecho a una pensión que nunca recibió. Desilusionado, se fue a Valle de Rosal, en Almada, donde permaneció hasta su muerte y donde escribió entre 1570 y 1578, la inimitable Peregrinación. Esta obra, fue publicada veinte años después de la muerte del autor, y posiblemente adulterado su texto. Aún así, el legado es una historia fantástica, asiduamente leída durante el siglo XVII y tomada como fuente de información y ensueño por muchos viajeros, que aún hoy merece ser leída. Durante mucho tiempo se dudó de su veracidad, de modo que jocosamente acostumbró a referirse al autor de Peregrinación como Fernäo Mendez Minto, o incluso: Fernäo, mentes? Minto! Fuente: Wikipedia.

Mendoza, Gonzalo de. Nacido en Baeza, España y muerto en Asunción en 1558, fue un conquistador y colonizador español. Originario de Andalucía, se unió a su hermano Pedro de Mendoza, en la nueva colonia de la Nueva Andalucía, en 1536. Junto con Juan de Salazar y Espinosa fundó Nuestra Señora Santa María de la Asunción (15 de agosto de 1537), que pronto se convirtió en la sede de la colonia. En las sucesivas gobernaciones actuó como capitán y teniente, mientras se desarrollaba la exploración de los actuales Paraguay y Brasil. Sucedió a Domingo Martínez de Irala como gobernador en 1556. Durante su mandato, la Ciudad Real del Guayrá fue fundada por Ruy Díaz de Melgarejo, en la confluencia de los ríos Pepirí-Guazú y Paraná. Esta ciudad recibió a los colonos de Ontiveros. Lo sucedió el capitán Francisco Ortiz de Vergara en 1558. Fuente: Wikipedia.

Mendoza, Pedro de. Nacido en Guadix en 1487, y muerto en Islas Canarias el 23 de junio de 1537, fue un militar de familia noble, almirante y conquistador, primer Adelantado y Gobernador del Río de la Plata (territorio que comprendía desde el límite con Perú hasta el Estrecho de Magallanes). Nacido de una poderosa familia de comerciantes, don Pedro de Mendoza nació para ser un caballero acaudalado. La Casa de los Mendoza descendía de los duques del Infantado y su padre pertenecía a la aristocracia castellana. Ostentaba la titularidad de la Orden de Alcántara y eera por lo tanto caballero. Su abuelo, Pedro de Mendoza y Luna, era el tercer hijo del Primer Duque del Infantado, aunque algunos autores afirman que su abuelo fue Juan Hurtado de Mendoza. Según esta teoría, Pedro de Mendoza era, pues, bisnieto del célebre Marqués de Santillana y señor de Fresno de Torote. Juan Hurtado se cdasó con Elvira Castillo y tuvieron un hijo, Fernando de Mendoza, que se estableció según algunos en Guadix tras la reconquista (1489). Fernando de Mendoza sería el padre de don Pedro. Habiendo ingresado desde muy joven al servicio del rey en la corte de Carlos I como paje, acompañó al soberano en su viaje a Inglaterra en 1522. Luchó luego en la guerra italiana contra los franceses, en la que participó del Saco de Roma de 1527. En 1524 recibió el título de Caballero de Alcántara, y más tarde cambió esta orden por la de Santiago. En 1533, gracias a los buenos oficios de su parienta María de Mendoza –esposa del influyente Francisco de Cobos-, comenzó las gestiones que lo convertirían más tarde en conquistador del Plata. El descubrimiento y la conquista del Paraguay y las zonas aledañas al Río de la Plata, de enorme importancia comercial y estratégica, estaban aún por concluirse, y el monarca Carlos I no encontraba financiamiento ni hombres dispuestos a afrontar la peligrosa e incierta empresa. El principal motivo de enviar tropas a esa parte de Sudamérica era proteger las posesiones ante los avances portugueses. Además, en esa época era conocida la leyenda promovida por los indígenas, que mencionaba fabulosas riquezas en la zona, lo que incrementaba la ambición de los conquistadores españoles. La corona española no podía perder tiempo, porque desde el descubrimiento del Brasil en 1500 por Pedro Álvarez Cabral, los portugueses amenazaban con expandirse al sur hasta el Río de la Plata y más allá, privando a los españoles de valiosas posesiones en América. Fue en tales circunstancias que Mendoza propuso al monarca, en 1534, hacerse cargo con su propio patrimonio del diseño y conducción de una expedición al Atlántico Sur, que reafirmara la soberanía de España sobre esas regiones. A cambio de ello, Carlos nombró a Mendoza el 21 de mayo de 1534 comandante militar de la zona a conquistar (Adelantado), con potestad para fundar fortalezas y pueblos. El cargo tenía múltiples atractivos: era hereditario, combinaba las funciones de gobernador, jefe militar y magistrado, ofrecía grandes posibilidades económicas (por lo que los adelantados, que debían costearse sus propias expediciones, lo utilizaban para intentar recuperar el capital invertido), motorizadas por el rumor, falso pero propagado intencionadamente por los nativos, de que en el interior del continente se hallaban grandes riquezas en oro, plata y piedras preciosas. El acuerdo no tenía límites territoriales. En efecto, a mayor superficie conquistada, mayor territorio gobernaría el adelantado en cuestión, lo que incentivaba el avance geográfico español ante las ambiciones portuguesas en todas las zonas en competencia. El nombramiento mencionado se llevó a cabo mediante un acta conocida como Capitulaciones de Toledo. El 24 de agosto de 1535 Mendoza zarpó del puerto de Sanlúcar de Barrameda al mando de su expedición, compuesta por entre 11 y 14 naves (según diversas fuentes) y aproximadamente 3.000 hombres. El emperador había entregado a Mendoza, además, 3.000 ducados y otro importante adelanto en metálico que el conquistador debía trasladar hasta el Río de la Plata. Pero la tarea que se le exigía a cambio no era fácil: transportar a destino, en el lapso de dos años, un millar de colonos, cien caballos, fundar tres fuertes y construir un camino real desde el Río de la Plata hasta el Océano Pacífico. Obviamente, la corte española ignoraba las dimensiones del terreno a conquistar y las ímprobas dificultades que representaban los Andes, que se interponían en la ruta propuesta. La consecución de esta última tarea sólo se alcanzaría en el siglo XX. Mendoza conformó su expedición de manera racional y cuidadosa: llevó consigo a ocho sacerdotes, un médico y un cirujano. Sin embargo, no llevaba ningún abogado. El nombramiento de adelantado lo habilitaba para quedarse con la mitad de los tesoros que secuestrara a los aborígenes y el 90% de los rescates de los prisioneros, lo que, añadido a su potestad de juez y tribunal de apelaciones, hacía innecesario llevar a un forense profesional con él. Lo acompañaban su hermano Diego de Mendoza, sus parientes Gonzalo y Francisco y el hermano de Santa Teresa de Jesús, Rodrigo de Cepeda y Ahumada. La flota de Mendoza fue dispersada por una espantosa tormenta frente a la costa de Brasil. Tras la misma, el comandante logró reunir a sus navíos y desembarcó en la costa brasileña, donde cayó gravemente enfermo. Debió entregar el comando a su lugarteniente Juan de Osorio, quien al poco tiempo dio muestras de ser responsable de traición y desfalco. Mendoza lo hizo ajusticiar y, algo recuperado de su dolencia, decidió embarcar de nuevo y proseguir poniendo proa al sur. Otras versiones dicen que una de las razones de la empresa de Mendoza en América era que su delicado estado de salud podía mejorar allí, puesto que sus dolencias se debían a que había contraído sífilis, enfermedad originaria de América, benigna para sus pueblos originarios pero no así para los europeos, y que allí podría encontrar su cura. De hecho Pedro de Mendoza permaneció casi la totalidad del viaje en su camastro hasta dar con su muerte. La expedición se adentró en el Río de la Plata a mediados de enero de 1536 y desembarcaron en la Isla San Gabriel, frente a la actual ciudad de Colonia del Sacramento. El 22 de ese mismo mes los soldados y expedicionarios juraron fidelidad y obediencia al adelantado, que comenzó a ejercer desde ese día su cargo de gobernador. Luego de reconocer ambas costas del estuario rioplatense, Mendoza decidió establecerse en la margen derecha, en un sitio donde encontró fuentes de agua potable y una costa relativamente reparada. El 2 ó 3 de febrero de 1536 (en Argentina oficialmente se toma como cierta esta última fecha), Mendoza fundó en ese sitio un puerto defendido por dos primitivos fuertes, se estableció allí con sus expedicionarios y lo llamó Santa María del Buen Ayre, apelativo de una virgen de los marineros de la isla de Cerdeña. Apenas instalados, los españoles descubren una gran hueste de aborígenes pampas (al menos 3.000 hombres) conocidos como querandíes, y sobornan su tolerancia con obsequios de alimentos. Pero a poco de llegar, los graves problemas comenzaron: la ciudad estaba establecida en una zona baja e inundable, pantanosa e insalubre, desde la que los mosquitos propagaban enfermedades y epidemias. El maltrato de algunos españoles a los indígenas motivó que estos dejaran de frecuentar el campamento. La falta de comida obligó al adelantado a enviar guarniciones en todas direcciones a buscar alimentos para paliar la hambruna, pero las mismas fueron inmediatamente atacadas por partidas de indígenas pampas. Deseoso de terminar con el problema, don Pedro envió un ejército comandado por su hermano para atacar a su vez a los pampas, pero estos los vencieron y exterminaron a dos tercios de las tropas, en un enfrentamiento en que Diego de Mendoza halló la muerte (15 de junio) y al que los historiadores conocen como “Combate de Corpus Christi”, cerca del río Luján y del emplazamiento de la actual ciudad homónima de la provincia de Buenos Aires. El éxito de esta batalla dio confianza a los querandíes, que comenzaron a atacar con más y más frecuencia la ciudad, impidiendo que los españoles saliesen de sus refugios para conseguir alimentos. De esta forma, a la enfermedad y la violencia se sumó la inanición como causa común de muerte entre los conquistadores. Finalmente, en diciembre de 1536 los querandíes consiguieron por primera vez vulnerar las defensas de la ciudad, penetraron en ella y la incendiaron, provocando su destrucción total. Mendoza y algunos de los suyos consiguieron escapar a la matanza que siguió, y debieron encaminarse al norte para refugiarse en el fuerte de Sancti Spiritu, en la actual provincia argentina de Santa Fe, que había sido establecido sobre el río Carcarañá diez años antes por Sebastián Gaboto. Desde allí, Mendoza envió una pequeña partida al mando de su lugarteniente Juan de Ayolas hacia el norte, reconociendo las orillas del río, que no obtuvo éxito alguno. Ayolas, acosado por las pestes, el hambre y los continuos ataques de los indios, no pudo cumplir con la tarea encomendada y, derrotado, regresó a Sancti Spiritu. Mendoza, descorazonado por las malas noticias de su hombre de confianza, y sintiéndose enfermo y desanimado, delegó el mando del fuerte a Francisco Ruiz Galán hasta que Ayolas regresare y decidió embarcarse rumbo a España el 22 de abril de 1537. Ya muy enfermo, Pedro de Mendoza murió en alta mar (posiblemente de sífilis) cerca de las Islas Canarias el 23 de junio de ese mismo año. Su cuerpo fue arrojado al mar. La muerte de Diego de Mendoza a manos de los indios dejó una viuda (Francisca de Villafañe) y tres huérfanos. Su pariente Gonzalo de Mendoza, nacido en Baeza, sobrevivió a la destrucción de Buenos Aires y a la fuga a Sancti Spiritu. Fue capitán y lugarteniente de Álvar Núñez Cabeza de Vaca y de Domingo Martínez de Irala, explorando Brasil y Paraguay y convirtiéndose, en 1537, en el fundador de la ciudad de Asunción. Gonzalo es citado innumerables veces en los libros de Cabeza de Vaca, y murió en la capital paraguaya en 1558. Francisco de Mendoza (Castrojeriz, 1515) vivió luego del desastre de Buenos Aires en Paraguay, donde se convirtió en opositor del gobernador Cabeza de Vaca. En 1547 fue capturado y decapitado por orden de Diego de Abreu. Pedro de Mendoza, primer fundador de Buenos Aires, murió soltero y sin dejar descendencia. Fuente: Wikipedia.

Miller, William. (Wingham, 12 de diciembre de 1795 – † Lima, 1861, también llamado Guillermo Miller en Latinoamérica) Fue un militar británico que contribuyó de manera sobresaliente en la guerra de independencia de Argentina, Chile y Perú. Nació el 12 de diciembre de 1795 en Winghan, condado de Kent en Inglaterra. Ingresó al ejército de su patria y en agosto de 1811 desembarcó en Lisboa como parte de las tropas que la corona británica enviaba a la península ibérica para combatir, junto a portugueses y españoles, a los ejércitos de Napoleón. El entonces joven oficial Miller combatió en los sitios de Ciudad Rodrigo, Badajoz y San Sebastián, tomando también parte en la decisiva batalla de Vitoria donde el general Wellington logró expulsar definitivamente a las tropas francesas de España. Posteriormente actuó en la Guerra anglo-estadounidense de 1812. Tras viajar por Sevilla, Cádiz y Gibraltar, se embarcó en este último puerto para el nuevo mundo. En 1817, como muchos de sus compatriotas, Miller emigró hacia América del Sur en busca de gloria y fama. Llegó a Argentina, donde inmediatamente se enroló en las huestes patriotas. Con el grado de capitán de Artillería atravesó la cordillera con el Ejército Libertador de los Andes, el cual lograría la independencia de Chile. En 1818, con la invasión de reconquista de Mariano Osorio, las fuerzas del Ejército de Chile y del Ejército Libertador de los Andes fueron atacadas por sorpresa en Cancha Rayada, donde el Coronel Miller se batió heroicamente contra las tropas realistas. Esto le valió su ascenso a Sargento Mayor y el nombramiento de edecán del General San Martín, con quien mantendría una larga amistad por el resto de su vida. Su brillante desempeño militar, y la escasez de marinos que vivía la recientemente creada Armada de Chile, le valió ser destinado al puerto de Valparaíso donde se le confirió el mando de la fragata Lautaro. Luego se lo designó comandante de las tropas de infantería de marina y artillería de mar, que tenían el objetivo de proteger a la nueva escuadra que formó Chile para asegurar las costas del Océano Pacífico. Cuando el gobierno del Director Supremo, don Bernardo O’Higgins contrató al Almirante escocés Lord Thomas Alexander Cochrane para que se hiciera cargo del mando de la escuadra nacional, Miller fue nombrado jefe de las fuerzas de artillería y de la Infantería de marina. Como tal, tuvo una actuación sobresaliente al mando de las tropas que lucharon contra los realistas en la Toma de Valdivia. Pocos días después fue herido en una escaramuza a la entrada del Fuerte Agüi durante el intento fallido de anexión de Chiloé (Combate de Agüi). Cuando los aliados por la independencia (Argentina y Chile) organizaron la Expedición Libertadora del Perú, Guillermo Miller integró las filas del ejército expedicionario. Durante este periodo, el almirante Miller, enarboló en la ciudad de Tacna una bandera con la que buscó reunir a los peruanos independientes. Era una bandera azul marino con un sol dorado (tal vez el Inti) en su interior. Algunos autores consideran a esta enseña como la primera bandera del Perú aunque hay una controversia al respecto. Una vez que San Martín se retiró del Perú, el general Miller siguió formando parte del ejército unido libertador participando en diversas campañas de la guerra. En 1824 fue nombrado general en jefe de la caballería independentista. Así combatió en las batallas de Junín y Ayacucho. Su notable desempeño durante la guerra le valió ser ascendido al grado de Mariscal del Ejército del Perú. En 1821 había participado de la creación del regimiento de caballería Húsares de la Legión Peruana, los que, como consecuencia de haber intervenido heroica y decisivamente en la Batalla de Junín, fueron renombrados como Húsares de Junín. Ese regimiento constituye actualmente la Guardia del Palacio de Gobierno del Perú. Tras la capitulación de Ayacucho fue nombrado gobernador de Potosí pero en 1825 viajó de regreso a Inglaterra para reponer su maltrecha salud luego de casi 10 años de lucha continua contra el Imperio español. En 1828 por intermedio de su hermano John, Miller publicó en Londres su obra Memorias del General Miller, al servicio de la República del Perú, publicación que tuvo gran acogida en las principales editoriales inglesas. Regresó al Perú en 1831 para cumplir diversas responsabilidades militares y diplomáticas. En 1835 se vio envuelto en la guerra entre Andrés de Santa Cruz y Felipe Santiago Salaverry apoyando al primero en su proyecto confederacionista pero tras la derrota y fusilamiento de Salaverry, por quien Miller había intercedido para que le fuera perdonada la vida, se exilió del escenario político y militar no tomando parte de la guerra entre la Confederación Perú-Boliviana con Chile, la Confederación Argentina y los restauradores peruanos. Por motivo de haber apoyado a Santa Cruz fue dado de baja y borrado del escalafón militar por las nuevas autoridades peruanas cuando la Confederación fue derrotada. Pasó varios años como cónsul británico en Hawai hasta que pasadas las pasiones de la guerra el gobierno peruano le devolvió su título de Gran Mariscal. Transcurrió sus últimos años en Perú, hasta que sintiendo la proximidad de su muerte solicitó ser llevado a un buque británico que se encontraba frente al Callao donde falleció poco después a la edad de 66 años. Después de su muerte se descubrió que todavía tenía alojadas en su hígado dos balas, recuerdo de las más de veinte heridas que había recibido en tantas batallas. Sus restos fueron transferidos al Panteón de los Próceres, en el Cementerio Presbítero Matías Maestro de Lima, donde todavía descansa. Fuente: Wikipedia.com.

Monteagudo Cáceres, Bernardo José de. (Tucumán, 20 de agosto de 1789 – Lima, 28 de enero de 1825) Abogado, político, periodista, militar y revolucionario argentino, que tuvo actuación destacada en los procesos independentistas en el Alto Perú, Buenos Aires, Chile y Perú. Fue brazo ejecutor de los libertadores José de San Martín, Bernardo O’Higgins y Simón Bolívar, y se ubicó en el ala más radicalizada de la revolución independentista hispanoamericana, practicando (como los otros “jacobinos argentinos”: Mariano Moreno y Juan José Castelli) políticas revolucionarias consideradas violentas. Fue uno de los precursores de la independencia de las colonias españolas en América y, con 19 años, uno de los líderes de la Revolución de Chuquisaca del 25 de mayo de 1809, de la que fue el redactor de su proclama. Vinculado al revolucionario porteño Juan José Castelli, adhirió al sector más radical del movimiento independentista. En 1811, fue autor del primer proyecto de constitución para las poblaciones que luego constituirían Argentina, Bolivia y Uruguay. En 1812 reorganizó la Sociedad Patriótica del partido morenista, con cuyos miembros ingresó a la Logia Lautaro. Influyó en el Segundo Triunvirato, la Asamblea del Año XIII, de la que fue miembro, y el gobierno del director supremo Carlos María de Alvear. Acompañó a José de San Martín como auditor del Ejército de los Andes y redactó el Acta de la Independencia de Chile que firmó Bernardo O’Higgins en 1818. En Perú, fue ministro de Guerra y Marina y, posteriormente, también ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores de San Martín, durante el primer gobierno independiente de ese país. Luego del retiro de San Martín, integró el grupo de confianza del libertador Simón Bolívar. Para entonces había desarrollado una visión americanista de la revolución, que lo llevó a proponer y diseñar la organización de una gran nación hispanoamericana. El sueño de Monteagudo entusiasmó y se confundió con el proyecto de Bolivar, quien le encargó organizar el Congreso Anfictiónico de Panamá para establecer una confederación hispanoamericana. Algunos historiadores sostienen que la muerte de Monteagudo influyó negativamente en la concreción de la confederación hispanoamericana, contribuyendo a su fracaso. Fundó y dirigió periódicos independentistas en tres países, como la Gaceta de Buenos Aires, Mártir o Libre y El Grito del Sud, en Argentina; El Censor de la Revolución en Chile, y El Pacificador en el Perú. Monteagudo murió a la edad de 35 años, en Lima, asesinado en circunstancias que son motivo de debate historiográfico. Su figura ha sido y sigue siendo objeto de fuertes controversias política e historiográficas. En algunos casos se elogia su pasión, su compromiso con la causa de la independencia y su determinación para tomar decisiones drásticas en momentos revolucionarios. En otros casos se lo cuestiona, sobre todo por las ejecuciones y asesinatos con los que se lo ha involucrado, así como por la política de persecución y expulsión de los españoles peninsulares. Bernardo de Monteagudo nació en Tucumán, siendo su padre el español Miguel Monteagudo y su madre la tucumana Catalina Cáceres. Otras versiones afirman que su madre era esclava de un canónigo, y que más tarde casó con un soldado de origen español que puso una pulpería con el que pagó la carrera de abogacía de su hijastro. Ya de adulto, sus enemigos políticos buscaron discriminarlo utilizando los criterios establecidos en las colonias españolas por los Estatutos de limpieza de sangre, sosteniendo que su madre descendía de indígenas o esclavos africanos y aplicándole los insultos racistas de zambo o mulato. Fue el único sobreviviente de once hijos y pasó su infancia en una relativa escasez económica: al morir, luego de gastar su fortuna en ayudar a su hijo, su padre era propietario de una pulpería y una esclava. Cursó estudios de abogacía en Córdoba. Recomendado por un sacerdote amigo de su padre, ingresó a la Universidad de Chuquisaca, donde se graduó en leyes en el año 1808, y comenzó a ejercer como defensor de pobres. Ese mismo año, al conocerse la invasión francesa de España, Monteagudo escribió una obra titulada Diálogo entre Atahualpa y Fernando VII. En la misma Monteagudo recrea un imaginario diálogo entre Atahualpa, último monarca del Imperio incaico asesinado por los invasores españoles, y Fernando VII, desplazado de la Corona española por los invasores franceses. En esa obra Monteagudo, con apenas 18 años, formuló el famoso silogismo de Chuquisaca: ¿Debe seguirse la suerte de España o resistir en América? Las Indias son un dominio personal del rey de España; el rey está impedido de reinar; luego las Indias deben gobernarse a sí mismas. El escrito de Monteagudo circuló de manera clandestina y fue uno de los que inspiraron las sublevaciones independentistas de Chuquisaca, La Paz y Buenos Aires. El 25 de mayo de 1809 estalló la Revolución de Chuquisaca, una de las primeras sublevaciones contra la autoridad española en América. Monteagudo fue el redactor de la proclama: Hasta aquí hemos tolerado esta especie de destierro en el seno mismo de nuestra patria, hemos visto con indiferencia por más de tres siglos inmolada nuestra primitiva libertad al despotismo y tiranía de un usurpador injusto que degradándonos de la especie humana nos ha perpetuado por salvajes y mirados como esclavos. Hemos guardado un silencio bastante análogo a la estupidez que se nos atribuye por el inculto español, sufriendo con tranquilidad que el mérito de los americanos haya sido siempre un presagio cierto de su humillación y ruina. Se incorporó como teniente de artillería del ejército revolucionario, dirigido por Juan Antonio Álvarez de Arenales. Cuando las fuerzas realistas recuperaron el control del Alto Perú, Monteagudo fue encarcelado junto a los demás líderes independentistas, acusado del abominable delito de deslealtad a la causa del rey. A fines de 1809, luego de fugarse de la cárcel de Chuquisaca, se dirigió a Potosí y se incorporó como auditor al Ejército del Norte que, al mando de Juan José Castelli, había tomado esa ciudad luego de la batalla de Suipacha. Monteagudo estrechó lazos con Castelli, quien integraba el ala radical de la Revolución de Mayo de Buenos Aires, liderada por Mariano Moreno y enfrentada a la corriente conservadora liderada por el presidente de la Primera Junta de Buenos Aires, Cornelio Saavedra. Monteagudo apoyó irrestrictamente las medidas radicales adoptadas por Castelli en el Alto Perú, que incluían la abolición de los tributos a los indígenas, la eliminación de la Inquisición y la supresión de los títulos de nobleza y los instrumentos de tortura. También apoyó la decisión de Castelli de ejecutar a los militares realistas que lideraron la represión de los movimientos independentistas, Francisco de Paula Sanz, Vicente Nieto y José de Córdoba, atribuyéndoles la responsabilidad por las masacres de Chuquisaca y La Paz. Monteagudo apoyó también la política ordenada por Mariano Moreno de vigilar, restringir y desplazar a los españoles sospechosos de apoyar a los realistas; esa política se manifestó en ese momento, en la decisión de Castelli de desplazar de Potosí hacia Salta a 56 españoles sospechosos de no apoyar la independencia. Finalmente, Monteagudo compartía una actitud hostil hacia la Iglesia Católica, debido a su postura contraria a la independencia, que Castelli hizo manifiesta en el Alto Perú, y que resultó un importante factor de disgusto por parte de la población. Luego de la batalla de Huaqui, que terminó con la victoria de las tropas realistas al mando del General José Manuel de Goyeneche, Monteagudo se dirigió a Buenos Aires. Llegó en 1811, luego de la muerte de Mariano Moreno (sospechada de ser un asesinato ordenado por Cornelio Saavedra) y de la Revolución del 5 y 6 de abril de 1811, que desplazó del gobierno al ala radical de la Revolución de Mayo, afianzando el poder del ala conservadora liderada por Saavedra. Asumió la defensa de varios de los acusados, incluido Castelli, en el juicio para buscar responsables por la derrota de Huaqui. Fue editor de La Gaceta de Buenos Aires, alternándose con Vicente Pazos Silva, quien pronto pasó a ser su enemigo y lo acusó de sacrílego profanador. Influyó en la redacción del Estatuto Provisional por el que se debía regir el gobierno hasta la reunión de la Asamblea General Constituyente, la primera norma de tipo constitucional dictada en el ámbito de lo que luego pasarían a ser las naciones de Argentina, Bolivia y Uruguay. Defendió la política morenista de mantener una acción permanente de vigilancia y sospecha sobre los españoles peninsulares. En 1812, durante el gobierno del Primer Triunvirato, apoyó la denuncia y la investigación del ministro Bernardino Rivadavia sobre una conspiración contra el gobierno encabezada por el comerciante y ex cabildante español Martín de Álzaga. Monteagudo fue nombrado por Rivadavia como fiscal del proceso sumario seguido contra los acusados, realizado en dos días y sin que se permitiera a los acusados defenderse, como fue la regla en ambos bandos durante la guerra de independencia. El juicio terminó con el ahorcamiento en la Plaza de Mayo (en ese entonces Plaza de la Victoria) de 41 acusados, incluido Álzaga, causando una gran conmoción ante la ejecución de un hombre rico e influyente. Las ejecuciones desorganizaron al grupo españolista que venía actuando desde antes de la revolución y que se oponía al grupo americanista que tomó el poder en 1810. En 1812 fundó el periódico Mártir o Libre, donde acentuaba la necesidad de una inmediata proclamación de la independencia. Intentaría reflotar la Sociedad Patriótica, y con los que habían sido sus miembros se unió a la Logia Lautaro, fundada por San Martín y Alvear. Apoyó la revolución de octubre de 1812, que depuso al Primer Triunvirato y colocó en su lugar al Segundo Triunvirato, dominado por la logia. Integró la Asamblea del Año XIII como representante de Mendoza, y fue uno de los impulsores de medidas de tipo constituyente, como la adopción de símbolos nacionales, la abolición de la mita y la servidumbre indígena, la libertad de vientres y la supresión de los títulos de nobleza y los instrumentos de tortura. En 1814 apoyó al director supremo Carlos María de Alvear, uno de los líderes de la Logia Lautaro. A su caída en 1815, fue encarcelado en una cárcel flotante en el Río de la Plata, de donde escapó. Pasó dos años en Europa, donde cambió su orientación política y se hizo partidario de las monarquías constitucionales. Protegido por Antonio González Balcarce, se le permitió regresar, aunque no a Buenos Aires, sino a Mendoza. En 1817, pocos días después de la batalla de Chacabuco, cruzó la Cordillera de los Andes y se puso a las órdenes de San Martín como auditor del Ejército de los Andes. En enero de 1818 redactó la Proclamación de la Independencia de Chile (la autoría se encuentra disputada con Miguel Zañartu), y se hizo confidente y consejero del director Bernardo O’Higgins, también miembro de la Logia Lautaro. En el desbande generado por la sorpresa de Cancha Rayada, regresó a Mendoza con el fin de reorganizar las fuerzas, pero una vez allí se enteró de que el Ejército de los Andes se había reorganizado, y que San Martín y O’Higgins seguían vivos. Luego de la victoria patriota en la Batalla de Maipú, estuvo involucrado en la ejecución sumaria de los hermanos Juan José y Luis Carrera, y probablemente también en el asesinato de Manuel Rodríguez, luego de ser detenido por O’Higgins. Los Carreras y Rodríguez integraban una corriente independentista frontalmente opuesta a San Martín y O’Higgins. La actuación de Monteagudo al convalidar la pena de muerte contra los hermanos Carreras, lo enfrentó a San Martín y a la Logia Lautaro. Como consecuencia de ello, San Martín ordenó su confinamiento en libertad en San Luis. Durante su permanencia en San Luis, Monteagudo presionó al gobernador Dupuy para que agravara las condiciones de reclusión a las que estaban sometidos un grupo de realistas prisioneros. También allí se enamoró de Margarita Pringles, hermana del teniente Juan Pascual Pringles, comandante de las tropas patriotas allí apostadas. Sin embargo la joven rechazaría los halagos de Monteagudo, ya que se hallaba a su vez enamorada de uno de los realistas prisioneros, el brigadier José Ordóñez. En esas condiciones se produjo un enfrentamiento entre los prisioneros realistas y las tropas patriotas que los custodiaban. El hecho se inició cuando una delegación de oficiales españoles detenidos pidió ver al gobernador Vicente Dupuy. Durante la reunión, el capitán Gregorio Carretero atacó al gobernador con un puñal, con el fin de matarlo, mientras que otros españoles asesinaron a su ayudante. Inmediatamente los prisioneros buscaron tomar la Casa de Gobierno hiriendo y matando a todos los que se oponen a su voluntad. Las tropas patriotas al mando de Pringles, secundado por el riojano Facundo Quiroga, atacaron la casa de gobierno con el fin de recuperarla, y luego de una encarnizada y sangrienta batalla se puso fin al motín. Al momento del enfrentamiento, el gobernador Dupuy mandó a degollar de inmediato a 31 prisioneros españoles. El motín estuvo cuidadosamente planeado y uno de sus objetivos era ase¬sinar al odiado Monteagudo y luego proveerse de armas, de caballos y de vituallas, para cruzar la cordillera y sumarse nuevamente al ejército realista. Al día siguiente, Monteagudo fue designado fiscal en el juicio que se siguió a los realistas sobrevivientes, obteniendo la ejecución de 8 de ellos. Concluído su confinamiento, a comienzos de 1820 retornó a Santiago de Chile donde fundó el periódico El Censor de la Revolución y colaboró en preparar la expedición libertadora al Perú. En 1821 Monteagudo se embarcó con la expedición libertadora al mando de San Martín como auditor del ejército argentino en Perú, en reemplazo al recientemente fallecido Antonio Álvarez Jonte. Su primer éxito fue convencer al gobernador de Trujillo de pasarse a los patriotas: era el marqués de Torre Tagle, futuro primer presidente (con el título de Supremo Delegado) del Perú. El 28 de julio de 1821 San Martín proclamó desde Lima la independencia del Perú, para asumir como Protector Supremo el 3 de agosto. Monteagudo se convirtió en su mano derecha en el gobierno, asumiendo como Ministro de Guerra y Marina y más tarde, haciéndose cargo también del Ministerio de Gobierno y Relaciones Exteriores. Mientras que San Martín se concentró en los aspectos militares dando prioridad a la guerra, Monteagudo quedó de hecho a cargo del gobierno del Perú. Sus principales medidas de gobierno fueron la libertad de vientres y la abolición de la mita, la expulsión del arzobispo de Lima, la creación de una escuela normal para la formación de maestros y la Biblioteca Nacional del Perú. En Perú, Monteagudo apoyó la opinión de San Martín favorable a instalar una monarquía constitucional en ese país, a la vez que influyó fuertemente en las mismas y en su propagandización, sobre todo a través de la Sociedad Patriótica de Lima, que fundara en 1822. Ambos compartían la idea de que sólo una monarquía constitucional democrática podría evitar la anarquía y las guerras civiles. Por otra parte, Monteagudo pensaba que la tarea prioritaria era declarar y afianzar la independencia, y que las libertades políticas debían ser establecidas gradualmente. Esta línea estratégica de Monteagudo, se expresó en la decisión de San Martín de no sancionar de inmediato una constitución, postergando la tarea para el momento en que la independencia estuviera asegurada, dictando en cambio el Reglamento del 12 de febrero 1821 y luego el Estatuto Provisional del 8 de octubre de 1821. Por orden de San Martín, Monteagudo creó la Orden del Sol, con el fin de distinguir a los patriotas que habían contribuído a lograr la independencia del Perú, siendo hereditaria esa distinción y las ventajas que la misma implicaba. La Orden del Sol fue una institución muy polémica, de tipo aristocratizante. El propio Monteagudo reconoce en sus Memorias que tenía el fin de restringir las ideas democráticas. Las ideas monárquicas de Monteagudo fueron muy impopulares en Perú y constituyeron el eje de la oposición que finalmente provocó su caída al partir San Martín. La Orden del Sol fue anulada en 1825, pero volvió a ser establecida en 1921 con el nombre Orden El Sol del Perú, persistiendo hasta la actualidad. Entre diciembre de 1821 y febrero de 1822, Monteagudo dictó una serie de resoluciones destinadas a desterrar, confiscar parte de sus bienes y prohibir el ejercicio del comercio a los españoles peninsulares que no se hubiesen bautizado. No existen investigaciones acerca de cuántos partidarios del rey salieron del Perú a causa de los graves episodios de su independencia, así como del cambio político en sí que no quisieron reconocer; cálculos muy personales apuntan entre diez y doce mil. Ricardo Palma, en su estudio histórico sobre Monteagudo, estima en 4.000 la cantidad de españoles expulsados del Perú por decisión suya. El 19 de enero de 1821 San Martín dejó Lima para entrevistarse con Bolívar en Guayaquil, dejando a cargo del poder, con el título de Supremo Delegado a José Bernardo de Tagle. La ausencia de San Martín debilitó a Monteagudo. El 25 de julio de 1822 un grupo de influyentes vecinos de Lima le entregaron a Tagle un manifiesto exigiendo la renuncia de Monteagudo. Tagle aceptó la exigencia y decretó la cesantía de Monteagudo. Inmediatamente después, el Congreso dispuso su destierro a Panamá, bajo pena de muerte en caso de regresar. El 28 de noviembre de 1821, los vecinos de Panamá proclamaron en un cabildo abierto la independencia del Istmo de Panamá de la corona española y su decisión de formar parte de la Gran Colombia. Pocos meses después de ese acontecimiento llegó Monteagudo. Tagle le había encomendado su suerte al gobernador patriota José María Carreño, quien a su vez lo puso bajo custodia del teniente coronel Francisco Burdett O’Connor, por entonces jefe de Estado mayor de Panamá, con quien estableció una relación de amistad. Desde Panamá Monteagudo comenzó a escribirle al libertador Simón Bolivar, quien finalmente lo invitó a unírsele en el actual Ecuador. El encuentro entre Bolivar y Monteagudo se produjo finalmente en Ibarra (Ecuador), poco después de la encarnizada Batalla de Ibarra del 10 de julio de 1823, que liberó el norte del actual Ecuador. Bolivar quedó gratamente impresionado con Monteagudo, especialmente por su capacidad de trabajo, y le encomendó viajar a México con el fin de obtener fondos. El viaje fue finalmente suspendido, toda vez que en Bogotá ya legal y oficialmente había sido elegido otro representante para dicha tarea, además de que Bolívar no tenía las atribuciones para ello, por cuanto el poder ejecutivo había sido encargado a Francisco de Paula Santander y el Libertador sólo poseía facultades militares. En carta del 6 de septiembre de 1823, Santander, el llamado Arquitecto de la República, le hizo ver su extralimitación: Permita usted que le declare que no ha parecido bien la misión de Monteagudo, porque damos la idea de que en Colombia hay dos gobiernos y esas cosas las reparan mucho en Europa, donde no atienden sino la regularidad de nuestra marcha política. El gobierno de Méjico se verá embarazado con dos ministros acreditados por dos distintas autoridades, que no reconoce la constitución. Ha hecho impresión ver a Sucre llamarse comisionado del gobierno de Colombia, cuando no es, ni llamando a la constitución gobierno sino al que despacha el poder ejecutivo, que bien puede ser el presidente del senado. Yo, por mi parte, digo: que cuanto usted haga es bueno; pero mi opinión no es la de la República, ni puedo con una mano deshacer lo que con la otra se trata de edificar. Si Monteagudo llevó carácter de ministro extraordinario, se podría exponer a no ser admitido, porque los ministros son nombrados no por el presidente de la República sino por el poder ejecutivo. Espero que usted no reconozca en esta franca exposición sino mis deseos de que las cosas marchen con la regulariad que usted proclama y todos queremos seguir. Mi deferencia por lo que usted propone y hace es notoria y usted ha recibido pruebas incontrastables. Monteagudo entonces decidió viajar a las Provincias Unidas del Centro de América, que por entonces agrupaba a todos los actuales países centroamericanos (Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica) y Chiapas, con excepción de Panamá. En la ciudad de Guatemala, Monteagudo se relacionó con José Cecilio del Valle, presidente de las Provincias Unidas del Centro de América, con quien compartía una visión americanista del proceso de independencia y que había lanzado la idea de organizar un Congreso continental que tratara los problemas comunes de las naciones independizadas de España y estableciera las bases de un nuevo derecho internacional americano. No obstante la vigencia de la resolución legislativa que ordenaba su proscripción, Monteagudo retornó a Perú ingresando por Trujillo y acompañó a Bolívar con el grado de coronel en la campaña final de la guerra de la independencia del Perú. Estuvo con Bolívar en su entrada en Lima, después de la victoria en la batalla de Ayacucho del 9 de diciembre de 1824. Monteagudo estaba convencido de que toda la América Hispana debía ser una sola nación. Su visión entusiasmó a Simón Bolívar al punto tal que la unidad hispanoamericana quedó identificada como el sueño bolivariano. Bolívar impulsó a Monteagudo a diseñar las bases para concretar esa visión y fue, precisamente en este período, que Monteagudo escribió -aunque no pudo concluirla a causa de su muerte- la que se considera su obra más destacada, el Ensayo sobre la necesidad de una federación general entre los estados hispano-americanos y plan de su organización. Pocos meses después de la muerte de Monteagudo, Bolívar convocó al Congreso de Panamá que finalmente logró reunirse en 1826 y aprobó la creación de una sola gran nación hispanoamericana, con excepción de Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay. Sin embargo los tratados nunca fueron ratificados por los países hispanoamericanos, excepto por la Gran Colombia, y la federación hispanoamericana nunca llegó a constituirse. Algunos historiadores han sostenido que la muerte de Monteagudo afectó seriamente la concreción del proyecto. El historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna ha dicho que: Un hombre grande y terrible concibió la colosal tentativa de la alianza entre las Repúblicas recién nacidas, y era el único capaz de encaminarla a su arduo fin. Monteagudo fue ese hombre. Muerto él, la idea de la Confederación Americana que había brotado en su poderoso cerebro se desvirtuó por sí sola. En sentido coincidente, el mexicano José María Tornel ha dicho: Se ha atribuido al Libertador de Colombia, Simón Bolívar, la gloria de haber concebido el importante designio de reunir un congreso de las Naciones Americanas, a semejanza de todas las Confederaciones, tan célebres en la historia de los antiguos griegos. Más la imparcialidad exige que se refiera que el primero en recomendar el proyecto verdaderamente grandioso, fue el Coronel Monteagudo, de temple muy fuerte de alma y compañero de Campañas del General San Martín, en sus memorables de Chile y el Perú. Bernardo de Monteagudo murió asesinado en Lima el 28 de enero de 1825, a los 35 años. El crimen se produjo entre las 19:30 y las 20:00, en la Plazoleta de la Micheo, ubicada en el extremo norte de la entonces calle Belén, décima cuadra del actual Jirón de la Unión, una de las calles principales de la Lima de entonces, frente al ala sur del ya demolido hospital y convento de San Juan de Dios. La plazoleta y la vereda en la que expiró ya no existen, pero el punto exacto de su muerte se ubica frente a la esquina sudeste de Plaza San Martín, en el punto donde actualmente convergen el pasaje Quilca, la avenida Colmena y el Jirón de la Unión, frente al Edificio Giacoletti y el Teatro Colón. Monteagudo venía de su casa, ubicada en la calle Santo Domingo (actual segunda cuadra del Jirón Conde de Superunda) y se dirigía a la casa de Juana Salguero. El cuerpo permaneció en el lugar del hecho, como una hora, sin que nadie se atreviera a acercarse, hasta que los curas del convento lo levantaron y lo colocaron en una las celdas. En ese mismo lugar, en terrenos que actualmente ocupa la Plaza San Martín, fue finalmente enterrado. El cadáver fue encontrado boca abajo, con las manos aferradas a un enorme puñal que tenía clavado en el pecho. El certificado de defunción precisa: Que la herida había sido con un instrumento cortante y que le atravesó el corazón entrándole el arma sobre la tetilla izquierda, dejándole una abertura de pulgada y media y cinco o seis dedos de profundidad (Ramón Castro, cirujano que revisó el cuerpo). Esa misma noche, Bolívar fue personalmente al convento de San Juan de Dios, ni bien se enteró del magnicidio, y exclamó: ¡Monteagudo! ¡Monteagudo! Serás vengado. La vida de Montegudo había estado en peligro desde el mismo momento en que volvió a Lima. El ministro Sánchez Carrión, uno de los principales sospechosos de haber sido el autor intelectual del crimen, había llegado a realizar un llamamiento público para que cualquier habitante matara a Monteagudo si volvía a Perú, garantizándole la impunidad. En una carta a Santander, Bolívar le contaba sobre Monteagudo: Es aborrecido en el Perú por haber pretendido una Monarquía Constitucional, por su adhesión a San Martín, por sus reformas precipitadas y por su tono altanero cuando mandaba; esta circunstancia lo hace muy temible a los ojos de los actuales corifeos del Perú, los que me han rogado por dios que lo aleje de sus playas, porque le tienen un terror pánico. Añadiré francamente que Monteagudo conmigo puede ser un hombre infinitamente útil. Uno de sus biógrafos, Pacho O’Donell, ha puesto de manifiesto la conciencia que Monteagudo tenía del riesgo que corría al volver a Perú con Bolívar: Era un condenado a muerte y él lo sabía. Pero estaba decidido a enfrentar su destino trágico sin subvertir su esencial condición de revolucionario a ultranza. Y la revolución americana se jugaba, en esos momentos, en la proximidad de Simón Bolívar. El magnicidio conmovió a la sociedad peruana y Bolívar tomó cartas en el asunto esa misma noche, prohibiendo a los vecinos del lugar salir de sus casas, cerrando las oficinas públicas y ordenando poner todos los recursos necesarios a disposición de la investigación. La principal pista era el cuchillo, que se encontraba recién afilado, por lo que desde el nivel más alto del gobierno se ordenó que fueran citados todos los barberos de Lima para ver si alguno de ellos reconocía el arma homicida. Los barberos se presentaron el día 29 de enero y uno de ellos reconoció haber afilado el cuchillo a un hombre negro que parecía cargador o aguador, por lo que el gobierno ordenó que en las siguientes 24 horas debían presentarse a ser reconocidos todos los criados de casas y gente de color. Al día siguiente, domingo 30 de enero, un sereno de barrio, Casimiro Granados, declaró que en los días anteriores, el moreno Candelario Espinosa había estado tres veces en la pulpería de Alfonso Dulce ubicada en la calle de Gremios (cuarta cuadra del Jirón Callao). El sereno relató que Espinosa había ido a la pulpería, a eso de las 7 de la tarde del mismo día del crimen, acompañado por un zambo cocinero de la casa de Francisco Moreira donde pidió fiado media bota de aguardiente, y que como el pulpero se lo negó, lo amenazó enseñándole un cuchillo y una pistola, y gritando que él tendría plata para toros. Ese mismo domingo por la mañana, Espinosa había vuelto a la pulpería para pedir que le tuvieran la pistola mientras él iba a presentarse a los investigadores, tal como había ordenado el gobierno. Finalmente, cuando le enseñaron el arma homicida, el sereno reconoció que era el mismo cuchillo que tenía Espinosa. El mismo domingo 30 de enero fueron detenidos Candelario Espinosa, y Ramón Morerira. Ambos confesaron desde un inicio su culpabilidad en el crimen y fueron finalmente sentenciados a muerte, en el caso de Espinosa y a 10 años de prisión, en el caso de Moreira, condenados en definitiva por la Corte Suprema integrada por Fernando López Aldana, José de Armas y Manuel Villanueva. El fallo también declaró inocentes a Franciso Moreira y Matute -propietario del esclavo Ramón Moreira-, Francisco Colmenares y José Pérez, quienes habían sido denunciados como autores intelectuales por Ramón Moreira. Sin embargo las penas no se cumplirían, debido a una decisión privada de Bolívar luego de entrevistarse en privado con el asesino. El 4 de marzo de 1826, en su único acto en el que hizo uso de sus funciones de dictador, Bolívar conmutó la pena de muerte a Espinosa, por otra de 10 años de prisión, y la de Moreira a 6 años, ambos siendo enviados al presidio de Chagres. No hay dudas de que los autores materiales del crimen fueron Candelario Espinosa y Ramón Moreira. Ambos fueron reconocidos por varios testigos, confesaron su responsabilidad y dieron detalles de los hechos. Todos los historiadores están de acuerdo en este aspecto. Candelario Espinosa, tenía 19 años, había sido soldado del ejército realista y luego del triunfo patriota se había dedicado al oficio de aserrador. Ramón Morerira, era esclavo y cocinero de Francisco Moreira y Matute, uno de los fundadores de la Sociedad Patriótica de Lima, junto a Monteagudo. El fallo también condenó a José Mercedes Mendoza, considerando que su pena se hallaba cumplida con la prisión que padeció hasta la sentencia. La cuestión de los autores intelectuales del crimen de Monteagudo ha permanecido rodeada de misterios y contradicciones, a la vez que ha sido objeto de debates historiográficos y relatos literarios. Inicialmente, Candelario Espinosa aseguró, incluso bajo tortura, que nadie le había encargado matar a Monteagudo y que su único móvil fue el robo. Sin embargo esa declaración se contradice frontalmente con el hecho de que Monteagudo no fue robado, pese a llevar consigo un prendedor de oro y diamantes, un reloj de oro y dinero. Pero más adelante, Espinosa cambió su declaración, e involucró como autores materiales a Francisco Moreira y Matute, José Francisco Colmenares y José Pérez, volviéndose a desdecir antes del fallo. Francisco Moreira y Matute, era el propietario del cómplice de Espinosa en el crimen, y había sido miembro de la Liga Patriótica de Lima, liderada por Monteagudo. José Francisco Colmenares era uno de los miembros de la logia secreta republicana, liderada por Sánchez Carrión, que había causado el derrocamiento de Monteagudo en 1822 y llamado al pueblo a asesinarlo si volvía al Perú. José Pérez era un guayaquileño, portero del Cabildo y panadero, que tenía un puñal idéntico al que se usó para matar a Monteagudo. Las pruebas del juicio, sin embargo, probaron que Moreira, Colmenares y Pérez no habían estado involucrados en el asesinato y fueron finalmente absueltos. Formalmente, entonces, la sentencia no condena ni identifica a ningún autor intelectual del asesinato. Desde el inicio mismo de la investigación, Candelario Espinosa fue tentado a confesar la autoría intelectual con la promesa de que le sería conmutada la pena de muerte. Espinosa sin embargo sostuvo primero que su intención solo había sido el robo, luego que el crimen había sido encargado por Moreira y Colmenares, para finalmente desdecirse e insistir con el móvil del robo. Estas declaraciones se produjeron en un contexto de amenazas y torturas. En esa situación el reo ofreció decir la verdad sobre los autores intelectuales, pero sólo a Simón Bolivar, personalmente y a solas. Efectivamente esa reunión se produjo el 23 de abril de 1825 y nunca se informó oficialmente lo que en ella sucedió. Con posterioridad, Bolivar ordenó que los reos Espinosa y Moreira fueran trasladados a Colombia, en tanto que la pena de muerte dictada sobre el primero nunca se ejecutó. La hipótesis de que el ministro José Sánchez Carrión haya sido el autor intelectual del asesinato de Monteagudo se ha consolidado como una de las más probables, a raíz de la declaración del general Tomás Mosquera, presidente de Colombia, quien en ese entonces se desempeñaba como Jefe de Estado Mayor de Bolivar. Muchos años después de los hechos, Mosquera relató lo que había pasado en la reunión entre Bolivar y Espinosa y la suerte de los hechos que se siguieron luego de ella. Mosquera contó que Espinosa confesó que asesinó a Monteagudo por encargo del ministro José Sánchez Carrión, quien le pagó 50 doblones de cuatro pesos en oro por la tarea. Sánchez Carrión era el líder de la logia secreta republicana que había enfrentado las intenciones monárquicas de Monteagudo, organizando su derrocamiento y expulsión de Perú en 1822 y posteriormente publicado un llamamiento a matarlo si volvía al Perú. Mosquera explicó también que, como respuesta, Bolívar mandó a envenenar a Sánchez Carrión, quien murió de una extraña afección, pocos días después, el 2 de junio de 1825. A su vez, el asesino de Sanchez Carrión, también fue asesinado por orden de Bolívar, para evitar toda filtración. Finalmente, Bolívar suspendió la ejecución de Espinosa y ordenó el traslado de los asesinos de Monteagudo a Colombia. Vidaurre, en una comunicación a Bolívar, que aparece en Suplemento a las cartas americanas, escribió: Señor: una mano poderosa movió el puñal de ese asesino; yo lo hubiera descubierto si obrara por mí solo. El negro conducirá el secreto a la eternidad… (Carta de Manuel Lorenzo de Vidaurre a Simón Bolívar). Según San Martín, en una carta a Mariano Alejo Álvarez, escrita en 1833 (y publicada en el Boletín del Museo Bolivariano de Lima en 1930), él se esforzó en preguntar a cuantas personas pudo acerca de este asesinato y recibió versiones contradictoria: los sindicados fueron Sánchez Carrión, los españoles, un coronel celoso de su mujer y hasta Bolívar, sin que faltaran los que dijeran que el hecho se hallaba cubierto por un velo impenetrable. Otros posibles gestores del crimen pudieron haber sido algunos partidarios de los españoles, envalentonados con la noticia de la próxima llegada de una escuadra realista al Callao para auxiliar a José Ramón Rodil y Campillo y obsesionados por su odio al ministro de San Martín que tanto daño les hiciera. En ese sentido declaró, por un momento, el mismo asesino. Simón Bolívar escribió a Santander pocos días después (9 de febrero) acogiendo, en cierta forma, la misma versión: Este suceso debe tener un origen muy profundo o muy alto. Los asesinos están presos y ellos confiesan dos personas que pertenecen a la facción gótica de este país. Yo creo que esto puede tener origen en los intrigantes de la Santa Alianza que nos rodean; porque el objetivo no debía solo ser matar a Monteagudo sino a mí y a otros jefes… (Carta de Simón Bolívar a Santander del 9 de febrero de 1825). También pudo tratarse de una venganza por razones privadas o domésticas. O de un caso de asesinato para robar como creyeron Heres, O’Leary y el coronel Belford Wilson, edecán del Libertador. Monteagudo fue enterrado en el Convento de San Juan de Dios el domingo 30 de enero de 1825, sin dejar fortuna personal. Entre 1848 y 1851 el convento fue demolido y en su lugar se construyó la estación ferroviaria del mismo nombre, la primera del Perú. Actualmente ese terreno está ocupado por la Plaza San Martín. En 1878 se exhumaron sus restos y se dispuso que fueran depositados en un mausoleo. En 1917 los restos de Monteagudo fueron enviados a la Argentina, disponiéndose su ubicación en el Cementerio de la Recoleta de Buenos Aires, en la sección 7; el hecho abrió una disputa entre Argentina, Bolivia y Perú por la nacionalidad de Monteagudo y el derecho de esos países a preservar sus reliquias. En ocasión de la repatriación de los restos de Monteagudo a la Argentina, se dispuso la inauguración de un monumento en su homenaje, que fue esculpido por el artista alemán Gustavo Eberlein y ubicada en la Plazoleta Pringles (Parque Patricios), en el cruce de la Avenida Caseros y la calle Monteagudo, lugar en el que nace, precisamente, la calle que lo recuerda en la Ciudad de Buenos Aires. El rostro de Monteagudo se ha difundido a partir de una imagen falsa. El equívoco fue provocado por el historiador argentino Mariano Pelliza, primer biógrafo de Montegudo. Pelliza publicó en 1880 su libro Monteagudo, su vida y sus escritos, en dos tomos. Pelliza se encontró entonces con el hecho de que no se conocía retrato alguno de Monteagudo, y ello lo impulsó a construir uno. Pelliza había indagado sobre la apariencia del prócer, y había establecido que era parecido al chileno Bernardo Vera y Pintado. Sobre esa base le pidió al dibujante Henri Stein que realizara un retrato supuesto de Monteagudo, tomando como base el rostro de Vera y Pintado, con algunas modificaciones. Ese retrato fue incluido en la primera biografía de Monteagudo y desde entonces se difundió como la imagen real. Décadas después, otro biógrafo argentino de Monteagudo, el tucumano Estratón J. Lizondo, descubrió un retrato auténtico. Se trató de un óleo que había sido muy notable a fines del siglo XIX, realizado por el pintor V.S. Noroña en 1876. Noroña tomó para ello un retrato que Monteagudo se hizo hacer cuando estaba en Panamá. Al publicar su biografía de Monteagudo en 1943, Lizondo incluyó en su libro una fotografía en blanco y negro del cuadro. Luego de 1966 se perdió el rastro al destino del cuadro original. Monteagudo ha sido calificado como monstruo de la crueldad, que dirigió políticas violentas de terror. Como patriota latinoamericano, tomó medidas contra los españoles en Sudamérica. Por ejemplo, el destierro de casi diez mil civiles, en procura de dar mayor estabilidad política al naciente proyecto independentista. Lafond o Stevenson lo describen como un sujeto sanguinario. Se lo relaciona con diversos hechos de sangre, como la masacre de prisioneros españoles en San Luis, o como el asesinato del independentista chileno Manuel Rodríguez o la muerte de José Miguel Carrera. La figura de Monteagudo ha sido y sigue siendo objeto de controversias políticas e historiográficas. En algunos casos se elogia su pasión, su compromiso con la causa de la independencia y su determinación para tomar decisiones drásticas en momentos revolucionarios. En otros casos se lo cuestiona por las ejecuciones y asesinatos en los que se ha visto involucrado, así como por sus políticas criminales contra los españoles en América. Fuentes: Varias.

Montesinos, Antonio de (OP). Sacerdote español nacido en 1475 y muerto en Venezuela, el 27 de junio de 1540, fue misionero y fraile dominico integrante de la primera comunidad americana a cuya cabeza iba el vicario fray Pedro de Córdoba. Montesinos se distinguió en la denuncia y lucha contra el abuso, explotación y trato inhumano al que sometían los colonizadores a los indígenas en la Isla La Española, tarea que motivó la posterior conversión del notorio Fray Bartolomé de Las Casas. Concluídos los estudios de teología y ya ordenado sacerdote, Fray Antonio de Montesinos fue asignado al Real Convento de Santo Tomás de Ávila (1509), de reciente construcción, en compañía de Fray Pedro de Córdoba, Fray Bernardo de Santo Domingo, Fray Tomás de Fuentes y Fray Domingo Velázquez. En 1510 formó parte del primer grupo de misioneros dominicos que se embarcaron con destino al Nuevo Mundo, luego de obtener la Real Cédula con fecha 11 de febrero de 1509; ella concedía el pase a Indias de 15 religiosos y 3 laicos. Ese primer grupo arribó al puerto de Ozama, Santo Domingo, Isla La Española, en los postreros días de setiembre de 1510. Religioso observante de gran virtud y de sólida y sobresaliente energía, se preocupó por defender con gran valor a los indios. Predicó por encargo de su comunidad religiosa los famosos sermones del 21 y 28 de diciembre de 1511. Regresó a España en 1512 para informar al rey sobre la doctrina que defendían los dominicos en La Española. Trabajó como misionero tanto allí como en la Isla de San Juan (Puerto Rico), donde enfermó gravemente al cabo de la primera expedición de los dominicos a tierra firme (Venezuela) en 1514. Viajó de nuevo a España en 1515, por negocios de la comunidad. En 1521 fundó un convento en San Juan Bautista de la Isleta, junto a otros cuatro religiosos de su Orden, base de la primera universidad de Puerto Rico, fundada en 1532. Le encontró la muerte en Venezuela el 27 de junio de 1540. No se sabe con exactitud cómo murió; en el Libro Antiguo de Profesiones, al margen de la nota de su profesión, está escrita: Obiit martyr in Inddi; y en el mismo convento de San Esteban de Salamanca, a la entrada del refectorio, se halla rotulado como mártir. Fuente: Wikipedia.

Morales, Ernesto. Escritor, historiador y folklorista, nacido y muerto en Buenos Aires (1890-1949). Como escritor, aparte de fundar las revistas literarias Hebe (1918) y Crisol (1920), publicó tres libros de poemas: Serenamente (1918), Diafanidad (1919) y Un pueblecito y su poeta (1921) y dos libros de relatos: Érase una vez (1920) y Cuentos de Coca (1922). Es autor también de varias antologías de poesía argentina y americana del siglo XX. Como historiador y folklorista es autor de una Amplísima obra, destacándose: Sabiduría de los Incas; Leyendas guaraníes; Estudios Incaicos; Las enseñanzas de Pacaric; Sarmiento de Gamboa, navegante español del siglo XVI; Cartas de un porteño y Martirologio de Buenos Aires. Hemos destacado su glosario del Martín Fierro. Fuente: Varias.

Moreno, Francisco Pascasio: Más conocido como El Perito Moreno, nació en Buenos Aires el 31 de mayo de 1852 y falleció en la misma ciudad el 22 de noviembre de 1919. Fue científico, naturalista y explorador. Comenzó instalando con sus hermanos, en 1866, un primer ¨museo¨ en el mirador de su casa; en él exhibía restos hallados en excursiones con su padre. En 1870 la familia Moreno se mudó a una quinta en la calle Caseros 2841, entre las calles Dean Funes y Esteban de Luca, Comuna 4 de Parque Patricios. La quinta abarcaba casi tres cuadras; hoy se ve allí una placa de mármol que recuerda al Perito Moreno y funciona el Instituto Félix Bernasconi. Estimulado por la lectura de libros de viajes, se interesó por la paleontología y la arqueología. En 1871 recogió fósiles en la laguna de Vitel. En 1872 fundó, en colaboración con un grupo de ingenieros, la Sociedad Científica Argentina. En 1872-73 exploró el territorio de Río Negro y, en 1875, llegó al lago Nahuel Huapi, que recorrió para luego internarse en Santa Cruz y alcanzar el lago que bautizó con el nombre de Argentino. En estos primeros viajes patagónicos, efectuando itinerarios por regiones hasta entonces no exploradas, recogió una serie de materiales que iniciarían los estudios americanistas. En 1875 el gobierno de la provincia de Buenos Aires y la Sociedad Científica Argentina le proporcionaron los medios para efectuar un nuevo viaje al sur argentino, con el fin de cruzar Los Andes a través del lago Nahuel Huapi e intentar llegar a Chile por el paso Pérez Rosales haciendo el camino inverso al de Guillermo Cox. El 22 de enero de 1876, con 23 años de edad, se convirtió en el primer hombre blanco en llegar al lago Nahuel Huapi desde el océano Atlántico. En ese recorrido Moreno atravesó la Patagonia, de océano a océano, y cumplió uno de sus mayores anhelos, consistente en ponerse en contacto con las naciones indígenas de la Patagonia y estudiar su enigmático pasado y sus orígenes. Los datos y materiales recogidos en aquella expedición abrieron nuevos horizontes a la antropología sudamericana e impulsaron a varios científicos europeos (como el francés Broca) a tomar a las etnias indígenas de América del Sur como objeto de estudio. A un mismo tiempo, Moreno quedó fuertemente impresionado por el drama de aquellas etnias esclavizadas y despojadas de sus tierras ancestrales. Trató entonces de humanizar las relaciones entre el Estado Argentino y las etnias indígenas exigiendo tierras y escuelas para ellas y protestando contra los métodos que habían sido empleados para civilizarlas. En octubre de 1876 volvió a la Patagonia junto con Carlos Berg en la goleta Santa Cruz al mando del Comandante Luis Piedrabuena. El 15 de febrero de 1877 llegó al lago Argentino, donde hoy se encuentra la ciudad de El Calafate, y descubrió el imponente glaciar que luego fue bautizado en su honor Perito Moreno. El 13 de noviembre de 1877 el gobierno de la Provincia de buenos Aires lo nombró Director del Museo Arqueológico y Antropológico de Buenos Aires, y aceptó la donación que le había efectuado el Perito Moreno de las piezas que conservaba en su museo de Carmen de Patagones, pero resolvió que las piezas debía conservarlas en su poder hasta que el Museo pudiese poner a su disposición un lugar apropiado para exhibirlas. En 1879 exploró la cordillera de Los Andes y donó toda su colección arqueológica, antropológica y paleontológica personal, consistente en más de quince mil ejemplares de piezas óseas y objetos industriales, a la provincia de Buenos Aires, que fundó con ellas el Museo Antropológico y Etnográfico de Buenos Aires. En 1879, al finalizar la Conquista del Desierto y siendo Presidente Nicolás Avellaneda y Ministro del Interior Sarmiento, se lo nombró jefe de la Comisión Exploradora de los Territorios del Sur Argentino, que estudiaría la factibilidad del establecimiento de colonias en la región comprendida por los ríos Negro y Deseado. Moreno pidió como única compensación incorporar a su museo las piezas que él mismo hallase. Entre 1882 y 1884 viajó por el centro del país y recorrió las provincias de Córdoba, San Luis, San Juan y Mendoza, en busca de yacimientos fósiles y de elementos pertenecientes a períodos anteriores a la conquista española. Con la fundación de la ciudad de La Plata, el gobierno provincial decidió trasladar en 1884 el Museo Antropológico y Arqueológico de Buenos Aires a la nueva capital provincial y entonces se le dio el nombre de Museo de Historia Natural de La Plata. Por proveer todo el material para el museo (incluso unos dos mil libros de su biblioteca particular) y por el reconocimiento general a su persona, fue nombrado Director vitalicio del Museo. Moreno mismo dirigió la construcción del edificio y la distribución de sus materiales, de acuerdo con un plan que él había concebido. Sumó a este proyecto a numerosos naturalistas extranjeros que organizaron las secciones de geología y mineralogía, zoología, botánica, antropología, arqueología, etnografía y cartografía. La institución se convirtió rápidamente en un centro de estudios superiores que llamó la atención a los grandes especialistas europeos. Se multiplicaron las colecciones existentes; muchos trabajos publicados desde entonces fueron descifrando viejos enigmas del continente, y debidos a la fundación de Moreno, comenzaron a publicarse los Anales y la Revista del Museo de La Plata. Este Museo llegó a ser en poco tiempo la institución científica más importante del país. El Perito continuó con sus viajes y en 1896 arribó al lago Buenos Aires. Entre 1892 y 1897 comenzó a intervenir en cuestiones limítrofes con Chile y, ante el recrudecimiento del conflicto, aceptó el cargo de Perito Argentino en la negociación, convenciendo a sus pares chilenos de que la mejor solución era la diplomática. En 1897 cruzó la cordillera a lomo de mula con su esposa María Ana Varela, cuatro de sus hijos y el doctor Clemente Onelli. Al poco tiempo su esposa murió en Santiago de fiebre tifoidea. Moreno se abocó a preparar el encuentro entre los presidentes Roca y Errázuriz, el que se concretó el 15 de febrero de 1899 en el Estrecho de Magallanes. A partir de allí recorrió palmo a palmo la zona fronteriza, tomó nota de accidentes geográficos, lagos y ríos, y acompañó en 1901 a Sir Thomas Holdich, comisionado del Tribunal Arbitral nombrado para resolver los litigios limítrofes, en un reconocimiento que abarcó desde el lago Lácar (San Martín de los Andes) hasta la bahía de Última Esperanza. Sus esfuerzos se vieron compensados cuando en 1902 el laudo arbitral concedió a Argentina 42.000 kilómetros cuadrados que reclamaban los chilenos. El Gobierno de la Nación, como compensación por sus servicios, concedió a Moreno, por ley 4192 del 22 de agosto de 1903, una extensión de campos fiscales en el territorio del Neuquén, al sur del Río Negro. En una histórica nota del 6 de noviembre de 1903, moreno solicitó un ¨… área de tres leguas cuadradas en la región situada en el límite de los territorios del Neuquén y Río Negro, en el extremo oeste del Fjord principal del lago Nahuel Huapi, con el fin de que sea conservada como Parque Público Natural y al efecto pido que hecha esa ubicación se sirva aceptar la donación que hago al país de esa área (…) Al hacer esta donación emito el deseo de que la fisonomía actual del perímetro que abarca no sea alterada y que no se hagan más obras que aquellas que faciliten las comodidades para la vida del visitante culto, cuya presencia será siempre beneficiosa a las regiones incorporadas definitivamente a nuestra soberanía y cuyo rápido y meditado aprovechamiento debe contribuir tanto a la buena orientación de los destinos de la nacionalidad argentina…¨. A partir de 1906, el Museo pasó a formar parte de la recientemente fundada Universidad Nacional de La Plata como Facultad de Ciencias Naturales. Ello motivó la renuncia de Moreno como Director Vitalicio, ya que no estuvo de acuerdo con la anexión. Él pensaba que el Museo debía dedicarse a la investigación del territorio y de su naturaleza, quedando al margen de los vaivenes de la política universitaria. El Perito Moreno fue electo diputado nacional en 1910, durante la Presidencia de Roque Sáenz Peña, pero en 1911 renunció al cargo aceptando el ofrecimiento de la vicepresidencia del Consejo Nacional de Educación. Mientras permaneció en las tolderías, fue considerado un brujo por los aborígenes, quienes manifestaban que sus anteojos lo hacían ver en el interior de las personas. Llegó a ser condenado a muerte y salvó su vida huyendo. Fuentes: Calfucurá. La conquista de las pampas; El Historiador, Felipe Pigna; La Argentina. Historia del país y de su gente.

Moreno, Mariano. Nació en Buenos Aires el 23 de setiembre de 1778 y murió en alta mar el 4 de marzo de 1811. Fue abogado, periodista y político de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Tuvo una participación importante en los hechos que condujeron a la Revolución de Mayo y actuación decisiva como secretario de la Primera Junta, resultante de la misma y luego como Director-Editor de La Gazeta. Fuentes: Varias.

Morriconi, Agustina. Agustina Morriconi de Martínez Estrada nació en Téramo, Firenze, Italia, el 29 de mayo de 1895. No se sabe cuándo llegaron sus padres a la Argentina, pero un certificado de vacuna expedido en Buenos Aires cuando ella tenía tres años, nos hace pensar que vivió aquí desde muy pequeña. Sus padres –Aristodemo Morriconi, profesor de música, y Zama Corvini- se radicaron en Rosario. Allí Agustina tomó clases de pintura con Mateo Casella. El 9 de junio de 1910 Agustina regresó a su país natal, en el buque de vapor Indiana, con la finalidad de perfeccionarse como alumna de la Acadena de Bellas Artes de Florencia. En 1916, a sus 21 años, regresó a nuestro país convertida en pintora. Conoció a Ezequiel Martínez Estrada en 1920. Se enamoraron y el 10 de enero de 1921 se casaron. Ya entonces, el escritor –modesto empleado de correos- apuntaba como poeta promisorio. Ella fue la musa secreta que inspiró al poeta enamorado, destinataria de cartas de honda pasión escritas durante el breve noviazgo y a través de los años, cada vez que tuvieron que separarse, por viajes o trabajo. Compartieron el mismo amor por la Naturaleza y sus criaturas. Cuando algún gorrión caía de su nido, ello lo curaba y lo protegía hasta que el ave se domesticaba y se quedaba a compartir la casa, pues no eran enjaulados. La pareja llegó a tener más de diez pájaron con nombres propios y cualidades particulares que los distinguían cuando Ezequiel y Agustina les daban de comer en sus manos o los dejaban posarse en sus cabezas u hombros. Fuentes: Varias.

Mosconi, Enrique Carlos Alberto. (21 de febrero de 1877 – 4 de junio de 1940) fue un militar e ingeniero argentino, conocido por haber sido pionero en la organización de la exploración y explotación de petróleo en Argentina, ideólogo y primer director de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Mosconi creció en la Ciudad de Buenos Aires; su padre quería un hijo médico; la madre un hijo militar, para seguir la tradición familiar de Ángel Canavery, su tío, quien había participado en la llamada Conquista del Desierto. Mosconi tenía dos hermanas mayores y dos hermanos menores. Cuando tenía sólo dos años de edad la familia se trasladó a Italia, volviendo a la Argentina un par de años más tarde, luego de la muerte de su madre. Enrico Mosconi se volvió a casar con la Condesa María Luisa Natti. Al finalizar la escuela primaria, el joven Mosconi ingresó al Colegio Militar de la Nación el 26 de mayo de 1891 y se graduó de subteniente de infantería el 20 de noviembre de 1894, a los 17 años de edad. Fue enviado a encargarse del Regimiento 7 de Infantería en Río Cuarto, Provincia de Córdoba, y comenzó a escribir un Reglamento para la Infantería en Campaña, con detalles sobre el manejo de explosivos e instrucciones para construir puentes. En 1896 fue ascendido y trasladado a Buenos Aires, donde empezó la carrera de Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires. La trascendencia de Mosconi estuvo marcada inexorablemente por la presencia del Ingeniero en minería Enrique Martín Hermitte, quien descubrió el primer pozo petrolero en la Ciudad de Comodoro Rivadavia. En 1899 realizó estudios topográficos y estadísticos de los Andes en la provincia de Mendoza, y el año siguiente formó parte en los estudios llevados a cabo en la Patagonia a fin de establecer una red ferroviaria de importancia estratégica en la provincia del Neuquén. En 1903 se graduó de la Fa¬cultad de Ciencias Exactas Físicas y Naturales de la Univer¬sidad de Buenos Aires como ingeniero civil. Su tesis doctoral fue un proyecto de construcción de una represa en el Lago Nahuel Huapi e instalación de una válvula para regular las aguas de los ríos Limay y Negro, en Neuquén, con el objetivo de hacerlos navegables. En 1903 fue transferido a la división de Ingeniería del Ejército como ingeniero militar, y en 1904 recibió un premio por un proyecto de construcción. Entre 1906 y 1908 fue parte de una comisión de graduados argentinos enviados a Europa (Italia, Bélgica y Alemania) para estudiar y adquirir plantas de enegía hidroeléctrica y gasífera. Fue incorporado a las tropas de ingeniería del Reichsheer, y pasó 4 años en el Batallón 10 de Westfalia, mientras cursaba un posgrado en la Escuela Técnica Superior de Artillería e Ingeniería de Charlottenburg. En Alemania se interesó por las ideas de Friedrich List (1789-1846), un economista cuyas ideas industrialistas tenían gran influencia en Europa y los Estados Unidos. En 1909 Mosconi regresó a Argentina como Jefe del Batallón 2 de Ingenieros, permaneciendo unos pocos meses para volver luego a Europa con el fin de adquirir materiales para la división de Ingeniería. Allí estudió y trabajó con unidades de telegrafistas y especialistas en ferrocarriles de Alemania, Francia y el Imperio austrohúngaro. Volvió a Argentina en diciembre de 1914, y recuperó su puesto militar hasta 1915. cuando fue nombrado director del Arsenal Esteban de Luca. En 1920 fue reubicado en la división de Aeronáutica, la cual dirigió hasta 1922. El 16 de octubre de 1922, durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, Mosconi fue nombrado Director General de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), donde permanecería por ocho años, dedicando grandes esfuerzos para incrementar la exploración y desarrollo de la extracción de petróleo. YPF recibió un monto indicial de 8 millones de pesos de parte del Gobierno Nacional, y desde ese momento fue autosuficiente, financiándose a sí misma con las ganancias provenientes de la extracción de petróleo y, por supuesto, sin préstamos ni inversiones extranjeras. En 1925 Mosconi consideró la posibilidad de una sociedad mixta estatal y privada, pero en 1928 se retractó al expresar: No queda otro camino que el monopolio del Estado pero en forma integral, es decir, en todas las actividades de esta industria: la producción, la elaboración, el transporte y el comercio […] sin monopolio del petróleo es difícil, diré más, es imposible para un organismo del Estado vencer en la lucha comercial a las organizaciones del capital privado. También remarcó que, para defender los yacimientos petrolíferos argentinos de las compañías extranjeras, era necesaria una magnífica insensibilidad a todas las solicitaciones de los intereses privados concordantes o no con los intereses colectivos, pero sobre todo hace falta un poder político capaz de contener todas las fuerzas opuestas. Algunas de las políticas nacionalistas del presidente venezolano Hugo Chávez fueron señaladas como una continuación de esta doctrina: Resulta inexplicable la existencia de ciudadanos que quieren enajenar nuestros depósitos de petróleo acordando concesiones de exploración y explotación al capital extranjero, para favorecer a éste con las crecidas ganancias que de tal actividad se obtiene, en lugar de reservar en absoluto tales beneficios para acrecentar el bienestar moral y material del pueblo argentino. Porque entregar nuestro petróleo es como entregar nuestra bandera. Entre 1927 y 1928 Mosconi recorrió América Latina informando a las autoridades sobre la experiencia argentina con los combustibles fósiles, promoviendo la integración de esfuerzos en materia de petróleo. Mosconi fue el mayor impulsor de una política nacional que puso los recursos naturales al servicio del desarrollo económico, industrial y social de la Nación. Defendió la nacionalización de estos recursos, un absoluto monopolio estatal en su exploración y explotación, la necesidad de los países latinoamericanos de tomar medidas coordinadas en este asunto, y la promulgación de leyes relacionadas con los recursos naturales que fueran ventajosas para los intereses de los estados nacionales. La influencia de esta doctrina tuvo impacto en México, Brasil, Uruguay, Bolivia y Colombia. Mosconi administró eficientemente YPF y, al mismo tiempo que establecía una incipiente gran empresa petrolera, comenzó a combatir la presión política de los dos gigantes de la explotación de hidrocarburos: la holandobritánica Royal Dutch y la Standard Oil del estadounidense John D. Rockefeller. En 1929 escribió a Edmundo Castillo, ministro de Industria uruguayo, y lo convenció del establecimiento de una refinería nacional y una empresa estatal para vender sus productos. Esto desembocó en la creación de Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (ANCAP), la compañía energética estatal creada por el gobierno uruguayo en 1931. En 1936, luego de la Guerra del Chaco, el Estado boliviano creó Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) siguiendo el modelo de la empresa argentina, y poco después dictó la expropiación de la filial boliviana de la Standard Oil. En 1938, en Brasil, las mismas ideas llevaron a la formación del Conselho Nacional do Petróleo (CNP). Ese mismo año Mosconi fue galardonado con una medalla de oro por la Academia de Ciencias y Arte de Río de Janeiro en reconocimiento a su labor. Fuente: Wikipedia.

Muratori, Ludovico Antonio. Luigi Antonio Muratori, latinizado como Ludovicus Antonius Muratori, alias Lamindius Pritanius, nació en Vignola el 21 de octubre de 1672 y murió en Módena el 23 de enero de 1750. Erudito y eclesiástico italiano, fue considerado padre de la historiografía italiana, siendo claramente una de las primeras figuras de la intelectualidad setecentista. De humildes orígenes, se aplicó a acumular una cultura enciclopédica; ello le costó violentos enemigos a causa de las numerosas dispútas en que se vio envuelto. Ingresó en la Compañía de Jesus, y allí estudió gramática y se laureó en letras (1629) y en derecho y filosofía (1694). Apasionado por el estudio de la literatura, la historia y las artes, se aplicó al estudio del griego leyendo a los autores italianos y clásicos grecorromanos. Terminó su formación en la Biblioteca Ambrosiana de Milán, donde fue acogido en calidad de doctor por el conde Carlo Borromeo. La riqueza de los textos allí conservados nutrió su inclinación filológica y literaria y le curtió en la crítica de las fuentes. Creó entonces el método histórico científico moderno, fundándolo sobre bases más racionales que hasta entonces; entre sus contribuciones figuró darse cuenta del valor de un fragmento de manuscrito que contenía la más antigua lista conocida hasta entonces de los escritos incluidos en el Nuevo Testamento, texto que desde entonces se llamó en su honor Canon de Muratori. Recibió las órdenes de obispo de Tortona (1695) y se consagró al estudio de la Edad Media. Escribió I primi disegni Della republica letteraria d´Italia (1702), Della perfecta poesía italiana (1706) y las Riflessioni sopra il buon gusto intorno le scienze e le arti (1708), impregnadas de un emergente nacionalismo. También su Piena esposizione dei diritti imperiali ed estensi (1712) y Antichitá estensi ed italiane (1717). En 1716 publicó De ingegnorum moderatione in religionis negocio. Entre los años 1723 y 1743 Ludovico Muratori alcanzó su madurez intelectual y compendió el fruto de sus inmensas investigaciones históricas y literarias en 38 volúmenes repartidos en tres grandes títulos: los Rerum Italicarum Scriptores (1723-1738), las Antiquitates Italicae Medii Aevi (1738-1743) y el Novum Thesaurum Veterum Inscriptionum (1738-1743); y aún sintió fuerzas para publicar la primera historia conjunta de Italia hasta su época: los Annali d’Italia (1743-1749). Su obra religiosa no dejó asimismo de crecer: De Superstitione Vitanda (1732-1740), que condenaba los excesos del culto; apoyó la labor de los jesuitas en América en su ensayo Cristianesimo felice nelle missioni de’ padri della Compagnia di Gesù nel Paraguay (1743-1749). Pero fue especialmente leído su De regolata devotione de’ cristiani, obra cardinal de setecentismo racionalista religioso italiano y que influyó en el papa Benedicto XIV (antiguamente Prospero Lambertini). Se mostró además como un activo partícipe también en las polémicas civiles de su tiempo desde el bando de la Ilustración, defendiendo el valor de la educación, la ciencia y el reformismo. A estas preocupaciones responden obras del tipo La filosofia morale spiegata ai giovani (1735), el ensayo Dei difetti della giurisprudenza (1742-1743), el tratado Delle forze dell’intendimento umano o sia il pirronismo confutato (1745) y el ensayo sobre la Pubblica Felicità (1749), última obra de Muratori, sobre filosofía política, publicada el mismo año que El espíritu de las leyes de Montesquieu, donde defiende las luces en educación popular, higiene pública, la actividad de la mujer y la reforma agraria. Fuente: Wikipedia.

Muzio Sáenz Peña, Carlos. Escritor y periodista argentino, durante muchos años director de El Mundo, un tabloide que publicó a los íconos de la literatura y de la historieta de época, incluyendo las Aguafuertes Porteñas de Roberto Arlt, Patoruzú de Dante Quinterno, como así artículos de Conrado Nalé Roxlo, Leopoldo Marechal y Vicente Fatone. Era ya colaborador de Alberto Haynes, propietario de la empresa Editorial Haynes Ltda que, además de El Mundo editaba El Mundo Argentino, Mundo Deportivo y otras, como así explotaba la frecuencia de Radio El Mundo. Luego de ser fundado, el 3 de abril de 1928, El Mundo fue dirigido por breve lapso por Alberto Gerchunoff, pero sin alcanzar volumen de venta se extinguió naturalmente el 12 de mayo siguiente. Muzzio Sáenz Peña se hizo cargo de la misma a partir del 14 de mayo, bajando el precio a la mitad (cinco centavos). La agresiva política comercial y las hábiles contrataciones de su director hicieron del periódico un éxito rotundo, incorporándose a su redacción, el 5 de agosto de ese año, nada menos que Roberto Arlt. Las Aguafuertes, publicadas los martes, duplicaban la circulación del periódico; poco después, el astuto Muzzio comenzó poco después a publicarlas rotativamente, para estimular la compra diaria. Contrató también a Marechal, aunque brevemente. El periódico se distanció rápidamente de sus competidores con un formato predominantemente gráfico, de noticias breves y muy sintéticas –Muzio puso como epígrafe la sentencia de Baltasar Gracián: lo bueno si breve…-, manteniendo un fuerte contenido de opinión. En menos de un año logró una gran cantidad de público; Muzio siguió al frente hasta que la editorial quedó absorbida en el consorcio Editorial Alea durante el primer gobierno peronista. Muzio fue también traductor y cuentista. Se destacan entre sus obras: Las veladas de Ramadán, publicada en Barcelona; su hijo, del mismo nombre, fue autor de Barriosorte y otros cuentos, publicada por Editorial Amerías. La hija de este último, Susana Muzio, coherente con la tradición familiar, es periodista y narradora. Fuente: Wikipedia.

Namuncurá, Manuel. Manuel Namuncurá nació en 1811 en territorio chileno, aunque se consideraba argentino por cuando decía haber nacido en la zona cordillerana del oeste neuquino, posiblemente en Pullmarí. Era el tercer hijo de Juan Calfucurá, fundador de la dinastía de los Piedras (Curá), y de la india Juana Pithrén o Pitrilef. Recibió el nombre de Mamún Curá (Garrón de Piedra), como su tío Antonio Namuncurá. Su infancia transcurrió en la región del Río Llaima, al pie del cerro Uyel Tué o Uyel Tre Mahuida, en los faldeos de la Cordillera de los Andes. En 1831 se estableció en tierra argentina, formando parte de la tribu llalmaché, a las órdenes de su padre, instalándose luego con los suyos en Salinas Grandes. Antes de Caseros cumplió funciones de embajador ante el Gobernador Juan Manuel de Rosas, participando en varios ataques y malones entre 1836 y 1852. En 1854 juró la Constitución Argentina en Paraná, siendo bautizado con el nombre de Manuel y contando con el padrinazgo del General Justo José de Urquiza. A este último visitó en el Palacio San José en agosto de 1858, integrando una embajada. Sucedió a su padre Juan Calfucurá, al frente de la Confederación Indígena. Fuentes: El linaje de los Yanketruz; Calfucurá. La conquista de las pampas.

Narváez, Pánfilo de. Posiblemente nacido en Navalmanzano hacia 1470, se sabe ciertamente que murió en la Florida en 1528. Fue un militar y conquistador, nombrado Adelantado y Gobernador de la Florida. Su origen segoviano, como natural de Navalmanzano es entre historiadores la opción más acertada. Sirvió en Jamaica, a las órdenes de Juan de Esquival. Más tarde, en 1509 fue ascendido a lugarteniente del gobernador genral de Cuba, Diego Velázquez de Cuéllar, con quisn colaboró activamente en la conquista de la isla. Pronto se hizo famoso por sus inhumanos atropellos, entre los que se destacó la famosa matanza de Caonao, un poblado situado en el centro de Cuba. Él y sus hombres masacraron a cientos de indígenas que se habían acercado con alimentos a recibirlos; el inexplicable frenesí con que de Narváez y sus hombres atacaron a los atónitos indios quedó retratado por un testigo de la escena, el sacerdote Bartolomé de Las Casas. En 1518, Hernán Cortés, desobedeciendo los mandatos de Velázquez, se embarcó rumbo a México y éste, enojado, envió a de Narváez en su seguimiento con instrucciones de capturarlo vivo o muerto. Tras su desembarco en Veracruz, sobrevino un período de luchas en las que muchos de los hombres que acompañaban a de Narváez, se pasaron a las filas de Hernán Cortés, entre ellos Sancho de Barahona ¨el viejo¨, un extremeño antepasado de Manuel José Arce, primer presidente de Centroamérica. Finalmente, de Narváez fue sometido y herido en un ojo quedó tuerto y hecho prisionero, fue trasladado a Veracruz donde estuvo preso durante dos años. Una vez libres, fue comisionado por Carlos I para conquistar La Florida con el título de Adelantado, además del cargo de Gobernador de todas las tierras que descubriese desde el río de las Palmas hasta los confines de la citada península. Se hizo al mar en junio de 1527 al frente de una flota de cinco navíos y seiscientos hombres, pero al llegar a Cuba fue sorprendido por tormentas y deserciones que debilitaron la expedición, postergando su arribo a la Florida hasta abril de 1528. Allí realizó una serie de atropellos contra los indígenas, lo que motivó una situación de inminente conmoción. Sin haber encontrado oro, y privado de sus embarcaciones por las tormentas, de Narváez intentó navegar hacia México con barcas construídas por sus hombres, pero naufragó cerca del delta del Misisipi, pereciendo la mayoría de los expedicionarios. Del naufragio sobrevivieron sólo cuatro hombres: Alvar Núñez Cabeza de Vaca, Alonso del Castillo Maldonado, Andrés Dorantes de Carranza y un esclavo bereber llamado Esteban (Estebanico), que probablemente fue la primera persona nacida en África que llegó a lo que hoy son los Estados Unidos. Cuando Pánfilo de Narváez fue derrotado por el ejército de Cortés en Veracruz, se le perdonó la vida, y en contra de los uso de la guerra en tierras extranjeras, no lo ahorcaron, sino que lo encarcelaron. Tan mal quedó Pánfilo de Narváez después de aquel suceso, que los conquistadores, cuando querían burlarse de alguien calmoso yu bobalicón, le llamaban ¨pánfilo¨, y esta expresión ha llegado hasta nuestros días. Fuente: Wikipedia.

Necochea, Mariano. (n. Buenos Aires, 1792 – † Miraflores, Perú, 1849) Militar argentino que participó en la guerra de independencia de su país, de Chile y de Perú. Hijo de padres españoles, viajó a España en los primeros años del siglo XIX, estudiando matemáticas, humanidades e idiomas en Sevilla. Regresó a Buenos Aires en 1809, a la muerte de su padre, para hacerse cargo de los negocios de éste. No participó en la Revolución de Mayo, y se mantuvo ligado al comercio exterior. En 1812, sorpresivamente, se incorporó al Regimiento de Granaderos a Caballo que acababa de fundar el coronel José de San Martín con el grado de alférez. Participó en la batalla de San Lorenzo, y atento a su cultura refinada, su jefe le encargó redactar el parte oficial de la victoria. Durante un corto período, formó parte de la guarnición de Santa Fe. Se unió a la expedición al Alto Perú comandada por José Rondeau, al frente de un escuadrón de Granaderos, con el grado de capitán. Fue el único hombre que se salvó de la sorpresa de El Tejar — algo al norte de Humahuaca — en que fue tomado prisionero el general Martín Rodríguez. Combatió en la batalla de Venta y Media y en la terrible derrota de Sipe Sipe, en la que fue herido de cierta gravedad; no obstante, logró reunir a los Granaderos y otros soldados del ejército derrotado. Llegó en camilla hasta Chuquisaca y fue trasladado a Tucumán. En 1816 fue el jefe de la escolta del recién nombrado Director Supremo, Juan Martín de Pueyrredón. Pasó a Mendoza cuando el general San Martín ordenó la concentración de todo el regimiento de Granaderos, incorporándose al Ejército de los Andes. Tuvo un papel destacado en la educación de los oficiales del mismo. Por consejo suyo, también se unió al Ejército su hermano Eugenio Necochea, dos años menor que él, que llegaría a ser general del ejército chileno. Apenas cruzada la Cordillera de los Andes, venció con su escuadrón en el combate de Las Coimas, en las estribaciones de la Cordillera. Luchó en la batalla de Chacabuco a órdenes del general Las Heras. Bajo su mando hizo la campaña del sur de Chile, combatiendo en Gavilán, en el asalto a Talcahuano y en la sorpresa de Cancha Rayada. En ésta — o, según otras fuentes, poco después — fue herido en la mano, por lo que no pudo combatir en la batalla de Maipú. Permaneció en Chile hasta el comienzo de la campaña libertadora al Perú. Fue de los primeros firmantes del Acta de Rancagua, en que los oficiales del ejército expedicionario confirmaban en el mando a San Martín. Poco después de desembarcar en Paracas, fue el segundo del general Arenales en las dos campañas de la Sierra, y luchó en las batallas de Nazca y Cerro de Pasco. Fue ascendido a general durante el sitio del Callao, y quedó al mando del Regimiento de Granaderos a Caballo. Tras la retirada de San Martín en 1823, quedó en el Perú a órdenes de Simón Bolívar, que lo nombró por un tiempo gobernador de Lima. Fue uno de los dos jefes de la caballería argentina en la batalla de Junín, combate heroico en que sólo hubo participación de la caballería. Fue él quien inició el ataque, pero fue seriamente herido. La victoria fue posible gracias a la división de Isidoro Suárez, el otro jefe argentino. No pudo participar en la que sería la victoria definitiva, la batalla de Ayacucho. Bolívar lo designó director de la Casa de Moneda. Tras un altercado con el gobierno peruano, en el que fue acusado de participar en una conjura opositora y arrestado, regresó a Buenos Aires en 1826. Al llegar, el presidente Bernardino Rivadavia lo nombró jefe de todas las reservas de Buenos Aires y le negó el permiso para hacer la campaña de la Guerra del Brasil a pesar de su insistencia. Ofendido por esa actitud, regresó al Perú, donde participó en la Guerra Gran Colombo-Peruana comandando la caballería peruana en la Batalla del Portete de Tarqui. Volvió a Buenos Aires a la caída del gobierno de Rivadavia. Fue sancionado por el gobernador Manuel Dorrego por pretender volcar una elección en favor de los unitarios, votando con todo su regimiento. No obstante, algunos autores citan el episodio como la intervención de Necochea en contra de un oficial partidario de Dorrego, que pretendía hacer votar a sus soldados en su favor. Apoyó a Juan Lavalle en la revolución de diciembre de 1828, pero no tomó parte en la guerra civil que siguió. Abandonó Buenos Aires a fines del año siguiente, poco después de la caída de Lavalle. Tras pasar un tiempo en Montevideo y en Chile, regresó al Perú en 1831. Nuevamente fue puesto al frente de la Casa de Moneda. Fue ascendido al grado de mariscal por el gobierno peruano en 1834, pero durante la Confederación Perú-Boliviana dirigida por Andrés de Santa Cruz, se exilió en Chile. Tras la derrota de éste en la batalla de Yungay pasó a Montevideo. A principios de 1840, como parte de la campaña contra los federales, el presidente uruguayo Fructuoso Rivera lo envió a Entre Ríos a recoger algunas vacas para alimentar su ejército. Tras un período en Montevideo, regresó al Perú y retomó sus actividades en la Casa de Moneda. Falleció en Miraflores, Perú. Fuente: Wikipedia.com.

Núñez de Balboa, Vasco. Nació en Jerez de los Caballeros en 1475 y murió en Acla, en 1519; fue explorador, gobernante y conquistador español, al que cupo privilegio de seer en primer europeo en divisar el Océano Pacífico desde su costa oriental, así como también el primero en fundar una ciudad permanente en tierras continentales americanas. Sus primeras experiencias americanas fueron desfavorables, sirviéndole sólo para contraer deudas. Con la intención de librarse de sus acreedores en Santo Domingo, se embarcó como polizón dentro de un barril junto con su perro Leoncio, en la expedición comandada por Martín Fernández de Enciso, que se proponía auxiliar al gobernador Alonso de Ojeda. Antes de llegar la expedición a San Sebastián de Urabá, Fernández de Enciso descubrió a Núñez de Balboa a bordo y lo amenazó con dejarlo en la primera isla desierta que se encontrara. Pero después Enciso quedó convencido de la utilidad que tenían los conocimiento del polizón en aquella región por haberla explorado ocho años antes. Núñez de Balboa había adquirido popularidad entre sus compañeros gracias a su carisma y a su conocimiento del territorio. En cambio, con Fernández de Enciso era más apreciabloe el disgusto entre los hombres, ya que el bachiller, usando sus facultades como Alcalde Mayor dispuso resistir en San Sebastián, un poblado totalmente destruido, en el que sólo se sufría la grave belicosidad de los indígenas. Núñez de Balboa sugirió que el poblado fuera trasladado a la región de Darién, al oeste del golfo de Urabá, donde la tierra era más fértil y habitada por indios amigables. Fernández de Enciso tomó con seriedad tal sugerencia. Después de soportar enfrentamientos con los lugareños, y de llevar a cabo un trascendente saqueo de las poblaciones indígenas, Nuñez de Balboa hizo promesa de votoy fundó en setiembre de 1510 el primer establecimiento permanente en tierras continentales americanas, San María la Antigua del Darién; luego destituyó a Fernández de Enciso, haciéndose amo y señor de la situación, hasta que desaparecido Nicuesa fuera nombrado gobernador de Veragua. Comenzó a explorar Panamá, logró la siembra del maíz, e hizo que sus soldados se habituaran a la vida de exploradores de tierras coloniales; entre tanto, recogió grandes cantidades de oro, en su mayor parte obtenidas violentamente. En las comarcas del Cacique Comagre Núñez de Balboa escucha versiones sobre la existencia de otro mar al oeste, donde los pueblos costeros eran ricos en oro. Luego de una larga y peligrosa travesía por zonas selváticas, Balboa con sus hombres alcanzó a divisar, el 25 de setiembre de 1513, las costas del Mar del Sur. Rivalizó luego con Pedrarías, y no obstante haber sido nombrado Adelantado del Mar del Sur, fue víctima de diversas conspiraciones hasta ser detenido y encarcelado por el ascendente Pizarro. Fue decapitado en Acla. Fuente: Wikipedia y varias.

Ñankucheu o Ñancucheo (“avestruz-aguilucho”). Ubicado en el sur del actual Neuquén, emparentado con Shaiweque, cercano también a los Linares. Fuente: El linaje de los Yanketruz.

Obregón, Baltasar de. Cronista nacido en Tezontepec, México, en 1544, hijo de familia noble y poderosa. En su adolescencia se lanzó a la vida aventurera y de conquistas, alistándose en 1563 en la expedición del Capitán Antonio de Luna que lo llevó hasta California. Al año siguiente militó bajo las órdenes del Capitán Francisco de Ibarra en el viaje que éste emprendió hacia Cíbola y Quivira, en la región de las Siete Ciudades (Nuevo México). Soldado valiente e intrépido, se distinguió en la batalla de Zahuaripa, regresando a Ciudad de Mézico en 1570. En 1584 escribió su Historia de los Descubrimientos Antiguos y Modernos de la Nueva España, descubierta por Mariano Cuevas y publicada en la Secretaría de Educación Pública en 1924, que contiene todos los detalles de las exploraciones de Ibarra y de otros capitanes españoles que le antecedieron. A Obregón puede considerárselo el Bernal Díaz del Castillo de las regiones norteñas. De talento natural e innata disposición a escribir, fue de los primeros historiadores de nacionalidad mexicana. Fuente: UEHS. Universidad Autónoma de Ciudad Juárez. Historiografía de Chihuahua.

Ocampo, Florián de. (Zamora, 1513 – 1590), historiador y escritor español. No hay certeza en cuanto a la fecha y el lugar de su nacimiento. Pudo haber nacido entre 1499 y 1513, en la ciudad de Zamora o en las localidades cercanas de Monfarracinos o Molacillos. Después de haber estudiado gramática en Zamora, acudió a la Universidad de Alcalá de Henares, donde se licenció en Física y Metafísica y más tarde se doctoró en Teología. En todo este tiempo estuvo alojado en el prestigioso Colegio Mayor de San Ildefonso. Fue nombrado cronista de Carlos V en 1539 a petición de las Cortes. En 1541 publicó los cinco primeros libros de su Crónica general de España (Zamora, 1553), que comprende desde la creación del Mundo hasta la muerte de los Escipiones. Diez años después publicó un quinto libro en Medina del Campo. La obra fue continuada por Ambrosio de Morales, mucho más riguroso que él. La finalidad de esta obra inconclusa era demostrar la gran antigüedad de la monarquía española, aunque para cumplir tal propósito sacrifique frecuentemente la verdad. Contiene pues gran cantidad de elementos ficticios y legendarios y guarda cierta relación con la novela histórica; recurre a invenciones propias (como el autor fingido Julián Lucas) y acepta a veces las de cronistas anteriores españoles o italianos, lo que fue denunciado, aparte de por Andreas Schott, que le acusó en concreto de haber difundido las ficciones de Annio de Viterbo, también por su continuador Ambrosio de Morales, quien vio que no le faltaron escrúpulos a la hora de utilizar inscripciones manifiestamente espúreas para los humanistas españoles que había fabricado Ciríaco de Ancona y cuyos textos confirmaban acontecimientos, personajes, héroes o dioses por regla general relativos a la época de la conquista romana. En el siglo XVII Mayáns fue aún más duro y le llamó simplemente mentiroso. También compuso la Historia del cardenal Cisneros, el Linaje del apellido de Valencia, el Libro de linaje y armas y una edición de la Crónica de Alfonso XI. Sobre la fecha de fallecimiento existe una gran discusión, y se sitúa desde 1555 hasta 1590, algunos en Zamora y otros en Córdoba. Fuente: Wikipedia.

Oesterheld, Héctor Germán. Nació en Buenos Aires en 1919. Geólogo, escribió desde joven cuentos infantiles y a principios de los 50 se volcó a la historieta de aventuras, donde se reveló como un guionista prolífico y original. Fue autor de Sargenti Kirk, Ticonderoga y Ernie Pike, junto a Hugo Pratt; El Eternauta –su gran obra maestra- con Solano López, y de Sherlock Time y Mort Cinder, junto a Alberto Breccia, entre muchas más. Su obra se ha difundido mundialmente. Militante revolucionario, fue secuestrado y desaparecido durante la dictadura militar en 1977. Fuente: Edición Colihue de El Eternauta.

O´Higgins Riquelme, Bernardo de. Nació en Chillán, Región del Bio-Bío, Chile, el 20 de agosto de 1778 y murió en Lima, Perú, el 24 de octubre de 1842. Fue político y militar chileno, considerado Padre de la Patria en Chile y una de las figuras militares fundamentales de la independencia de su país y de Latinoamérica. Fue el primer Jefe de Estado de Chile independiente, bajo el título de Director Supremo, entre 1817 y 1823, cuando renunció voluntariamente al cargo para evitar una guerra civil, exiliándose en el Parú hasta su muerte. Fue Capital General del Ejército de Chile, Brigadier de las Provincias Unidas del Río de la Plata, Gran Mariscal del Perú, General de la Gran Colombia, y organizador de la Expedición Libertadora del Perú. Fuentes: Varias.

Ojeda, Alonso de. Nacido en Cuenca, España, en 1469 y muerto en Santo Domingo en 1515, fue un navegante, gobernador y conquistador de América, que recorrió las costas de Guyana, Venezuela, Trinidad y Tobago, Curacao, Aruba y Colombia. Es famoso por haber dado el nhombre Venezuela a la región que exploró en sus dos primeros viajes y por haber descubierto el lago de Maracaibo. Se embarcó con Colón en su segundo viaje a América, llegando a La Española. En enero de 1494, Colón le encargó que buscara algunos tripulantes extraviados en el territorio de la isla. Pudo adentrarse con quince hombres en la región del Cibao, donde dominaba el aguerrido cacique caribe Caonabó. Era esta zona rica en minas de oro, y Ojeda regresó a La Isabela para informar al Almirante, entonces aquejado de fiebres. Colón partió para aquellas tierras en marzo de 1494 e hizo fundar el fuerte de Santo Tomás, del que nombró alcaide a Ojeda. La leyenda dice que Ojeda apresó personalmente a Caonabó, usando unos grilletes de oro y engañando al cacique al hacerle creer que eran prendas reales. Luego capituló con los Reyes Católicos y zarpó con expedición propia en 1499, asociado con el cartógrafo Juan de la Cosa y el navegante italiano Américo Vespucio. La expedición dio la oportunidad de trazar el primer mapa conocido de la actual Venezuela a de la Cosa, como además significar la primera experiencia de Vespucio en el Nuevo Mundo. Cuando de Ojeda llegó a La Española se enfrentó con los seguidores de Colón, resultando de estas reyertas algunos muertos y heridos. En el siguiente viaje, como gobernador de Coquibacoa, se asoció con los mercaderes sevillanos Juan de Vergara y García de Campos, los que fletaron cuatro carabelas; enfrentado con sus socios por cuestiones económicas (o de botín), de Ojeda terminó preso durante dos años en La Española. Una vez puesto en libertad volvió a capitular, recibiendo esta vez la gobernación de Nueva Andalucía (1508). Sufrió serios enfrentamientos con los aborígenes, como consecuencia de los cuales murió el subalterno de Ojeda, De la Cosa, y buena parte de los integrantes de la expedición. Se unió entonces al gobernador vecino De Nicuesa, masacrando a la totalidad de aborígenes de la región. Posteriormente fundó el asentamiento de San Sebastián de Urabá (1510). Sin demasiados resultados Alonso de Ojeda intentó regresar a Santo Domingo en el bergantín de un bandido pirata español, llamado Bernardino de Talavera, con quien naufragó en el intento. Retirado en el Monasterio de San Francisco, en Santo Domingo, murió en 1515. Su última voluntad fue que lo sepultaran bajo la puerta mayor del monasterio, para que su tumba fuese pisada por todos los que llegaban a entrar a la iglesia, como pena por los errores que cometió en su vida. El escritor español Vicente Blasco Ibánez, en su novela El caballero de la Virgen (1929) relata la vida del conquistador. Asimismo, el escritor canario Alberto Vázquez-Figueroa, en su novela Centauros (2007) relata la vida del conquistador. Fuente: Wikipedia.

Olavarría, José Valentín de. (n. Salto, provincia de Buenos Aires, 13 de febrero de 1801 – † Montevideo, Uruguay, 1845) Fue un militar argentino que participó en la guerra de independencia y en las guerras civiles argentinas. Era hijo de Antonio de Olavarría, de familia originaria de la Anteiglesia de Murueta, municipio de Orozco, en Vizcaya. A los once años ingresó como cadete al Regimiento de Artilleros de Buenos Aires. Formó parte del Ejército de los Andes a partir de 1816, en el cual combatió en las batallas de Chacabuco (1817), Cancha Rayada (1818) y Maipú (1818) y participó de la campaña al Perú. A la renuncia del General San Martín, se unió a Simón Bolívar. Combatió en las batallas de Cochabamba y Junín. Luego de la batalla de Ayacucho, que le valió una condecoración por su heroísmo, en diciembre de 1824 solicitó el retiro a Simón Bolívar, quien se lo concedió con el grado de Coronel. En 1824 regresó a Buenos Aires y se incorporó como jefe de un regimiento al ejército para la Guerra del Brasil, en que intervino en la Batalla de Ituzaingó. Participó en las luchas civiles junto al general Lavalle. Por sus desavenencias con la política de Juan Manuel de Rosas se retiró de la vida militar y, ya casado y con hijos, se dedicó a explotar un campo en Mercedes. Tras la derrota de los unitarios, emigró al Uruguay, donde más tarde combatió en la Guerra Grande. Falleció el 23 de octubre de 1845 en Montevideo, Uruguay. En su homenaje se nombró la localidad de Olavarría, en la provincia de Buenos Aires, fundada por Álvaro Barros El 12 de octubre de 1901, se inauguro en la Plaza Central de la ciudad que lleva su nombre, un monumento obra del escultor Alejo Joris (1865-1951). Fuente: Wikipedia.com.

Olazábal, Manuel. Nacido en 1800 en Buenos Aires; muerto en la misma ciudad en 1872. Militar que participó de las guerras de independencia y civiles, llegando al grado de general. Acompañó a Juan Lavalle en su regreso a Buenos Aires y en la revolución de diciembre de 1828. Dicho jefe político lo ascendió al grado de coronel por su participación en la batalla de Navarro. Luchó también en la batalla de Puente de Márquez y fue uno de los oficiales que fracasó en su misión de convencer a San Martín, para que éste se quedase y participara del gobierno porteño. Tras la retirada de Lavalle, permaneció como oficial de la guarnición de Buenos Aires. Fuentes: Academia Nacional de la Historia; De nuestra tierra: Juan Manuel de Rosas.

Oñate, Pedro de. Nacido en Valladolid y muerto en Lima el 31 de diciembre de 1646, fue un sacerdote jesuita y jurista español. Llegó a Perú en 1592; allí hizo su segunda profesión en 160’3. Dirigió el Noviciado de San Antonio Abad de Lima de 1604 a 1609. Asistente del Provincial Sebastián de Parra hasta 1615 en que se lo nombró Provincial en Paraguay, ejerciendo este cargo desde 1615 hasta 1624. Fundó los Colegios de Buenos Aires, Concepción, Corrientes, Mendoza y San Miguel. De vuelta al Perú, fue profesor en el Colegio Máximo de San Pablo de Lima y examinador sinodal del Arzobispado de Lima, además de Calificador del Tribunal del Santo Oficio. Fuente: Wikipedia.

Oribe, Ignacio. (Montevideo, Uruguay, 1795 – † íd., 1866) Militar uruguayo, que participó en las guerras de independencia y civiles de su país en la primera mitad del siglo XIX. Era hermano menor del general y presidente Manuel Oribe. Hijo de un militar español, ingresó al ejército durante el segundo sitio de Montevideo, en 1813. Se inició en el ejército para el segundo sitio de Montevideo, y combatió en los años siguientes contra el Directorio y contra la Invasión Luso-Brasileña, a órdenes de Fructuoso Rivera. En 1818 abandonó las filas de José Artigas y pasó a Buenos Aires, donde participó en varias etapas de la guerra civil contra la provincia de Santa Fe. En 1820 guerreó del lado de Alvear en los desórdenes de la Anarquía del Año 1820. Tras su derrota, fue dado de baja. En 1821 regresó a Montevideo y se trasladó al campo para dedicarse a la ganadería. Durante varios meses estuvo preso en Río Grande, acusado de colaborar con los independentistas. Al producirse el desembarco de los Treinta y Tres Orientales, cuyo segundo era su hermano Manuel, les proporcionó valioso apoyo. Se trasladó a Cerro Largo, donde formó un regimiento de caballería. Con esas fuerzas combatió en la batalla de Sarandí, en la que se distinguió particularmente. Después participó en la Guerra del Brasil, participando en la batalla de Ituzaingó; por esa victoria fue ascendido al grado de coronel. Poco después fue atacado y tomado preso en Melo, y llevado prisionero a Río Grande; recuperó la libertad en un canje de prisioneros. En 1829, el gobernador José Rondeau lo nombró jefe político de Montevideo, y al año siguiente fue ministro de guerra del presidente Juan Antonio Lavalleja. Tuvo el mando militar de varios regimientos durante el gobierno de Rivera. Al llegar a la presidencia Manuel Oribe, en 1835, se encontró con que Rivera se había nombrado a sí mismo comandante de armas del país, con atribuciones en las cuales no cabía la autoridad del presidente. Lo único que pudo hacer Oribe para librarse de Rivera fue eliminar el cargo de comandante de armas; pero varios meses después lo volvió a instaurar, colocando en él a su hermano Ignacio. Esto causó la primera revolución de Rivera, en 1836. Ignacio Oribe salió a su encuentro y lo derrotó en la batalla de Carpintería; por esa victoria fue ascendido a general. Rivera se refugió en Brasil, y con ayuda brasileña volvió al año siguiente; Ignacio Oribe lo derrotó en el Molle, en la batalla de Yucutujá y en Durazno. Pero Rivera, que tenía suficiente apoyo en el Brasil como para seguir la guerra, finalmente, derrotó a Ignacio Oribe en la batalla del Palmar. El ejército de los Oribe debió replegarse hacia Montevideo; por varias semanas, el presidente creyó que podría mantener el poder, pero la flota francesa bloqueó Montevideo y lo obligó a renunciar. Manuel e Ignacio Oribe se trasladaron a Buenos Aires. Mientras Manuel Oribe comandaba los ejércitos federales en la larga guerra de 1840, su hermano Ignacio permaneció en Buenos Aires hasta mediados de 1842. Se unió después al ejército de su hermano y peleó en la batalla de Arroyo Grande. Participó en el sitio de Montevideo, en las operaciones contra Rivera y Venancio Flores en el interior del país, y en el gobierno que su hermano estableció en el Cerrito. Al producirse la invasión de Urquiza en 1851, Ignacio Oribe se retiró a su estancia. Reaparecería en 1863, cuando integró el Consejo Consultivo de Estado, convocado por el presidente Berro. Tras la caída de éste, desapareció de la vida pública. Falleció en Montevideo en diciembre de 1866. Otro hermano del presidente Oribe fue Francisco Oribe, que hizo toda su carrera a la sombra de sus hermanos y llegó al grado de coronel. Fuente: Wikipedia.com.

Oribe y Viana, Manuel Ceferino. (Montevideo, 26 de agosto de 1792 – 12 de noviembre de 1857) Fue un militar y político uruguayo, presidente constitucional de su país entre 1835 y 1838 y fundador del Partido Nacional. Manuel Oribe era hijo del capitán Francisco Oribe y de María Francisca Viana, descendiente del primer gobernador de Montevideo, José Joaquín de Viana. Al comienzo de la revolución independentista en el Río de la Plata se enroló en las filas patriotas como voluntario. Su bautismo de fuego tuvo lugar en la batalla de Cerrito, el 31 de diciembre de 1812, en el transcurso del segundo sitio de Montevideo, hecho de armas que concluyó en una victoria de los patriotas. Participó luego junto a José Artigas de la resistencia de los orientales contra la invasión Luso-Brasileña del año 1816. A fines del año 1817, caído ya Montevideo en poder de los luso-brasileños, Oribe, engañado por las promesas del Director Juan Martín de Pueyrredón al que sólo le movía el empeño de restarle elementos a Artigas, abandonó la lucha y pasó a Buenos Aires junto con su hermano Ignacio y el coronel Rufino Bauzá, llevándose consigo el Batallón de Libertos y un batallón de artillería. El historiador Francisco Bauzá, hijo de Rufino Bauzá, en su obra Historia de la dominación española en el Uruguay (1880-1882), argumenta que ante la insistencia casi obsesiva de Artigas en nombrar a su favorito, Fructuoso Rivera, como comandante militar al sur del río Negro para hacer frente a la invasión, Rufino Bauzá y Manuel Oribe se habrían manifestado en contra, situación que generó un violento intercambio de palabras con un Artigas al que ya la situación militar se le iba de las manos. La enemistad personal entre Rivera y Oribe, que al parecer data de tales acontecimientos, decidió al joven oficial a abandonar a su jefe. Carlos Federico Lecor, comandante del ejército ocupante, no opuso traba alguna al pasaje de los oficiales orientales a Buenos Aires, por más que no pudo atraerlos a su causa. Rivera y su gente quedaron al servicio del invasor lusitano. En Buenos Aires, según se sabe por la compulsa de la papelería de la época, desde 1819, Oribe, junto a Santiago Vázquez y otros orientales residentes allí, opuestos por igual a la ocupación portuguesa y brasileña como a Artigas, habría integrado una sociedad secreta de carácter masónico, llamada Sociedad de los Caballeros Orientales, la cual esperó al menos hasta el Congreso Cisplatino de 1821 para emprender el retorno a la, desde entonces, llamada Provincia Cisplatina y comenzar sus trabajos para revertir la situación. Entretanto, tras la derrota definitiva de Artigas (e incluso antes de ella), otro sector de la clase dirigente oriental se había adherido a los ocupantes, aceptando y colaborando en los hechos estrechamente con los portugueses. Este sector sería el único representado en el Congreso Cisplatino de 1821. La ocupación de la Banda Oriental y su transformación en Provincia Cisplatina por parte de las tropas portuguesas y brasileñas había traído como consecuencia adicional la fractura de los sectores dirigentes, que desde entonces se alinearon en dos grupos separados por la aceptación o no de aquella presencia militar: * El grupo montevideano -incluido Fructuoso Rivera-, pro-portugués, llamado Club del Barón, por su proximidad al comandante invasor Carlos Federico Lecor (Barón de la Laguna), * Los exiliados en Buenos Aires, donde Oribe revistaba, fuertemente influido por los unitarios (aunque luego Oribe se destacó como un general del federalismo), y partidario de la reincorporación a las Provincias Unidas del Río de la Plata en cuanto fuera posible. Esta división es el antecedente más remoto del surgimiento de las divisas tradicionales del Uruguay, luego transformadas (cuando tuvieron un programa escrito) en modernos partidos políticos: respectivamente el Partido Blanco y el Partido Colorado. En 1821 Oribe volvió a Montevideo y el día en que se produjo la lucha entre los portugueses, realistas fieles y los partidarios del Imperio del Brasil que venía de proclamar a Pedro I como emperador, tomó partido por los portugueses, mientras sus compañeros se movían en el sentido de involucrar a algunas de las Provincias Unidas del Río de la Plata en el sostenimiento de su causa. Oribe recibió el cargo de sargento mayor en las fuerzas del general Alvaro Da Costa, el cual continuaba dueño de Montevideo, mientras que Carlos Federico Lecor, vuelto al lado brasileño, mantuvo el control de la campaña desde su cuartel en Canelones, para lo cual contó con el invalorable sostén que le daba el tener de su lado al ex comandante artiguista Fructuoso Rivera, cooptado por el grupo pro-portugués (y ahora unánimemente pro-brasileño) en marzo de 1820. Da Costa, sin medios para resistir por mucho tiempo, y a decir verdad, a la espera de una definición en la guerra entre Portugal y Brasil por la independencia de este último país, embarcó para Lisboa con sus tropas en febrero de 1824, abandonando completamente a su suerte al grupo de los Caballeros Orientales que se había aferrado a sus armas como posibilidad para triunfar. Oribe y su círculo, sabedores de lo que les esperaba si caían en manos de Lecor, abandonaron Montevideo, regresando a Buenos Aires para un segundo exilio. El último día de febrero de 1824, Lecor y Rivera entraron en Montevideo sin disparar un tiro, y conminaron al Cabildo a jurar fidelidad al emperador Pedro I de Brasil. Nuevamente el grupo disperso hubo de reunirse en Buenos Aires, más exactamente en un saladero del entonces partido (hoy barrio) porteño de Barracas, del que era administrador el oriental Pedro Trápani. Allí, y tras las fuertes medidas represivas de los brasileños contra los partidarios del movimiento de 1822 y 1823, que llegaron incluso a las confiscaciones de ganados y bienes de estancieros de Buenos Aires como Bernardino Rivadavia y Juan Manuel de Rosas, cundió la alarma en estos sectores, que vieron cómo las reses de los campos orientales eran arreadas para los saladeros de Río Grande del Sur, que en poco tiempo comenzaron a desbancar a sus similares de Buenos Aires en el mercado local. Los exiliados orientales recibieron la visita y el apoyo monetario de Juan Manuel de Rosas, poderoso estanciero y saladerista, que se convirtió en uno de los principales financiadores de la expedición que la historia conocería como Cruzada Libertadora. Es posible que de estos hechos date el comienzo del vínculo, muy estrecho después, entre Manuel Oribe y Juan Manuel de Rosas, considerado por San Martín el gran defensor del americanismo. La consigna por la que convocaban a los patriotas era clara; recuperar, según el ideario artiguista, la Banda Oriental para las Provincias Unidas del Río de La Plata; de ahí que los panfletos revolucionarios reclamaban a los patriotas con el lema Argentinos Orientales, a fin de que se sumaran a la heroica Cruzada. El 19 de abril de 1825 se produjo el ingreso a la llamada Provincia Cisplatina por parte de un pequeño grupo comandado por Juan Antonio Lavalleja y Manuel Oribe, al que se conocería como los Treinta y Tres Orientales. Poco más tarde, Oribe llegará frente a Montevideo con fuerzas a su mando y pondrá sitio a la ciudad a la cual liberará desalojando a las tropas brasileñas. Fue promovido a teniente coronel el 19 de septiembre de 1825 y se encontró en la batalla de Sarandí el 12 de octubre por lo que fue ascendido a coronel tras la victoria oriental. Meses más tarde, el 9 de febrero de 1826, Oribe obtuvo una completa victoria sobre la fuerte columna brasileña en el llamado combate del Cerro. También estuvo presente el 20 de febrero de 1827 en la victoria de las armas argentino-orientales sobre las imperiales brasileñas en Ituzaingó. A pesar de estar fuertemente identificado con el grupo que rodeaba a Juan Antonio Lavalleja, el 14 de agosto de 1832, durante la primera administración de Fructuoso Rivera fue designado coronel mayor, y el 9 de octubre de 1833 fue nombrado Ministro de Guerra y Marina. Será ascendido a brigadier general el 24 de febrero de 1835. El propio Rivera patrocinó la candidatura de Oribe para sucederlo en el mando presidencial, siendo elegido el 1 de marzo de 1835 como segundo presidente constitucional. El primer gobierno de Rivera, entre 1830 y 1834, había transcurrido en su casi totalidad bajo la vigencia del régimen de fronteras abiertas impuesto por la Convención Preliminar de Paz. Su administración, de hecho ausentista, ya que pasó la mayor parte del tiempo en Durazno, ciudad que había fundado en 1821, fue llevada adelante por un círculo exclusivista de políticos vinculados al antiguo partido pro-portugués y pro-brasileño: los Cinco Hermanos (Lucas José Obes y sus cuatro cuñados), lo que provocó dos movimientos insurreccionales de Juan Antonio Lavalleja en 1832 y 1834, ambos fácilmente derrotados. Manuel Oribe no tomó parte en tales movimientos. La historiografía nacionalista ha criticado a Rivera y su primera presidencia como ejemplos de ineficacia administrativa, contrastándola con la solvencia de Oribe desde 1835. En realidad, se trataba no sólo de dos personajes notoriamente diferentes en lo individual y en los estilos de mando, sino de dos situaciones distintas del país. En 1835, vencido el plazo mencionado antes por el cual la Convención Preliminar de Paz preveía el ingreso de fuerzas argentinas o brasileñas al país en caso de hallar estos gobiernos algún peligro en la situación política del Uruguay, era momento de echar a andar el estado y poner en plena vigencia la Constitución de 1830, hasta entonces casi no aplicada. Esto es lo que explica el contenido de la primera presidencia de Oribe, en la cual desde un principio no se quiso dejar ningún asunto administrativo por resolver. Desde la elaboración del Gran Libro de Deudas de 1835 (primer esbozo de la contabilidad del estado uruguayo), pasando por la creación de un sistema de jubilaciones y pensiones en ese mismo año, a la fundación de la Universidad de la República en 1838, el gobierno de Oribe aparece como el primero que echa a andar el proyecto de autogestión de las clases dirigentes del Uruguay, sin recostarse en ningún poder fuera de fronteras. En julio de 1836 Rivera, agraviado por las resultancias a que arribó una comisión nombrada para examinar las cuentas de su período de gobierno y también destituido del cargo de comandante de la campaña, recurrió a las armas, siendo derrotado el 19 de septiembre de ese año en campos de Carpintería, en el departamento de Durazno, refugiándose poco después en el Brasil, donde se vinculó a la revolución de los farrapos de la República Riograndense, a la que se habían adherido algunos de sus ex camaradas de armas del ejército portugués, como Bento Gonçalves da Silva. Volvió a intentarlo Rivera al año siguiente reforzado con tropas riograndenses, y consiguió derrotar a Oribe el 22 de octubre de 1837, en Yucutujá, departamento de Salto. Poco después, Rivera fue derrotado en la acción del Yí, pero la victoria brasileño-riverista de Palmar, el 15 de junio de 1838, dejó la República en manos de Rivera. Por otro lado, el bloqueo impuesto por una flota francesa a Buenos Aires, gobernada por su aliado en este conflicto, el caudillo gobernador de la provincia de Buenos Aires, Juan Manuel de Rosas, dejó incomunicado al presidente Oribe. Presionado desde el río y sitiado en la capital, Oribe presentó, dejando sentada su protesta y legitimidad del cargo que le obligaban a abandonar, su renuncia el 24 de octubre de 1838. Pasó a Buenos Aires, donde Rosas lo recibió como presidente legal del Uruguay, y utilizó su experiencia militar incorporándolo al ejército que comandaba, por entonces en lucha contra el Partido Unitario. Oribe combatió a la Coalición del Norte, formada por las provincias de Tucumán, Salta, La Rioja, Catamarca y Jujuy en 1840 y 1841. Batalló contra el general Juan Lavalle, venciéndolo en la batalla de Quebracho Herrado el 28 de noviembre de 1840, y otra vez en la batalla de Famaillá, el 17 de septiembre de 1841. Tomó prisionero al gobernador de Tucumán, Marco Avellaneda, al que hizo degollar y exhibir su cabeza en una pica en la plaza pública de Tucumán. Desde aquí en adelante, la oposición unitaria y sus aliados colorados del Uruguay insistieron cada vez más en la imagen del Oribe degollador y asesino, al igual que la de Rosas. La literatura de opositores políticos a éste último como las Tablas de Sangre escritas por el cordobés José Rivera Indarte cargaron las tintas sobre este tema, creando la imagen de la exclusividad de la violencia por los federales y los blancos. En realidad, el monopolio de la violencia no pertenecía a ningún bando, como se desprenderse, por ejemplo, de la correspondencia de Lavalle. Tras vencer al gobernador de la provincia de Santa Fe, Juan Pablo López, pasó a Entre Ríos. Allí, al frente de un poderoso ejército, el 6 de diciembre de 1842 derrotó en la batalla de Arroyo Grande al ejército de Rivera que, en guerra contra Juan Manuel de Rosas desde marzo de 1839, había invadido la provincia de Entre Ríos. Rivera en derrota repasó el Uruguay frente a Salto, retornando apresuradamente a Montevideo donde sólo pudo entregar el mando al presidente del Senado, Joaquín Suárez, y salir nuevamente a campaña para recomponer su ejército deshecho. Mientras Oribe avanzaba sobre Montevideo, los colorados organizaron el Ejército de la Defensa, comandado por el militar unitario argentino José María Paz y el oriental Melchor Pacheco y Obes. A él se sumaron varios grupos de las colectividades francesa, española e italiana que formaron legiones que numéricamente superaron en conjunto a los propios efectivos orientales con los que contaban los colorados. Entre estas legiones figuraba el mercenario José Garibaldi. El 16 de febrero de 1843 Oribe puso sitio a la ciudad de Montevideo. Sería este el tercero de los sitios en que él participara, y el más largo de todos, ya que duraría ocho años y medio, hasta el 8 de octubre de 1851. Acto seguido, organizó nuevamente su gobierno, como si nada hubiera ocurrido desde el 24 de octubre de 1838. Designó ministros, hubo un parlamento y se dictó una ingente cantidad de disposiciones legales. Así dio comienzo el Gobierno del Cerrito, denominado de esta forma por estar instalado el cuartel general de Oribe en el Cerrito de la Victoria, donde 30 años antes hubiera iniciado su carrera de las armas y estableciendo la capital provisional de Uruguay en la ad hoc creada ciudad de Restauración (actualmente el barrio montevideano de Villa Unión). Fue en esta población que por primera vez se rindió oficialmente homenaje a José Gervasio Artigas, al serle dado el nombre del prócer federal a la principal avenida de Restauración. Dicho nombre le fue dado en vida del prócer (1849) y entre los primeros actos de la administración del riverista triunfante en 1852, con ayuda brasileña, Joaquín Suárez figura el de eliminar tal denominación. El Gobierno del Cerrito controló la totalidad del país hasta 1851, exceptuando Montevideo y Colonia del Sacramento. Tuvo su puerto de ultramar alternativo en la rada del Buceo, al este de Montevideo, y aplicó la Constitución de 1830 como base de su orden jurídico. Algunas figuras destacadas de aquella administración fueron Bernardo Prudencio Berro, Cándido Juanicó, Juan Francisco Giró, Atanasio Cruz Aguirre, Carlos Villademoros y otros patricios, algunos de importante actuación política posterior. Otro gran tema fue la propuesta de la reunificación de la Patria que realizó Rosas en 1845, con la reincorporación del Uruguay a las Provincias Unidas del Río de la Plata, anulando las imposiciones de la Convención Preliminar de Paz, dictada por la conveniencia del Imperio Británico en el Río de la Plata, en 1828. Manuel Oribe no quiso decidir o no tuvo la altura política para decidir sobre este acto trascendente y envió el tema a tratamiento de una comisión parlamentaria que se perdió en devaneos que a nada llegaron. Sea como fuere, hacia 1850 la causa de Oribe y Rosas parecía destinada a triunfar. La revolución de 1848 en Francia, que había derribado a la monarquía de Luis Felipe, había dejado a la intemperie al Gobierno de la Defensa, sostenido por aquella. El gobierno de Montevideo no aceptó el ofrecimiento del príncipe-presidente Luis Napoleón Bonaparte de enviar para socorrer a la plaza sitiada a los presos políticos de la represión de las Jornadas de Julio, diciendo por boca de Manuel Herrera y Obes: ¿Qué sería de nosotros si vienen los comunistas?. En 1850, el enviado de Luis Napoleón, el almirante Lepredour, firmó una convención de paz con Felipe Arana, canciller de Rosas. Un año antes lo había hecho Southern, enviado del Imperio Británico. El gobierno de la Defensa, con las horas contadas, se apresuró a involucrar su última carta: el Imperio del Brasil y el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza. Brasil veía con aversión el triunfo de Rosas y Oribe en el Plata, y ya desde 1848 este último hubo de repeler duramente varias incursiones brasileñas en la frontera norte, dedicadas al arreo de ganado hacia Río Grande del Sur. En cambio el caudillo entrerriano Urquiza, buscando una salida más ágil y directa para sus ganados hacia sus compradores del exterior, sin pasar por la aduana de Buenos Aires, que Rosas controlaba y cuyas rentas no socializó nunca durante sus casi 20 años de gobierno, fue tentado por Manuel Herrera y Obes quien le ofreció el puerto de Montevideo para tales efectos. Urdida la trama, los acontecimientos se precipitaron después de agosto de 1851, cuando Urquiza se declaró en rebelión contra Rosas. Poco después penetraba en territorio oriental, marchando hacia el Cerrito para quitar de en medio a Manuel Oribe, su antiguo camarada de armas. Este ordenó a sus comandantes que detuvieran al entrerriano, pero sus órdenes fueron extrañamente desobedecidas. Casi en un abrir y cerrar de ojos, Urquiza se apersonó delante de Montevideo, conminando a Oribe a rendirse, lo que éste hizo, abandonado de todos. Por entonces Manuel Oribe estaba en los tramos finales de su existencia. El 12 de noviembre de 1857 falleció en el Paso del Molino, casi al final de la hoy llamada calle Uruguayana. Durante su velatorio, la Bandera de los Treinta y Tres Orientales, por la que combatiera, fue sostenida por quien había sido el abanderado de la expedición e incondicional partidario suyo, Juan Spikerman. Se le decretaron honores oficiales y recibió sepultura en el cementerio del Paso del Molino, siendo posteriormente trasladado a la Iglesia de San Agustín (fundada por él en recordatorio de su esposa Agustina Contucci), en el barrio de La Unión (nombre que tras 1852 se dio a la villa de la Restauración, contigua a su campamento militar del Cerrito). Manuel Oribe se había casado con su sobrina, Agustina Contucci, el 8 de febrero de 1829, habiendo 4 hijos de su matrimonio. Años atrás, en 1816, la actriz oriental Trinidad Guevara había tenido con él una hija, Carolina, que fue apadrinada por Gabriel Antonio Pereira. Manuel Oribe fue uno de los hombres públicos de Uruguay de más tardía reivindicación, sobre todo por la leyenda de crueldad acuñada durante la Guerra Grande. Aún en 1919, el destacado líder y estadista colorado José Batlle y Ordóñez escribía que ser colorado es odiar la tradición de Rosas y Oribe, y su prensa aludía siempre al Partido Nacional como el partido oribista. En el centenario de su muerte (1957) los miembros colorados del Consejo Nacional de Gobierno se negaron a ponerse de pie para homenajearlo. También desde filas propias hubo actitudes comparables: el diario conservador del Partido Nacional El Plata pasó por alto la conmemoración de aquel aniversario, sin mencionarlo siquiera. Se justificaba porque su fundador era de origen colorado y firmemente reaccionario, Juan Andrés Ramírez. El gran reivindicador de la figura del héroe oriental fue Luis Alberto de Herrera, quien a través de sus trabajos históricos, dejó sentada la figura de Oribe en sitial de honor. Fuente: Wikipedia.com.

Orkeke. “Mucho me impresionó el porte grave y solemne de éste (Orkeke). Ante su estatura de seis pies cabales y su proporcionada musculatura, nadie habría sospechado que el hombre había cumplido ya sus 60 años; y cuando saltaba sobre su caballo en pelo o dirigía la caza, desplegaba una agilidad y una resistencia iguales a la de cualquier otro más joven. Su abundante cabello negro estaba levemente veteado de gris, y sus ojos brillantes e inteligentes, su nariz aguileña y sus labios delgados y firmes eran muy diferentes de lo que, según la idea corriente, son las facciones patagónicas; una frente achatada afeaba un poco la expresión de su rostro, que sin embargo, era seria y meditativa, y a veces notablemente intelectual”. Lo dijo el naturalista y explorador inglés Musters en su publicación de 1871, luego de haberlo acompañado en gran parte de su largo viaje de Punta Arenas (Chile) a Carmen de Patagones. Y agregó que era “particularmente limpio en sus ropas y aseado en sus costumbres”. El marino inglés pone un marco muy favorable al cuadro descriptivo del cacique, rematándolo con que “su conducta para conmigo fue irreprochable”. Musters estuvo dos meses con Orkeke en Pavón, atalaya y centro de operaciones de Piedra Buena (Orkeke tenía su toldería en el valle del río Chico). Y desde allí, Musters con Orkeke y también Casimiro continúan su extenso viaje, que incluyó visita a Sayhueque -el “Gobernador de las Manzanas”- y la hoy Línea Sur rionegrina. El pacífico cacique luego del viaje con Musters conoció a otros viajeros y entre ellos al inglés Julius Beerbohm, que en su libro de 1879 “dejó un excelente retrato, que coincide con el de Musters” y Orkeke recordaba perfectamente haber visitado siendo niño San Julián, donde estaban todavía los colonos españoles de Viedma, al decir de Teodoro Caillet Bois (1945). Otro periodista e historiador afirmaría que “Orkeke era de pura estirpe tehuelche. Los exploradores patagónicos lo habían ungido caballero por su amplitud hospitalaria, su disposición servicial y su inquietud comprensiva, reconociéndosele señorío en la vasta heredad”, (Lenzi, 1962). Y en verdad, hasta el presente, el hurgar en esta parte de la historia patagónica no ha presentado algún hecho que empañara esas opiniones, salvo que Lista -a pesar de considerarlo gran colaborador y amigo- lo inyectara en algún escrito como afecto al alcohol ¡vaya novedad entre los nativos! y algo pendenciero. Eran mujeres y hombres libres y la atadura blanca no podía ser asumida así nomás. Y en esto buena culpa tuvieron los bolicheros y mercachifles expoliadores: yerba, azúcar y aguardiente por pieles y plumas. Por 1883 el gobierno nacional continuaba con el propósito de seguir avanzando sobre araucanos o mapuches transcordilleranos, pacíficos tehuelches nativos y la mezcla de etnias que se producía desde hacía años. Sayhueque, sus caciques y capitanejos optando por resistir alargaban la llamada campaña al desierto y por eso el magnífico transporte “Villarino”, afectado a viajes por las costas patagónicas y comandado por Federico Spurr, llega a Puerto Deseado el 18 de julio de 1883. En Patagones habían embarcado el gobernador de la Patagonia cnel. Lorenzo Vintter, tte. cnel. Lino Oris de Roa, mayor Miguel Linares, dos oficiales y 31 soldados del 7º de Caballería. Misión militar: complementar la acción cordillerana de otros uniformados con Palacios a la cabeza. Se informan de que la toldería de Orkeke está a quince leguas en la “Lomada de los indios”. El tehuelche Gencho los conduce, sirve de guía. La consigna es “capturar la tribu y sin hacerle el menor daño”. Roa comanda el grupo y se produce la encerrona. Siete toldos, 55 tehuelches, 87 galgos, 98 caballos, 4 vacas y 3 terneros. Orkeke, su mujer Hadd, la hija Méká y 54 hijos del desierto con niños se entregaron mansamente y fueron embarcados en el “Villarino”. Adiós a los guanacos, avestruces, al agua y al aire puro. Adiós al silencio, a las matas y al mar patagónico. Orkeke no volvería a estar con ellos. La nave eludió las escalas en Patagones y Bahía Blanca. Después, hasta el gobierno asumió el tremendo error de aquel injusto apresamiento de los pacíficos tolderos de Orkeke: “una mala interpretación de sus órdenes”, se dijo. El Riachuelo los recibió y fueron alojados en el cuartel de Retiro. Enterados, Lista y Moyano de inmediato se preocuparon por sus amigos del sur, trataron por todos los medios de aliviarles la ingrata situación y de hacer gestiones para que volvieran a sus tierras. El presidente Roca recibió a Orkeke y le obsequió cigarros habanos y 500 pesos, más la promesa de regreso a Santa Cruz. Tuvieron clima favorable de los porteños y del periodismo, sin abandono de la curiosidad que despertaban. “La Prensa” en su edición 4.119 del 31/7/1883 opinaba: “cómo creer que deliberadamente haya mandado asaltar y saquear una tribu amiga y mansa que jamás ha hostilizado al ejército, y que por el contrario, ha fraternizado honradamente con las poblaciones cristianas plantadas en las soledades de la Patagonia. ¿Cómo justificar ese acto cruel e ilegítima persecución a hombres que nunca nos hicieron daño?” Moreno se hallaba en Mendoza y Piedra Buena -ambos buenos amigos- muy enfermo fallecería el 10 de agosto de aquel año. No cabe duda de que los atendieron muy bien, distinto a los mapuches presos. Orkeke pasea en coche por Buenos Aires. Lo acompañan Lista, doctor Escudero y Horat, visitando los “principales edificios públicos y el parque 3 de Febrero”. También el jardín zoológico, donde lo asombra un avestruz africano, mucho más chico que su patagónico, que le entregaba alimento y piel. “Orkeke se convierte en prisionero con honores de huésped y concurrente obligado a cuanto espectáculo público se ofrezca”. La Sociedad Científica Argentina, que presidía Lista, le ofrece -con lleno de público- la zarzuela “Mefistófeles” en el teatro de la Alegría y Orkeke con su mujer e hija ocupan el palco central con varios de sus seleccionados tehuelches. El público se lleva un chasco con el comportamiento y la vestimenta: “sencillos hombres de campo; visten saco, bombachas o chiripá y ponchos de paño negro (compartidos con vincha roja y botas de cuero crudo). Las mujeres, bata sin mangas, pollera y pañuelos de variados colores”. Reciben muchos regalos, suben al escenario y hablan muy favorablemente Lista y el profesor de la UBA Juan María Larsen. Muy aplaudidos. En tranway especial regresan a Retiro. A los pocos días la misma sociedad le ofrece banquete en el Café París con la presencia de Durán, ministro plenipotenciario de España, Larsen, explorador del Chaco Juan C. Cominges, marino Eduardo Lan, Miguel Cano, Francisco de Ibarra, Esteban Rodríguez, Juan S. Bauzá y Lista. Hubo brindis, discursos y hasta una poesía y cuando le toca el turno, Orkeke “habla con parquedad, no obstante su facilidad de palabra (sabía castellano) limitándose a manifestar a su manera que es amigo de los cristianos, que no pelea para no exponerse a morir y muriendo todo concluye”. En el circo Humberto 1º su empresario Rafetto le dedica una función de honor. Moyano le ofrece regresar por tierra pero Orkeke no acepta “sería inevitable el encuentro con los indios araucanos del Neuqué, en cuyas manos perecerían sin remedio” (Deodat, 1937). Y llega el final. El aire, la humedad y otros factores de la ciudad del Plata se manifiestan en bronquitis. Internado en el hospital militar, ocupa la cama 39. Su rebeldía le hace rehusar tratamientos y medicamentos. No pueden contenerlo. Abandona la cama y busca otro aire en los patios y no el del encierro. No tiene las hierbas curativas ni puede usar los métodos nativos para espantar al Espíritu Malo. El invierno porteño con sus calamidades enfermizas le estaba jugando una mala pasada y se fue agravando hasta la pulmonía doble. El 12 de setiembre de 1883, a las 8.40 expira “como una luz que se apaga de súbito”. (La Nación).Tu hacienda, tu autoridad/ la patria donde naciste,/ todo, Orkeke, lo perdiste,/ incluso la libertad (Juan C Cominges). Fuentes: Héctor Pérez Morando, Orkeke, el cacique amigo. En Diario Río Negro, 12 de julio de 2002, y otras.

Orquera, José Olegario. El Teniente Coronel José Olegario Orquera, era el Comandante de la Fortaleza Protectora Argentina en oportunidad del malón de 1859, entonces con el grado de Coronel. Este militar de carrera había nacido en Catamarca en 1811 y murió el 26.02.1871. Fue combatiente en la Guerra del Paraguay y comandó asimismo el fuerte de Nuestra Señora del Carmen de Patagones. Fuentes: Los últimos malones sobre el país de Huecubú.

Osorio, Mariano. (Sevilla, España, 1777 – † La Habana, Cuba, 1819) Fue un militar español y gobernador de la Corona Española en Chile. Es una de las figuras fundamentales de la Independencia de Chile y sobre todo del periodo de la Reconquista española, dado que fue el comandante de las fuerzas realistas que triunfaron en la Batalla de Rancagua y Batalla de Cancha Rayada (1818). Fue el penúltimo Gobernador español entre 1814 y 1816. Desde muy joven inició su carrera militar en el arma de artillería. Combatió de manera notable durante la invasión napoleónica a España en 1808. Posteriormente, en 1812, fue trasladado a Lima como Comandante General de Artillería y profesor de matemáticas de la Escuela Militar. Cuando el Virrey del Perú José Fernando de Abascal y Sousa desconoció el Tratado de Lircay, este puso a Osorio al mando de la fuerza expedicionaria que reconquistaría Chile para el Rey de España, compuesta por el batallón Talavera, recientemente llegado de la península con 374 plazas que antes de su partida a Chile fueron elevadas a 600 con recluta local, dos compañías del regimiento Real de Lima con 200 plazas y 6 piezas de artillería con 70 servidores. La expedición zarpó del Callao el 19 de julio de 1814 y tras 14 días de navegación desembarcó en Talcahuano, desde donde avanzarían hacia el norte reconquistando los territorios de Chile para la Corona Española. El último enfrentamiento se produjo el 1º y 2 de octubre de 1814, en la famosa Batalla de Rancagua, donde Osorio y sus huestes realistas derrotaron a las tropas patriotas del general Bernardo O’Higgins. De esta manera Osorio entró triunfante en Santiago de Chile. Luego de la Batalla de Rancagua, Mariano Osorio asumió la Gobernación de Chile. El gobernador reinstauró el antiguo régimen y todas sus instituciones. De igual forma disolvió todo lo instaurado por los patriotas durante el periodo de la Patria Vieja. Osorio, a pesar de haber ordenado la deportación de una centena de notables patriotas al Archipiélago Juan Fernández, intentó llevar a cabo conscientemente un gobierno de reconciliación entre los bandos enfrentados (patriotas y realistas); por eso ordenó el tribunal encargado de enjuiciar a posibles antiguos patriotas, con vecinos benevolentes que perdonaron en reiteradas ocasiones. Destacó también por una de sus más distintivas características: un humor socarrón que contribuyó a distensionar el ambiente de la época, plagado de violencias. En este sentido, muy citada es una de su sentencias, redactada frente a una petición de un acomodado residente de Santiago, llamado Juan Luco y Aragón, que pedía que no le cobraran impuestos porque había sido liberado de ellos con anterioridad; Osorio respondió al pie de la petición: “Como Luco y Aragón, libre de Contribución-Como vecino y pudiente, pagará al día siguiente”. Pero al parecer, no controlaba por completo la situación de la gobernación. El Regimiento Los Talaveras de la Reina, a cargo del infame capitán Vicente San Bruno, reprimía con violencia a muchos patriotas, lo cual no hacía otra cosa que contribuir a oscurecer la fama del gobierno español y producir el traspaso a la causa nacionalista del grupo más moderado, que sería determinante en el futuro. En 1816, el Virrey del Perú publicó en un connotado periódico de Lima, que era él el principal responsable de la reconquista de Chile. Esto provocó que Osorio se molestase y enviara una carta al mismo periódico desmintiendo los dichos de su superior y haciéndose él acreedor de la responsabilidad en los triunfos realistas. Evidentemente esto causó la ira del Virrey, el cual lo destituyó y nombró en su lugar a Casimiro Marcó del Pont. A principios de 1817 el director supremo de las Provincias Unidas Pueyrredón autorizó el envío del Ejército de los Andes a la Capitanía General de Chile con el fin de reinstaurar el gobierno independentista, prevenir una posible invasión por el oeste y finalmente invadir Lima por el Pacífico. El ejército, de más de 5.000 hombres, fue dirigido por el capitán general José de San Martín siendo acompañado por sus comandantes: el brigadier general Soler y los brigadieres O’Higgins y Gregorio de Las Heras. El Ejército de los Andes emprendió el Cruce de los Andes el 19 de enero de 1817 y luego de distintas batallas logró liberar a Chile de la dependencia de la Corona española. Sin embargo, esto no fue aceptado inmediatamente por la Corona Española, la cual ordenó una nueva expedición a cargo del antiguo gobernador de la colonia, el general Osorio. Osorio y sus tropas desembarcaron nuevamente en Talcahuano. Al igual que en 1814 avanzaron hacia el norte y sorprendieron a las fuerzas patriotas, conformadas por la unión del Ejército de los Andes y los cuerpos milicianos chilenos recién formados, en la Batalla de Cancha Rayada el 19 de marzo de 1818. El ejército de San Martín fue perseguido por las fuerzas de Osorio. No obstante, los patriotas lograron organizarse en los llanos de Maipú, donde vencieron definitivamente a los realistas en la Batalla del mismo nombre. Mariano Osorio logró escapar con algunos colaboradores hacia Lima, donde fue juzgado por las responsabilidades que pudieron caberle en la derrota realista. Fue absuelto y emprendió viaje de regreso a su tierra natal, pero terminó sus días en La Habana, víctima de la fiebre palúdica, en 1819. Fuente: Wikipedia.com.

Ovalle, Alonso de. Nació en Santiago el 27 de julio de 1603, hijo de Francisco Rodríguez del Manzano y Ovalle, y de María Pastene y Lantadilla, poderosos encomenderos, dueños de la Hacienda de Peñalolén, de tierras en Puangue y de la Hacienda de Taguatagua. Murió en Lima en mayo de 1651. Se lo considera uno de los más importantes cronistas chilenos, como que es autor de la Histórica Relación del Reyno de Chile. Estudió teología y fue ordenado sacerdote jesuita al cabo de once años, dedicándose desde entonces a la enseñanza y a las misiones. Viajó a Madrid y Roma como procurador de la Viceprovincia Jesuita de Chile, y fue en este último destino donde compuso y publicó su Histórica Relación… en 1646. Había iniciado esta obra por el desconocimiento e ignoracia que existía en Europa acerca de su patria: Habiéndome venido del reino de Chile y hallando estos de Europa tan poco conocimiento de él que en muchas partes aún ni sabían su nombre, me vi obligado a satisfacer el deseo que me instaron diese conocer lo que era tan digno de saberse… El libro consistía en seis partes: dos para la naturaleza, uno para los indígenas, dos para la conquista, uno dedicado a la Guerra de Arauco y otro (el más largo) para la evangelización. El estilo de Ovalle es considerado un ejemplo del uso canónico de la lengua castellana, como lo prueba el que fuese incluido como una de las fuentes en la primera edición del Diccionario de Autoridades, publicado por la Real Academia Española. Ovalle fue uno de los dos únicos americanos incluidos como autoridad, siendo citado en cuarenta y siete entradas, e incluyendo, curiosamente, la del diminutivo conejillo.Ocupó el puesto décimosexto, en cuanto a número de citas, entre las cincuenta y una autoridades del diccionario. Uno de los mejores ejemplos del manejo del lenguaje por Ovalle es su descripción de la cordillera: …Lo que he visto muchas veces es que cuando después de algún buen aguacero, que suele durar dos y tres y más días, se descubre esta cordillera, aparece toda blanca desde su pie y hasta de los primeros y anteriores montes que están delante y causa una hermosísima vista, porque el aire de aquel es tan puro y tan limpio que pasado el temporal, aunque sea en lo más riguroso del invierno, lo despeja de, amera que no aparee en el una nube, ni se ve en muchos días y entonces, rayando el sol en aquella inmensidad de nieves y en aquellas empinadas laderas y blancos costados y cuchillas de tan dilatadas sierras, hacen una vista que aun a los que nacemos alli y que estamos acostumbrados a ella, nos admira y da motivos de alabanza al creador que tal belleza pudo crear. La obra fue publicada en Roma en 1646, simultáneamente en español y en latín. Fuente: Wikipedia.

Painé-Gürü. Sucesor de Yanquetruz (5) en el gobierno de los ranqueles. Fundador de la Dinastía de los Zorros, famosa por la calidad de sus guerreros. Fuente: El linaje de los Yanketruz.

Palacios, Alfredo Lorenzo. Abogado, legislador, político socialista y profesor (Buenos Aires 1880-1965). Fue uno de los políticos con mayor influencia en la Argentina del siglo XX junto a Juan Domingo Perón e Hipólito Yrigoyen. Hijo de padres uruguayos, se educó en la fe cristiana que luego de algunas desilusiones, abandonó. El ambiente de la época, las obras de los grandes teóricos del socialismo como Karl Marx y Friedrich Engels y su percepción de lo argentino y latinoamericano fueron los basamentos de su formación y visión de la política que guió su vida y accionar. Recibido de abogado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires, esbozó una tesis denominada La miseria, la cual fue rechazada por los docentes de la época y debió ser reemplazarla por una tesis sobre quiebras de empresas. En su chapa de abogado consignó: Dr. Alfredo Lorenzo Palacios atiende gratis a los pobres”. Su figuración en el socialismo trascendió por los discursos en mítines en los que intervenía aunque después de varias idas y venidas se afiló incorporándose al Partido Socialista creado por Juan B. Justo en 1896. Triunfó en las elecciones para diputados nacionales del 13 de marzo de 1904, por el distrito de La Boca, siendo reconocido como el primer legislador socialista de América. Fue autor de gran parte de la legislación laboral argentina y del libro El Nuevo Derecho. Inspiró la Reforma Universitaria de 1918 y fue designado por el Congreso de Estudiantes Latinoamericanos como Maestro de América. Para las elecciones que se harían en el año 1904, un grupo de inmigrantes italianos del barrio de La Boca llegó al despacho de abogado del Dr. Palacios y le ofrecieron la candidatura a Diputado Nacional por el Partido Socialista por la circunscripción 4º. La campaña fue febril, casa por casa, conventillo por conventillo: Palacios se detenía en los patios y daba sus discursos en castellano e italiano y un interpréte lo traducía al xeneise (genovés). El 13 de marzo de 1904, ante una elección en donde dominaba en el resto de la ciudad un clima de fraude de los partidos del régimen, Alfredo Palacios se alzaba con 830 votos que a viva voz no se dejaban sobornar por los políticos de la oligarquía y triunfaba. Fundador del Nuevo Derecho, el derecho de los trabajadores, Alfredo Palacios arrancó a la oligarquía varias leyes sociales, entre ellas la de sábado inglés, descanso dominical, aumentos de sueldos, que el pago de sueldos se hiciera en moneda y no en vales, ley de accidente laboral, ley del trabajo femenino, ley de la silla, estatuto del docente y muchas otras leyes que en distintos períodos fue presentando y logrando que se sancionaran. Su tarea, ya sea como diputado o senador siempre estuvo orientada a los trabajadores, las mujeres, los niños, los ancianos y los jóvenes. También adhirió al movimiento de la Reforma Universitaria que estalló en la ciudad de Córdoba el 15 de agosto de 1918. Abogado, político, profesor universitario, en cualquiera de estos roles siempre defendió con la misma convicción y vehemencia los valores de la igualdad, la libertad y la solidaridad social. Su visión nacionalista del socialismo le valió muchas veces el reconocimiento de que fue él quien introdujo el debate de la nacionalidad y de una visión nacional dentro de su partido. Fue quien pregonó que en las marchas el Partido Socialista se marchase con banderas rojas, pero también con banderas argentinas. Entre sus obras más importantes se encuentran El nuevo derecho, Esteban Echeverría: albacea del pensamiento de Mayo, La miseria, El dolor argentino y cientos de conferencias y escritos varios. Fue el primer diputado socialista que lleva al seno del congreso la temática de la mujer y el voto femenino por el que venían luchando feministas como Alicia Moreau de Justo, Elvira Rawson Dellepiane, Carolina Muzzili, Fenia Cherkoff y otras. Alfredo Lorenzo Palacios nunca pudo concluir un mandato ya sea por los golpes de estado o por otras circunstancias como la clausura del Congreso por parte del presidente José Figueroa Alcorta en 1908, diez días antes de finalizar su mandato. En el año 1915, por renuncia de éste a la banca de diputado luego de ser expulsado del Partido Socialista por batirse a duelo (cosa que estaba prohibida en sus estatutos). En el año 1928 volvió al Partido Socialista para luego ser elegido senador nacional en 1931. Fue elegido nuevamente en 1935, pero su mandato fue interrumpido por el golpe de estado del 4 de junio de 1943 que derrocó al Presidente Ramón Castillo. Fue Embajador Argentino en el Uruguay por la dictadura militar que derribó al gobierno de Juan Domingo Perón. Su nuevo mandato de senador nacional fue interrumpido por el golpe de estado de 1962 que derrocó al Presidente Arturo Frondizi. Por último su mandato de diputado nacional también fue interrumpido por su fallecimiento; el mandato fue acortado pero pese a ello 10 días antes de cumplir el mismo falleció el 30 de abril de 1965. Fue profesor de la Universidad de Buenos Aires y rector de la Universidad Nacional de La Plata, fundador de la materia de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Facultad de Ciencias Económicas de la cual el era su titular de cátedra. Fue Convencional Constituyente en los años 1956 y 1957 e impulsor del Art. 14 Bis. También fue candidato presidencial en el año 1958 con la fórmula Alfredo Palacios – Carlos Sánchez Viamonte. Por aquel entonces la Revolución cubana era el ideal de muchos sectores y el socialismo argentino la vio con suma simpatía, a tal punto que el lema de la campaña presidencial era En Cuba los barbudos, en Argentina los bigotudos…vote vote vote vótelo a bigote”. Luego, cuando la Revolución Cubana adhirió al bloque soviético, Palacios criticó esta decisión porque siempre concibió incompatible la realización del socialismo con el cercenamiento de las libertades. Su austeridad le valió una vida de grandes privaciones en sus últimos años y falleció en absoluta pobreza. Su casa, ubicada en la calle Charcas 4741 (en Buenos Aires), estuvo a punto de ser rematada varias veces y sólo por la intervención de amigos pudo ser salvada. Hoy funciona allí la Fundación Alfredo Lorenzo Palacios, que conserva algunos de sus muebles y su enorme biblioteca. Sus restos descansan en el cementerio de La Recoleta.

Parchappe, Narciso. El 8 de marzo de 1828 Estomba y el ingeniero militar Narciso Parchappe, designado director técnico de la fundación de la Fortaleza Protectora Argentina, se encontraron en el fuerte Independencia y dos días después Parchappe viajó como avanzada a la bahía Blanca con una escolta de 25 coraceros, comandados por el teniente coronel Andrés Morel, junto con treinta indígenas amigos. En realidad, Parchappe había sido recomendado por D´Orbigny, quien se encontraba ocupado con sus investigaciones en Carmen de Patagones. El ingeniero francés decidió el emplazamiento del fuerte en un área deprimida que facilitaba la vigilancia y seleccionó también la ubicación del puerto que bautizó como Esperanza. En julio de 1828 Parchappe regresó a Buenos Aires, mientras que Estomba se plegó a la revolución de Juan Lavalle contra Dorrego, partiendo en enero de 1829 hacia Tandil. Entonces quedó como comandante el teniente coronel Andrés Morel. Fuentes: Varias.

Parera, Blas. (1777-1820) Músico nacido en Barcelona, España, y muerto en su país de origen. Llegó a Buenos Aires en 1797, trabajando como profesor de piano y ejecutor de órgano en la iglesia catedral. Luchó durante las invasiones inglesas. En 1813 fue elegido para componer la música que había de acompañar la letra del Himno Nacional escrita por Vicente López y Planes. En julio de ese mismo año partió rumbo a Río de Janeiro para proseguir sus estudios bajo la dirección de Marcos Antonio. Regresó a España en 1817. Fuentes: Varias.

Parish Robertson, John. Comerciante, financista y escritor británico de destacada participación en los sucesos del Río de la Plata en las primeras décadas que siguieron a la Revolución de Mayo de 1810. Juan Parish Robertson nació en Escocia en el año 1792. Con sólo catorce años de edad intentó viajar al Río de la Plata pero las noticias de las Invasiones inglesas se lo impidieron. Arribó finalmente a Buenos Aires en el año 1809 y se dedicó al comercio. Su compañía fue una de las primeras que extendió sus actividades de manera directa a todo el territorio de las nacientes Provincias Unidas del Río de la Plata, vendiendo artículos manufacturados importados y comprando y vendiendo productos locales, especialmente sal, mate y tabaco. A esas actividades agregó con el tiempo sus propias operaciones financieras aprovechando sus contactos con financistas de su patria. Frecuentó a algunos de los principales líderes de la revolución y aprovechando su parentesco con Woodbine Parish, el primer cónsul británico en las Provincias Unidas del Río de la Plata, que ejerció su mandato entre los años 1825 y 1832, ejerció una considerable influencia. Viajó al Paraguay en 1811, y con la ayuda de su gobierno logró transportar un cargamento de yerba mate por el Río Paraná en buques fluviales españoles hasta Buenos Aires donde obtuvo una pequeña fortuna con su venta. Retenido en Buenos Aires por el bloqueo realista fue testigo de los infructuosos bombardeos de la ciudad. A su regreso a Paraguay en febrero de 1813 se encontró con el coronel José de San Martín (a quien había conocido en Buenos Aires) en vísperas de la Batalla de San Lorenzo, de la que fue testigo por invitación del militar. A Juan se unió después su hermano Guillermo Parish Robertson (William Parish Robertson) y continuaron practicando el comercio en Asunción hasta que el dictador Gaspar Rodríguez de Francia los obligó a retirarse en 1815. Durante los siguientes cinco años, los Robertson acumularon otra fortuna con sus estancias en la Provincia de Corrientes y en el comercio de cueros, trabajando con ellos el irlandés Pedro Campbell. Siguiendo el éxito de las armas revolucionarias, en 1820 los hermanos extendieron sus operaciones a Chile y Perú. De regreso a Buenos Aires, los Robertson cooperaron con Bernardino Rivadavia en su objetivo de atraer capitales europeos (especialmente británicos) y de diversificar y desarrollar la economía argentina, aumentando las operaciones mineras y estableciendo colonias agrícolas. La Junta de Representantes de la Provincia de Buenos Aires, bajo el patrocinio de Rivadavia, entonces ministro de Gobierno y Relaciones Exteriores, decretó el 19 de agosto de 1822 una ley que facultaba al gobierno a negociar dentro o fuera del país un empréstito con el objetivo de crear pueblos en la frontera con el indio, fundar un Banco, construir una red de agua y un puerto. Rivadavia constituyó un consorcio que representara al Gobierno de Buenos Aires para la colocación del empréstito al 70% e incorporó al mismo a Braulio Costa, Félix Castro, Miguel Riglos, Juan Pablo Sáenz Valiente y a los hermanos Parish Robertson. El 1 de julio de 1824 el consorcio de acuerdo al poder concedido contrató el empréstito con la firma inglesa Baring Brothers por un millón de libras. Los Robertson adelantaron parte del dinero al gobierno y ayudaron a garantizar el préstamo de la Baring Brothers. Como la colocación en el mercado sería fácil, la Baring propuso al consorcio colocarlos al 85%, pagando 70% a Buenos Aires y repartiéndose el 15% de diferencia con el consorcio por lo que los gestores se llevaron 120.000 libras del monto total del crédito en carácter de comisión. El consorcio indicó a la Casa Baring que hiciera llegar el dinero a Buenos Aires mediante letras giradas contra casas comerciales de prestigio que dieran garantías en Buenos Aires. Una de esas casas comerciales era la que Robertson tenía en sociedad con Costa, ambos miembros del consorcio. Al final, del millón de libras que totalizaba el mismo, sólo llegaron a Buenos Aires unas 570.000, en su mayoría en letras de cambio y una parte minoritaria en metálico. El 2 de febrero de 1825 su pariente Woodbine Parish firmó el Tratado de Amistad, Comercio, y Navegación con Argentina, acompañando el reconocimiento oficial de parte de Gran Bretaña de la Independencia Argentina. En 1825 los hermanos Parish Robertson compraron las estancias de Santa Catalina, Monte Grande (16.000 hectáreas de tierra) y la Laguna. Aprovechando la Ley de Enfiteusis se propusieron fundar una colonia escocesa en Monte Grande para lo que se seleccionaron 220 granjeros y artesanos presbiterianos escoceses oriundos de Edimburgo, pero llegados a Buenos Aires los colonos, el gobierno no cumplió la entrega de tierras pactada, por lo que los hermanos Parish Robertson alquilaron a los colonos sus tierras en Monte Grande. Entre ese núcleo de inmigrantes destacaron tres: el médico Guillermo Wilson, el arquitecto Richard Adams (quien construyó las viviendas de la colonia y la famosa casa blanca de los hermanos Parish Roberts) y el jardinero Juan Tweedie. Fueron luego accionistas del Banco de Descuentos y del Banco Nacional. Organizaron también la fracasada Compañía Minera Famatina. La colonia de Monte Grande progresó durante los primeros tres años de su existencia pero los disturbios de 1829 alcanzaron a la colonia, atacada por vecinos que querían la tierra para el ganado. Sus miembros se dispersaron y la colonia desapareció, lo que generó grandes pérdidas a los hermanos Robertson, sus patrocinadores. Finalmente, ya debilitados por la crisis ocasionada por el bloqueo de la ciudad de Buenos Aires por la escuadra brasilera con motivo de la Guerra del Brasil, los Robertson tuvieron que declararse en bancarrota ante el fracaso de sus emprendimientos mineros y de colonización, y la creciente resistencia de los hacendados criollos cuya influencia política crecía en todo el país (Juan Manuel de Rosas y los caudillos provinciales entre ellos). En 1830 Juan Parish Robertson regresó a Inglaterra y tras permanecer algunos años en Cambridge se retiró a la Isla de Wight para trabajar con su hermano Guillermo en sus libros sobre el Río de la Plata y otras regiones de Sudamérica, obras que se convirtieron en algunas de las fuentes más valiosas para el estudio de la historia de ese período. Fueron recopiladas en dos grandes obras: las Cartas sobre el Paraguay y las Cartas de Sudamérica. Juan Parish Robertson falleció en el año 1843. Fuente: Wikipedia.

Parodi, Lorenzo Raimundo. ( Pergamino, 23 de enero de 1895 – 21 de abril de 1966, Buenos Aires) Destacado botánico, agrostólogo e ingeniero agrónomo argentino. Era el hijo mayor de un agricultor del norte de Italia, con quien adquirió muchos conocimientos prácticos del “campo”. Bachiller del Colegio Nacional Manuel Belgrano. En 1915 ingresó en la Facultad de Agronomía y Veterinaria, de la UBA, tras una breve estadía en la Escuela de Agricultura de Santa Catalina (Bs. As.). En la Facultad, fue alumno y discípulo de Lucien Hauman, profesor belga llegado al país en 1904, para conformar la plana docente de la naciente Facultad. En 1916, publicó su trabajo: Clave para la determinación de los géneros de gramíneas silvestres en los alrededores de Buenos Aires, la primera de más de 150 obras que produciría en su vida. Ocupaba mucho tiempo leyendo la Botánica de Holmberg y la de Lucien Hauman-Merck, y también la Historia de la Creación, de Haeckel. Y preparaba herbarios. Así, su herbario, de más de 15.000 ejemplares, se constituyó en uno de los más importantes de Sudamérica. Dicha colección se conserva en la Cátedra de Botánica de la Facultad de Agronomía. Además estudió química orgánica con Sordelli, mineralogía y geología con Hermitte y matemática con Krauss. En su tercer año, inició el estudio que, sería su tesis de graduación: estudio sobre las clorídeas argentinas. Gracias a ese trabajo, se vinculó con eminencias de la botánica y la ciencia internacionales, como Haeckel, Hitchcock, Henrard, etc. Graduado de ingeniero agrónomo, fue designado Jefe de Trabajos Prácticos de Botánica, Fitopatología y Microbiología. En 1926, tras la partida de Hauman rumbo a Bélgica, Parodi se hizo cargo de la Cátedra de Botánica Agrícola General y Especial, y dictó cursos de la misma materia en la Universidad Nacional de La Plata y en el Museo de Historia Natural de esa ciudad. Fue asombrosa la labor científica de Parodi: descubrió muchas especies, hizo revisión de los géneros de gramíneas argentinas (cuyos estudios inició en Argentina), identificó los cereales de importancia como trigo y avena, y malezas como el abrojo grande, con un profundo estudio de malezas en los cultivos; se ocupó de las plantas aptas para la dunicultura y de las plantas alimenticias. Parodi fue un embajador de la ciencia argentina; hizo viajes de exploración y de herborización, a todas las regiones del país y a países limítrofes. Fue delegado de la Facultad de Agronomía al Congreso Internacional de Botánica en Amsterdam (Holanda), Cambridge (Inglaterra), Montreal (Canadá). Estuvo en España, Francia, Italia, Alemania, Inglaterra, Rusia, visitando universidades, laboratorios e institutos. En EEUU observó numerosos jardines botánicos, museos y laboratorios, invitado por la Fundación Guggenhein. Escribió el autor: “(…) a ti elevamos esta plegaria de reconocimiento y amor, porque tú elaboras en tus diminutos granos verdes el pan nuestro de cada día, y creas los frutos y legumbres que nutren nuestros cuerpos (…). (…) tú, en fin, que pones en nuestras manos el infinito poder del sol y contienes en tu ser la esencia misma de la vida, recibe esta ofrenda de gratitud y la perpetua reverencia de nuestra admiración. Amen”. Entre otras obras, escribió Parodi: La Agricultura Aborigen Argentina, Hardcover, Universidad de Buenos Aires; Enciclopedia Argentina de Agricultura y Jardinería, en tres tomos. 1953. Fuente: Wikipedia.

Parodie Mantero, Alfredo Justo. Nació el 20 de marzo de 1890 en Paraná, aunque desde joven vivió en Concepción del Uruguay. Fue profesor, escritor, periodista, doctorado en filosofía y en derecho y graduado en diplomacia, manteniéndose siempre próximo al Colegio del Uruguay, al que dedicó todos sus desvelos. Su poesía, típica de momentos de transición, posee resabios del postromanticismo y del modernismo, próxima a la de Carlos Guido Spano y Leopoldo Díaz. Publicó Ensayos y rimas (1907) y Rimas Selváticas (1908) en el que incluyó su poema El Colegio Histórico compuesto por dos cuartetas de alejandrinos. En 1910 publicó Una Nueva Fuente de la Historia y Rimas Patrióticas -Cantos a Urquiza- y en 1923 Rimas y Ritmo, en el que se incluye uno de sus más famosos poemas: A Urquiza.

Paroissien, James (Diego). (Essex, Inglaterra, noviembre de 1781 – † en alta mar, 1827) Médico inglés que tuvo una destacada actuación en el proceso de la Independencia de la Argentina, de Chile y del Perú. Su nombre original era James Paroissien, y descendía de lejanos antepasados de origen protestante francés. Se doctoró en medicina en 1806. Al recibir la noticia del éxito de las Invasiones Inglesas al Virreinato del Río de la Plata, se embarcó como parte de la expedición que debía reforzar esa conquista. Cuando llegó allí, la ciudad de Buenos Aires había sido reconquistada por su propia población. Inmediatamente después asistió a la captura de Montevideo, donde se instaló como médico y comerciante. Cuando, tras el nuevo fracaso en Buenos Aires, los ingleses abandonaron también Montevideo, se embarcó hacia Río de Janeiro. En el Brasil se encontró con Saturnino Rodríguez Peña, un criollo que había colaborado con los invasores a Buenos Aires, que lo unió al proyecto carlotista, de coronar a la princesa Carlota Joaquina de Borbón como reina – o al menos como regente – del Río de la Plata, en reemplazo de Fernando VII, prisionero de Napoleón Bonaparte. Carlota era la esposa de Juan VI de Portugal, que estaba instalado en Río de Janeiro. Viajó a Buenos Aires como jefe de una comisión exploradora minera enviada por la compañía británica La Potosí, La Paz and Peruvian Mining Association. Sin embargo, es casi seguro que su misión era de espionaje a favor de las posibilidades del carlotismo o de una tercera invasión inglesa. Al llegar a Montevideo fue reconocido y arrestado por el gobernador Francisco Javier de Elío, que se apoderó de las cartas de Carlota para sus simpatizantes en Buenos Aires. Acusado de alta traición, fue procesado con pedido de ejecución. Cuando llegó al Río de la Plata el nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros, fue trasladado para su enjuiciamiento a Buenos Aires. Allí fue defendido por Juan José Castelli; como al estallar la Revolución de Mayo éste fue elegido miembro de la Primera Junta, Paroissien recuperó rápidamente la libertad. Acompañó al Ejército del Norte en la primera expedición auxiliadora al Alto Perú como cirujano, y presenció las batallas de Cotagaita, Suipacha y Huaqui como médico y secretario personal de Castelli. Durante la retirada que siguió a la derrota, ayudó a Juan Martín de Pueyrredón en la evacuación de los caudales de la Casa de Moneda de Potosí. El Triunvirato lo nombró jefe de la fábrica de armamentos de la ciudad de Córdoba, con el grado de teniente coronel de artillería. La Asamblea del Año XIII le concedió una de las primeras cartas de ciudadanía de las Provincias Unidas del Río de la Plata. En abril de 1815 estalló la fábrica de pólvora, causando varios muertos. El gobierno local lo consideró responsable del accidente y se inició una investigación para procesarlo. Pero en ese momento estaba avanzando el federalismo en Córdoba, lo que le dio la oportunidad de retirarse a Buenos Aires. Allí formó parte del estado mayor general del ejército del Director Supremo Álvarez Thomas. En 1816 viajó a Mendoza, para sumarse al Ejército de los Andes que estaba formando el general José de San Martín, a quien había conocido dos años antes, y a quien había ayudado en la conformación de su plan continental. San Martín lo nombró cirujano jefe del Ejército de los Andes, y también ejerció como su médico personal. Participó en el Cruce de los Andes como cirujano y como edecán del general Soler, participando en la Batalla de Chacabuco. Instalado en Santiago de Chile, fue nombrado cirujano mayor del Ejército de Chile y fue miembro fundador de la Legión del Mérito de Chile y cirujano mayor del ejército chileno. Tuvo un serio altercado con el general Miguel Brayer, el ex oficial de Napoleón que causaría un desastre con su ataque a Talcahuano, y que sería dado de baja por pedir licencia minutos antes de una batalla. Después del Desastre de Cancha Rayada asistió al general Bernardo O’Higgins, pero regresó al ejército para asistir a San Martín como oficial de estado mayor y también ejercer como cirujano en la Batalla de Maipú. Por su heroico comportamiento en este combate fue ascendido al grado de coronel y premiado con un valioso y amplio terreno irrigable en Mendoza. Se embarcó en la Expedición Libertadora del Perú como médico jefe y como edecán de San Martín. Acompañó al general en su entrevista con el virrey José de la Serna, que él mismo gestionó, y posiblemente fue el autor de la idea de implantar en el Perú una dinastía de origen español. Fue premiado con la Orden del Sol y ascendido al grado de general de brigada. Tras la toma de Lima y la Declaración de Independencia del Perú, fue enviado junto a Juan García del Río en misión diplomática a Chile, Buenos Aires y Europa, para gestionar el reconocimiento de esa independencia, y posiblemente conseguir un rey para coronar en el Perú. No obtuvieron ningún resultado de sus gestiones en Buenos Aires, donde fueron humillados por la actitud prescindente del gobierno del ministro Bernardino Rivadavia. Al llegar a Londres recibieron la noticia de la renuncia de San Martín al gobierno peruano, lo que hacía inútil su presencia allí. No obstante, Paroissien se quedó en Londres, donde recibió a San Martín en la primera etapa de su exilio y le consiguió alojamiento. Regresó al Perú, donde se puso a órdenes de Simón Bolívar y acompañó al general Sucre en su entrada al Alto Perú. En abril de 1825 fue nombrado director de minería del gobierno peruano, con la misión de organizar las minas de Potosí. A fines de ese año volvió a viajar a Europa, para realizar consultas con especialistas y organizar la concesión de las minas de Potosí a alguna empresa europea. La independencia de Bolivia hizo inútil sus gestiones, por lo que regresó a ese país y fue nombrado director de minería por el presidente Sucre. También proyectó un canal que debía unir el Océano Pacífico con la cuenca del río Amazonas, y por ésta al Océano Atlántico. Su empresa minera quebró a fines de 1826 y perdió todos sus bienes, incluidos los terrenos concedidos por San Martín en Mendoza, como premio a su actuación en Maipú. Se embarcó en septiembre de 1827 hacia Valparaíso, pero falleció en el viaje hacia esa ciudad, donde fue sepultado. Fuente: Wikipedia.com.

Paucke, Florián. (Wiñsko, Polonia 24 de octubre de 1719 – Monasterio de Zwettl, Neuhaus 13 de abril de 1780) Fue un misionero jesuita polaco o alemán, que trabajó principalmente en la zona del Río de la Plata y dibujó y pintó las costumbres de la región. Los historiadores que biografiaron a Paucke no concuerdan totalmente en su nacionalidad ni en la forma en que se escribe el apellido. Lo nombran como Paucke o Baucke. Sobre su origen lo ubican, indistintamente, en Alemania o en Polonia. Sin embargo, coinciden en señalar como localidad de su nacimiento a Vincelgenun (en latín), Winzig (en alemán) o Wiñsko (en polaco), ubicada en el distrito Wolow (11 km. al este del río Oder). Nació el 24 de septiembre de 1719. No se conocen datos sobre sus padres ni de su vida hasta el 6 de octubre de 1736 cuando ingresa a la Compañía de Jesús. Estudió y enseñó Humanidades y Teología en Breslau. En 1748 solicitó ser misionero entre los indios americanos y partió hacia el Río de la Plata el 6 de enero de ese mismo año. Estaba ya tan identificado con su futura vivencia en América que agregó, después de su nombre y apellido: S.J. Missionarius Parag., esto es Misionero Jesuita del Paraguay. Realizó su tarea misional con los mocovíes del Chaco. Su especialidad fue la música; compositor y ejecutor de instrumentos como el violín, órgano, flauta traversa y trompa marina (con una sola cuerda gruesa y cuyo sonido era similar al del cuerno de caza). Logró interpretar la psicología indígena; introdujo la agricultura: caña de azúcar y yerba mate y abrió los talleres de fabricación de ladrillos, de herrería, cerrajería, estatuaria, curtiduría y zapatería; fundó, incluso, la primera escuela en las reducciones, que organizó. Aprendió el mocoví (idioma muy difícil). Sus biógrafos destacan su labor intensa y proficua en el Litoral Argentino. Falleció en Neuhauss (Baja Austria), el 13 de abril de 1780. Según Agustín Zapata Gollán, en el “Martín Fierro” y en “Don Segundo Sombra”, se observan tropillas y caballos, similares a los dibujados por Paucke. Dejó 13 dibujos en su primer volumen y 92 en el segundo. En el año 1935 se reprodujeron en la obra de Furlong: Iconografía Colonial Rioplatense, 1749 – 1767, 43 ilustraciones de Paucke, que reeditó Wernicke en Para allá y para acá, y en 1938 en Entre los mocovíes de Santa Fe y Entre los Abipones del Chaco, se reprodujeron 78 ilustraciones. Fueron coloreadas a mano, sobre fotos tomadas anteriormente; no se conocía el método de sacar fotos con los colores del original; las dos únicas que llevan los colores auténticos son la Carreta Paracuaria o sea carro de carga… y los Pájaros Acade. Otras reediciones: Historia de la Argentina, de Vicente Sierra (8 tomos); Historia de la Iglesia en la Argentina, del padre Cayetano Bruno (6 tomos); de Mario Buschiazzo la pintura de los indios construyendo una casa en la revista Argentina (junio – julio de 1971) se reprodujo en formato de 28 x 28 cms. el cuadro de los Mocobies haciendo el charque. En la portada del libro sobre los mocovíes, en tamaño natural y con los colores genuinos, según Paucke, la lámina de la Carreta. Fuentes: Wikipedia y http://www.folkloredelnorte.com.ar.

Payró, Roberto Jorge. Escritor y periodista argentino. Nació en Mercedes, Buenos Aires, el 19 de abril de 1867 y falleció en Lomas de Zamora, el 5 de abril de 1928. En la ciudad de Bahía Blanca fundó el periódico La Tribuna, donde publicó sus primeros artículos periodísticos. Al mudarse a la ciudad de Buenos Aires, trabajó como redactor del diario La Nación. Durante este tiempo tuvo oportunidad de viajar frecuentemente tanto al exterior como al interior del país. En 1895 se publicó una recopilación de sus artículos en el volumen Los Italianos en la Argentina. Sus diarios de viajes e impresiones dieron lugar a las novelas La Australia Argentina (Excursión periodística a las costas patagónicas, Tierra del Fuego e Isla de los Estados) y En las Tierra del Inti. Fue corresponsal en Europa durante la Primera Guerra Mundial. En sus novelas, se puede apreciar un lenguaje propio de la época, costumbrista e irónico. Utilizó personajes típicos y relató situaciones comunes, mostrando a los inmigrantes italianos o al pícaro criollo. En las Divertidas aventuras del nieto de Juan Moreira, cuenta la historia de un provinciano y su carrera política. También escribió novelas históricas, como El falso Inca y una serie de cuentos publicados bajo el nombre de Pago Chico. Como obra póstuma se cita Nuevos cuentos de Pago Chico, publicada al año siguiente de su fallecimiento. Fuentes: Wikipedia; varias.

Paz y Haedo, José María (Córdoba, Argentina; 9 de septiembre de 1791 – Buenos Aires, 22 de octubre de 1854) Fue un militar argentino que participó en varias guerras de la Argentina. Hijo de criollos; su padre era José Paz y su madre Tiburcia Haedo. Sus primeros estudios los realizó en la escuela de San Francisco. En 1804 se internó en el Seminario de Loreto, donde cursó filosofía y teología, para luego ingresar en la Universidad de Córdoba, terminando así su formación como bachiller de artes, con orientación en matemáticas, latín y jurisprudencia. Estos estudios potenciaron crecimiento intelectual y tonificaron su moral con una capacidad personal sobresaliente en los años por venir. Luego de la Revolución de Mayo abandonó los estudios para ingresar en el Ejército del Norte. El 12 de septiembre de 1811 recibió la orden de marchar al Alto Perú para incorporarse al Ejército del Norte. En 1812 venció junto a las tropas del General Manuel Belgrano en las batallas de Tucumán y Salta, como ayudante del Barón de Holmberg, secretario de Belgrano. Por su arrojado valor obtuvo la insignia de los defensores de la Patria, condecoración otorgada por el Segundo Triunvirato, y por ello fue ascendido al grado de capitán. Participó en las Batallas de Vilcapugio y Ayohuma, y en el combate de Venta y Media, todas derrotas para el Ejército del Norte. En la última de las mencionadas quedó herido e inutilizado de por vida su brazo derecho por heridas de bala. En tales circunstancias Paz hacía un reconocimiento de avanzada y se encontró con una partida de realistas; éstos, al reconocerle como patriota, le dispararon. Por esta invalidez se hizo conocido como El Manco Paz. En 1814, El Director Supremo Juan Martín de Pueyrredón, lo nombró al frente de los batallones de Dragones de la Patria, ascendiéndolo a coronel. En 1817, Manuel Belgrano recibió órdenes de acudir a luchar en contra de la guerra civil que venía convulsionando el centralismo porteño a un año de la declaración de la Independencia de 1816. El coronel Paz fue enviado a luchar a las órdenes de Juan Bautista Bustos contra Estanislao López, jefe de las fuerzas federales, en la batalla de La Herradura (Córdoba), donde fue vencido. El Director Pueyrredón ordenó a todos los ejércitos nacionales que hicieran deponer las armas a los federales. Hacia allí se dirigió el Ejército del Norte cuando, el 8 de enero de 1820, en las cercanías de Arequito, el general Juan Bautista Bustos, acompañado por los coroneles Alejandro Heredia y José María Paz, sublevaron a una parte importante del ejército que volvía a Buenos Aires. Sus esperanzas era entonces mantenerse apartados de un conflicto fratricida y enfrentarse nuevamente con los realistas. Con el Ejército a cuestas volvieron a Córdoba, donde Bustos se apoderó del gobierno de la provincia contra la posición de Paz y otros militares que intentaban dirigirse a la frontera norte amenazada por los españoles. Paz fue separado del ejército y enviado por Bustos a Santiago del Estero, donde permaneció dos años alejado de la política. En 1823 viajó a la provincia de Catamarca para instruir a doscientos soldados, llamándolos el Batallón de Cazadores. Los mismos que luego lo acompañaron a la Guerra Argentino-brasileña. La Argentina debía emprender la llamada Guerra del Brasil o Guerra Argentino-brasileña (conocida usualmente en Brasil como Guerra da Cisplatina) para liberar a la Provincia Oriental y a las Misiones Orientales, ocupadas por los luso-brasileños desde la derrota de José Artigas (Tacuarembó, 1820). El conflicto militar con el Brasil se inició abiertamente en 1825 y concluyó desventajosamente -pese a las victorias argentinas- en 1828. Durante este período Paz se destacó con su Regimiento de Cazadores en la Batalla de Ituzaingó, haciendo retroceder a los soldados brasileños y con sólo un centenar de hombres hizo rendir al enemigo. Por ello alcanzó el grado de general por disposición del general Carlos de Alvear. Al retirarse éste, le hizo entrega interinamente del mando del Ejército Nacional y fue nombrado Jefe del Estado Mayor General, pasando a ser el primer Comandante General de carrera en la Argentina. Luego de firmada la paz con Brasil, Paz regresó a Buenos Aires, donde el general Juan Lavalle lo nombró su Ministro de Guerra. Pero se dedicó a formar un ejército que lucharía contra los caudillos del interior. Allí fue cuando Paz decidió tomar partido por los unitarios. En sus escritos (especialmente en sus Memorias), relataba cómo no podía creer que simples estancieros pudieran declarar guerras o hacer batallas contra un gobierno central. No podía creer tampoco que la población los asistiera. Consideraba que en el Interior y en el Litoral, a diferencia de Buenos Aires que había sido profundamente influída por las ideas emanadas de la Revolución francesa, la estructura colonial estaba aún vigente, sólo que entonces existían caudillos como Güemes, Bustos, Quiroga, López, Aldao e Ibarra, que podíann hacer frente a un ejército constituido y derrotarlo. Estos caudillos representaban -en su opinión- al sistema totalitario. El General Paz puso en marcha su campaña contra los caudillos y eligió invadir primero Córdoba con una fuerza de más de mil hombres, principalmente de caballería y veteranos de la Guerra del Brasil y de la derrota unitaria de Puente de Márquez. Bustos se retiró al valle de San Roque (actual Lago San Roque), donde, tras varios días de negociaciones, Paz lo derrotó el 22 de abril de 1829 en la batalla de San Roque. Paz asumió como gobernador, pero Bustos pidió ayuda a Facundo Quiroga, quien vino en su auxilio. Sin embargo, éstos fueron derrotados en la Batalla de La Tablada los días 22 y 23 de junio de 1829; las dotes especiales de táctico y estratega de Paz se contraponían exitosamente al modo de combate desordenado de los caudillos. Después de la batalla, sus oficiales fusilaron a varios oficiales prisioneros. Debido a que los jefes federales de la sierra se negaron a reconocerlo, envió partidas militares al mando de Juan Esteban Pedernera y Juan Pascual Pringles a pacificar el oeste de la provincia, campaña en que se cometieron toda clase de excesos y atropellos. Algunos autores mencionaron hasta dos mil quinientos muertos. Para financiarse, recurrió al mismo método que condenaba en sus enemigos federales, reuniendo contribuciones forzosas entre los federales. A quienes se negaban a pagar, los mandaba a formar en el ejército como soldados. Incluso ordenó confiscar los bienes de Bustos. Exceptuando al gobierno de Lamadrid en la provincia de La Rioja, que era en realidad una invasión sin arraigo local, las provincias aliadas de Paz eran, en ese momento, Salta, Tucumán y Catamarca. Facundo Quiroga regresó nuevamente al año siguiente y volvió a ser vencido en la Batalla de Oncativo, lo que le hizo decor con admiración que Paz es un general que gana batallas con figuras de contradanza, en alusión a sus conversiones y flanqueos. Quiroga se exilió en Buenos Aires y Aldao fue tomado prisionero. Enseguida envió ejércitos hacia las provincias de los aliados de Quiroga para evitar que se rehicieran y volvieran al ataque. Así fueron invadidas Mendoza, San Juan, Catamarca, San Luis y La Rioja. Y unos meses más tarde, también la provincia de Santiago del Estero. A La Rioja envió a Lamadrid, éste saqueó los bienes personales de Quiroga, además de perseguir a su familia y cometer otros desmanes. Esto habría de provocar el regreso de Quiroga, que hasta entonces se consideraba definitivamente vencido y no quería seguir la guerra civil. Una vez cambiados los gobiernos enemigos por otros favorables, convocó a sus representantes, con los que formó la Liga Unitaria o del Interior. Se trataba de una alianza ofensiva y defensiva, con características de confederación inorgánica. No intentó formar un gobierno central ni reunir un congreso, sino sólo una unión de provincias a través de reuniones de delegados de los gobiernos. Paz logró que la Liga del Interior le otorgase el título de Jefe Supremo Militar, quedando las provincias completamente sometidas a su autoridad militar, civil e incluso judicial. En respuesta, los gobiernos del Litoral firmaron un tratado de alianza, el Pacto Federal, orientado a enfrentar a Paz y sus aliados. Entonces López avanzó lentamente hacia la frontera de Córdoba, mientras sus subordinados hacían breves campañas por el norte de la provincia. También el ejército de Rosas avanzó hacia Córdoba, al mando de Juan Ramón Balcarce. Quiroga cruzó el sur de Córdoba hacia Cuyo, y en Santiago del Estero, Ibarra volvió a la lucha. Las avanzadas federales derrotaron a la vanguardia de Paz en la batalla de Fraile Muerto, que obligó al gobernador a salir a campaña, con la intención de forzar a López a presentar batalla. Pero sorpresivamente, el 10 de mayo de 1831, mientras elegía el terreno en el que combatiría contra López, en unos bosquecillos próximos a la localidad de El Tío (en el noreste de Córdoba), fue alcanzado por las fuerzas federales. Estas iban ahora al mando de los hermanos Reynafé. Su caballo fue boleado por un soldado de apellido Ceballos y cayó prisionero. Entregado a Estanislao López, Paz fue trasladado a Santa Fe, donde comienzó una etapa de prisión que se extendería por ocho años; los primeros cuatro en Santa Fe, donde Rosas le pidió a López la cabeza de Paz. Este último se negó diciendo que Quiroga era huésped en Buenos Aires. Durante su cautiverio en la Aduana en Santa Fe, comienzó a redactar sus Memorias, allí, el 31 de marzo de 1835 contrajó matrimonio con su sobrina Margarita Weild, al quedar ella embarazada mientras le asistía en la prisión. Tras el asesinato de Quiroga, Paz fue entregado a Juan Manuel de Rosas, en una rara conjura política hasta ahora incomprendida, pero el caudillo santafesino ya se encontraba muy enfermo para lidiar con intrigas políticas. Pasó cuatro años más de cautiverio en Luján, provincia de Buenos Aires, hasta que en abril de 1839 se le otorgó la libertad vigilada, bajo juramento de mantenerse apartado de la oposición a Rosas. Pero las represalias posteriores a la derrota de la rebelión de Libres del Sur le hicieron temer por la vida de su esposa e hijos. Cuando era trasladado a Buenos Aires se fugó a Montevideo el 3 de abril de 1840. Rosas intentó que Paz no regresara a sus actividades militares, por lo que le ofreció una misión diplomática en el exterior, pero Paz rechazó la propuesta y incorporó al ejército de Juan Lavalle. Lo hizo a mediados de julio en Punta Gorda, en la costa entrerriana del Paraná, donde Lavalle reunía sus hombres para la campaña contra Buenos Aires. Lavalle se negó a recibirlo y, tras una breve batalla indecisa en Sauce Grande, decidió embarcarse hacia San Pedro, mientras aconsejaba a Paz dirigirse a Corrientes para reunir refuerzos para su campaña. Paz viajó a Corrientes (mientras Lavalle cruzaba el ejército correntino a Buenos Aires sin permiso del gobierno de esa provincia), y se encuentró en San Roque (Corrientes) con el gobernador Pedro Ferré. A los pocos días, a principios de agosto, fue nombrado jefe del ejército correntino. Las Memorias de Paz, escritas en su mayor parte poco después de esos sucesos, cuentan que en Corrientes tuvo que lidiar con todo tipo de problemas. Entre ellos, la retirada de Lavalle que lo dejó sin hombres útiles ni armas. Entonces rearmó un ejército de adolescentes (los escueleros de Paz, como los llamaban en esa provincia) y jóvenes con sólo doscientos fusiles de chispa, algunos barriles de pólvora vieja, y pocos viejos veteranos de sus Cazadores de la guerra contra el Brasil. Con este incipiente ejército al que llegó a disciplinar correctamente, venció al caudillo entrerriano Pascual Echagüe el 28 de noviembre de 1841 en la Batalla de Caaguazú, una de las más brillantes batallas que se han visto en suelo argentino – aún hoy materia militar de estudio – en donde la inteligencia beligerante del general José M Paz quedó en evidencia. Aprovechando la victoria, en 1842, tomó la ciudad de Paraná en persecución de Echagüe, internándose en Entre Ríos y haciéndose nombrar gobernador de esa provincia. Pero el gobernador Ferré, indignado por ese nombramiento, le retiró su apoyo y lo obligó al exilio en Montevideo, adonde se reunió con su familia ese mismo año. Al llegar a Montevideo la noticia de la batalla de Arroyo Grande, del 12 de diciembre de 1842, se lo nombró Jefe del llamado Ejército de Reserva (colorado), para poder hacer frente al ejército uruguayo de Manuel Oribe. Éste, apoyado por Rosas, sitió a los colorados en Montevideo, con lo que se inició la Guerra Grande en el Uruguay. Organizando eficazmente la defensa, Paz permaneció al frente de ese cuerpo hasta junio de 1844, en que pasó a Brasil. Desde allí comenzó su regreso a Corrientes, donde el nuevo gobernador, Joaquín Madariaga, lo nombró Director de la guerra contra Rosas. Su plan principal era atacar Entre Ríos, que estaba desguarnecido por la ausencia del gobernador Justo José de Urquiza, y si era posible llegar a Buenos Aires. Paz asumió el comando del que llamó Cuarto Ejército y aprovenchando que Rosas se negaba a reconocer la independencia de Paraguay, firmó con su presidente Carlos Antonio López el Tratado de Alianza y Convención Adicional del 11 de noviembre de 1845. Aquél envió en ayuda de Paz un pequeño ejército al mando del hijo, el después famoso Francisco Solano López, pero que nunca se llegó a unir a las fuerzas correntinas. En los primeros días de 1846, Urquiza y Servando Gómez invadieron Corrientes. Paz decidió repetir la hazaña de Caaguazú, retirándose lentamente para atraerlo a una trampa perfecta en un rincón en los esteros de Ubajay. Pero en el camino abandonó más de la mitad de la provincia al invasor, lo que fue muy criticado. El jefe de la retaguardia en la retirada, Juan Madariaga, se arriesgó en la batalla de Laguna Limpia, donde fue derrotado completamente y tomado prisionero. Urquiza siguió avanzando hasta enfrentar la posición defensiva de Paz. Pero, sabiendo por la correspondencia que había tomado en la batalla cuáles eran sus intenciones, retrocedió hasta Entre Ríos, sin que Paz lo persiguiera. Enseguida entró en negociaciones con el gobernador correntino por medio de su hermano, negociaciones interrumpidas por Paz, que se negaba a pactar nada. Los amigos de Paz en la legislatura depusieron a Madariaga, pero el gobernador contraatacó rápidamente y obligó al general a huir a Paraguay, en marzo de 1846. Sin Paz de por medio, Urquiza y Madariaga firmaron el Tratado de Alcaraz, pero éste fue rechazado por Rosas. Urquiza atacó entonces y derrotó a los Madariaga a fines de 1847. Mientras tanto, Paz terminó asilado en Río de Janeiro. Sumergido en la pobreza, se estableció en el campo como granjero. Allí murió su esposa el 5 de junio de 1848, durante el alumbramiento de su noveno hijo, dejando a Paz con la tarea de crianza de los niños, de los cuales seis murieron a temprana edad. En ratos libres completó sus Memorias, que había comenzado en sus años de prisión. Con el tiempo llegó a la convicción de que Rosas terminaría derrotado por sus propios subalternos. Cuando se enteró del pronunciamiento de Urquiza contra Rosas, viajó a Montevideo, donde esperó el desenlace favorable. Ya en Buenos Aires, Urquiza se quejó por su presencia pero a pesar de todo lo designó brigadier general de la Confederación Argentina. Después de la revolución unitaria del 11 de septiembre de 1852, el gobernador Manuel Guillermo Pinto le encargó una misión en las provincias del Interior. Debía atraerlas hacia la causa de Buenos Aires, para formar un Congreso Constituyente dominado por los liberales y (sobre todo) por la provincia de Buenos Aires, la provincia rebelde que se negaba a participar de la sanción de la Constitución Argentina de 1853. Los gobernadores las provincias de Santa Fe y Córdoba le prohibieron entrar en ellas, por lo que el gobernador Valentín Alsina lo puso al mando de un ejército para invadirlas, con sede en San Nicolás de los Arroyos. El sitio de Buenos Aires por parte de Hilario Lagos lo obligó a regresar a la capital, donde fue nombrado ministro de guerra. Organizó exitosamente la resistencia porteña, que haría fracasar el sitio y prolongaría la separación de Buenos Aires con el resto del país por casi una década. A pesar de su desacuerdo con el Congreso Constituyente de la provincia de Buenos Aires, fue elegido miembro del mismo, al que no asistió asiduamente por algunos problemas de salud. El 11 de abril de 1854, día de la aprobación y firma de la Constitución provincial, estuvo presente para expresar a Bartolomé Mitre su desacuerdo por el documento que proclamaba a Buenos Aires Estado Independiente. Ese fue su último acto político: meses más tarde murió siendo enterrado con los más altos honores de la Patria. Durante la presidencia de Domingo F. Sarmiento, sus restos fueron llevados a la Catedral de Córdoba junto a los repatriados restos de su esposa. Gran parte del límite seco entre la Ciudad Autónoma de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires lleva en su homenaje el nombre de Avenida General Paz. Fuente: Wikipedia.com.

Pellegrini, Carlos Enrique José. (Buenos Aires, 11 de octubre de 1846/ Buenos Aires, 17 de julio de 1906). Abogado y político, fue Senador Nacional, Diputado Nacional, Vicepresidente de Argentina en 1886-90 y Presidente en reemplazo del renunciante Juárez Celman en 1890-92. Personaje contradictorio como pocos, así lo describe Mauricio Lebedinsky en La década del 80 – Una encrucijada histórica (Editorial Siglo XX, Buenos Aires, 1967): … Pellegrini (…) mitrista; alsinista en el Congreso; proclamando a Tejedor contra Avellaneda; ministro de Avellaneda; opositor de Roca hasta querer transar con los sublevados de Buenos Aires; rochista enemigo de Rocha; ministro de Roca; porteñista exaltado; vicepresidente de Juárez; aliado de los mitristas, ¡usando sin miramientos todos los colores del camaleón!, como lo retrata El Mosquito…. Fuentes: La mencionada y varias.

Pellicer de Ossau Salas y Tovar, José. Nació en Zaragoza el 26 de abril de 1602 y murió en Madrid el 16 de diciembre de 1679. Fue un historiador, filólogo y poeta español, de origen aragonés, que se destacó por sus comentarios a la obra poética de Luis de Góngora, de la que fue uno de sus más cualificados exégetas. Fue Cronista Mayhor de Castilla, y posteriormente de Aragón, con lo que se le reconoció su labor como historiador. Cultivó asimismo la poesía, en la que adoptó el estilo gongorino. Nacido de noble familia originaria del Valle de Tena (Huesca), hijo primogénito, y como tal, señor de las casas de Pellicer y de Ossau. Había estudiado Gramática en Consuegra con Juan García Genzor, trasladándose más tarde a Salamanca, en cuya Universidad estudió Cánones y Leyes. Más tarde marchó a Madrid, donde estudió Filosofía en la Universidad de Alcalá de Henares. Se casó con Sebastiana Ocáriz, con la que tuvo muichos hijos y enviudó, para casarse nuevamente a los 63 años. Fue un excelente latinista, y conocía bien el hebreo, el griego clásico, el italiano y el francés, es decir, las principales lenguas de cultura de la época (aunque de ello se burló Lope de Vega en su Laurel de Apolo, pues el personaje era también bastante vanidoso). Gozó de gran fama, y en 1629 fue nombrado Cronista de los Reinos de Castilla y en 1637, Cronista de Aragón, cargos que habían desempeñado ilustres antecesores, como Jerónimo Zurita o Lupercio Leonardo de Argensola y su hermano Bartolomé Leonardo de Argensola. En 1640 fue nombrado Cronista Mayor del Rey, al servicio de Felipe IV. Experto genealogista, actividad muy apreciada en su tiempo, destacó también como historiador y escritor de obras literarias. Como literato, además de sus escritos gongorinos, fue autor de poemas de tema mitológico, como El Rapto de Ganímedes (1624) en ciento veinte coplas, o El Poema de Lucrecia (1622), de asunto histórico. Tradujo en 1626 el poema Argenis y Poliarco de John Barclay, obra leída y admirada por Baltasar Gracián. Se lo considera uno de los precursores del periodismo en España, con sus Avisos históricos, que relatan sucesos de actualidad ocurridos de mayo de 1639 a noviembre de 1644, en parte recopilados, en forma de antología, por el profesor Enrique Tierno Galván. Los Avisos históricos recogen un amplio caudal de noticias de carácter nacional e internacional que suponen una importante fuente de información política y social de unos años clave para la monarquía española presididos por las sublevaciones de Cataluña y de Portugal. Sin embargo, José Pellicer pasó a la historia de la literatura como comentarista de las obras mayores de Góngora, con sus Lecciones solemnes a las obras de don Luis de Góngora y Agote, publicadas en 1630. Allí defiende la exactitud diáfana de la Fábula de Polifemo y Galatea y de Las Soledades gongorinas, que habían sido despreciadas por quienes las consideraban oscuras, intrincadas e ininteligibles, y consigue aclarar, en un ejercicio de exégesis, que sólo era dado realizar a autores ya clásicos, cada uno de los pasajes difíciles del genio cordobés, incluidos el Panegírico del Duque de Lerma y la Fábula de Piramo y Tisbe. Como Cronista, su actividad fue bastante resistida y criticada, distinguiendo al escritor sus opositores como Pellizcar y tomar, en reemplazo de Pellicer y Tovar, con lo que querían significar su escasa originalidad y su aparente costumbre de adoptar textos ajenos. Fuente: Wikipedia.

Perdriel, Gregorio Ignacio. (Córdoba, Argentina, 1785 – † Buenos Aires, 1832) Militar argentino que participó en la lucha contra las invasiones inglesas y en la guerra de la independencia de su país. Era hijo de Julián Perdriel, escribano mayor de la Intendencia de Córdoba del Tucumán, y de María Josefa Garay de Islas. Su padre viajó a Buenos Aires acompañando al virrey y ex gobernador Rafael de Sobremonte, de modo que estudió y residió el resto de su vida en Buenos Aires. Se dedicó al comercio en su juventud. En la chacra de su familia, alquilada por Martín de Álzaga al producirse la primera de las invasiones inglesas, se organizaron las fuerzas que reconquistaron Buenos Aires en agosto de 1806; entre ellos iba Gregorio Perdriel, con el grado de teniente. Se enroló en el Regimiento de Patricios y luchó en la Defensa. En 1810 era capitán, y participó en la campaña de Manuel Belgrano al Paraguay. Fue ascendido al grado de mayor, y comandó la mayor parte de las tropas de infantería en las batallas de Campichuelo, Paraguarí y Tacuarí. Después de la derrota pasó al sitio de Montevideo, con el grado de teniente coronel. A fines de 1811 fue destinado al Ejército del Norte, y como jefe accidental del Regimiento de Patricios luchó en Las Piedras, Tucumán y Salta, y por su brillante comportamiento fue ascendido a coronel en mayo de 1813. Comandó el Regimiento de Patricios en las batallas de Vilcapugio y Ayohuma, regresando a Buenos Aires después del fracaso de la segunda expedición auxiliadora al Alto Perú, reemplazado en el mando de los Patricios por Carlos Forest. En Buenos Aires se enroló en la Logia Lautaro, en la facción de Carlos María de Alvear. A principios de 1815, Alvear desautorizó al gobernador de Cuyo, general José de San Martín, para la formación del Ejército de los Andes, de modo que éste decidió presionar presentando su renuncia a la gobernación. Alvear se la aceptó de inmediato, y el 8 de febrero nombró en su reemplazo al coronel Perdriel. Pero el cabildo de Mendoza — también el de San Juan unos días más tarde — se negó a aceptar que reemplazaran a San Martín. El cabildo envió un mensaje oficial a Perdriel, que éste recibió a su paso por San Luis, pidiéndole que no entrara en Mendoza, mientras se recibía la respuesta de Buenos Aires al pedido de que San Martín continuara en el gobierno. Sin escuchar el consejo, Perdriel entró en Mendoza y pretendió imponer su autoridad. El resultado fue que entró en conflicto con las autoridades locales y con la población: hubo serios disturbios y un motín lo obligó a huir, llegando de regreso a Buenos Aires el 5 de mayo, cuando ya Alvear había sido depuesto como Director Supremo. Fue nombrado vocal de la Comisión Militar. El 14 de febrero de 1816, Perdriel solicitó y obtuvo su retiro del ejército con goce de fuero y uso de uniforme. En noviembre de 1818 fue nombrado comandante de la fortaleza y casa de gobierno de Buenos Aires, cargo un tanto ambiguo y casi puramente ceremonial. En 1819, el nuevo Director Supremo, José Rondeau, lo nombró jefe de la frontera con los indios. Más tarde participó en la campaña contra Santa Fe desde la retaguardia. No tuvo problemas, pero ocupó el cargo sólo hasta la batalla de Cepeda. Durante los hechos de la Anarquía del Año XX, fue uno de los oficiales de mayor graduación de la facción de Alvear, que empeoraron bastante el desorden reinante. Luchó en la batalla de San Nicolás y fue llevado preso a Buenos Aires. Recobró la libertad en octubre, durante la revolución de Manuel Pagola, y huyó a Montevideo. A fines de ese mismo año fue indultado, pero de todos modos no volvió a tener mando de tropas. Fue incluido en la reforma militar de Bernardino Rivadavia y dado de baja en febrero de 1822. Simpatizó con la revolución de Tagle, pero no participó en ella. Entre abril y septiembre de 1824 fue incorporado a la marina de guerra. Fue electo diputado a la legislatura porteña el 22 de julio de 1827, y fue uno de los que eligió gobernador a Manuel Dorrego, quien lo nombró jefe de policía de la capital el 29 de diciembre de 1827. Presentó su renuncia como jefe de policía al gobernador intruso Juan Lavalle en duros términos, de modo que fue deportado a Montevideo. Regresó después del pacto de Barracas, y el nuevo gobernador Juan José Viamonte lo nombró nuevamente jefe de policía en septiembre de 1829. Continuó ocupando el cargo de jefe de policía durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas; éste solicitó su ascenso al grado de brigadier general en diciembre de 1831; pero antes de que la resolución fuese aprobada por la Sala de Representantes, Perdriel falleció el 3 de marzo de 1832, enfermo de cólera. Fuente: Wikipedia.com.

Pérez de Guzmán -el Bueno- y Zúñiga, Alonso. (Sanlúcar de Barrameda 1550-1615), XII Señor de Sanlúcar, X Conde de Niebla, VII Duque de Medina Sidonia, y V Marquéz de Cazaza, fue un Noble militar español perteneciente a la Casa de Medina-Sidonia. Fue comandante en jefe de la Armada Española y la dirigió durante la trágica aventura de la conocida Armada Invencible. El séptimo duque fue prometido en 1556 con Ana de Silva y Mendoza, hija de la princesa de Éboli, que tenía en ese momento cuatro años. En 1572, cuando la duquesa tenía algo más de 10 años, el Papa concedió una dispensa para la consumación del matrimonio. En 1581 fue nombrado caballero de la Orden del Toisón de Oro y capitán general de Lombardía. Alonso fue también el patrón de Jerónimo Sánchez de Carranza, que escribió el primer texto sobre el sistema de lucha española con espada, llamado Verdadera destreza. Fue asimismo su paje Alvar Núñez Cabeza de Vaca, luego exitoso conquistador en tierras de Norteamérica y Adelantado del Río de la Plata. Felipe insistió en nombrar al VII Duque Capitán General del Mar Océano. Fue obligado a ir a pesar de su confesada inexperiencia, falta de capacidad para el mando de tropas y de sufrir mareos constantes cuando se encontraba embarcado. Su gobierno de la Armada justificó aquellas súplicas. Llegó a acusárselo de mostrar falta de coraje y volvió enfermo por los sufrimientos de la campaña. El duque retuvo sus títulos de Almirante del Océano y Capitán General de Andalucía, incluso pese al desprecio que expresó por él la nación entera. Cuando una flota anglo-holandesa tomó y saqueó Cádiz en 1596, su lentitud y timidez fueron en gran parte responsables de la pérdida de la plaza. Fue ridiculizado por Cervantes en uno de sus inmortales sonetos. Aún así, el favor real continuó incluso con el sucesor de Felipe II. En 1606 la obstinación y torpeza del duque causaron la pérdida de una escuadra en las cercanías de Gibraltar por parte de los holandeses. Fuente: Wikipedia y otras.

Perón, Eva. Admitido que la partida de nacimiento de María Eva Duarte fue falsificada en oportunidad de su casamiento con Perón, cabe recordar una de las tesis sobre su verdadero nacimiento. Esta sostiene que Eva nació en el campo La Unión en el área de Los Toldos, exactamente enfrente a la toldería de Coliqueo que originó el asentamiento, en la zona conocida por ese motivo como La Tribu. Este lugar se encuentra a unos 20 km del pueblo de Los Toldos y a 60 km al sur de la ciudad de Junín. El campo era propiedad de Juan Duarte y allí vivió la familia de Eva, al menos desde 1908 hasta 1926. Los historiadores Borroni y Vacca dieron origen a esta hipótesis y determinaron que la comadrona mapuche Juana Rawson de Guayquil, fue quien habría asistido a la madre en el parto, al igual que con todos sus otros hijos. Singular personalidad mundial del Siglo XX, abandonó una promisoria carrera como actriz de teatro, cine y radio, medio en el que destacó en varios ciclos escritos por Francisco Muñoz Azpiri, para abonarse por entero a la actividad política y social en el marco de las profundas transformaciones emprendidas por el peronismo. Esposa y compañera de Juan Perón, creó y encabezó la Fundación Eva Perón, desde la que llevó a cabo una portentosa labor de reparación social, atendiendo las necesidades de los más desposeídos, haciendo particular hincapié en los niños, los ancianos y las mujeres solas. Promotora del derecho al voto de la mujer, reclamo femenino de larga data, consiguió en 1947 la sanción de la ley 13010 que permitió a las mujeres acceder a las urnas, participando políticamente en el sistema democrático argentino. Posteriormente, la reforma constitucional de 1949 legalizó la participación de las mujeres que por primera vez votaron el 11 de noviembre de 1951, en elecciones a nivel nacional. En esta oportunidad, veinticuatro bancas de diputados y nueve de senadores, fueron ocupadas por mujeres. Entonces la propia Eva Perón pudo por primera vez emitir su voto, haciéndolo en su lecho de enferma. Fue autora de La razón de mi vida y de Mi mensaje, auténtico testamento político que dictó durante sus meses de agonía. Abatida por el cáncer, La Abanderada de los Humildes falleció el 26 de julio de 1952, a los treinta y tres años de edad. Su vida fue muy breve pero, tan intensa y apasionada, que su recuerdo permanece indeleble en el alma popular. Fuentes: Varias y elaboración propia.

Perón, Juan Domingo. Nació en Lobos, Argentina, el 7 de octubre de 1893 y murió en Olivos el 1° de julio de 1974. Fundador del movimiento peronista y consecuentemente del Partido Nacional Justicialista. Aunque se trata de una biografía de conocimiento generalizado, no podíamos dejar pasar la oportunidad sin consignar algún comentario vinculado con los orígenes de Perón. Pretensión a la escasamente se recurre. Es que insistir en ello tiene que ver con sumar definitivamente a los antiguos a una Patria Grande, moderna, justa y laboriosa, considerándonos todos hermanos. Como en su tiempo lo sugirió San Martín, que al parecer sabía que su madre genética –Rosa Guarú- era una india guaraní. Algo similar sucedió con Perón, nieto por parte de madre de Mapuche y Quichua: un perfecto mestizo. Alguna teoría, seguramente inspirada por la desbordada importancia de la frontera entre Argentina y Chile, ha preconizado que Perón era un tehuelche. Como si todo lo nacido al oriente del Ande fuera tehuelche y mapuche lo occidental. Un verdadero disparate. Doña Juana Sosa, muerta durante la segunda presidencia de su hijo, era una mujer de campo. Cabalgaba ágilmente hasta su edad avanzada; organizaba yerra y enlazaba; asaba; cuentan que amasaba unas empanadas de carne sin parangón en la zona. Fuentes: Varias y propia elaboración.

Pichi Yanquetruz. Sobrino de Yanquetruz (5), el viejo, que gobernó a las tribus que habían ocupado Salinas Grandes antes de la llegada de Calfucurá, luego de la muerte de Pichuñ y hasta que Baigorrita –por decisión del propio Coronal Baigorria- tuvo edad de hacerlo y se constituyó en segunda toldería central de los ranqueles. Fuente: El linaje de los Yanketruz.

Pichuñ. O Pichuñ-Wala. Hijo de Yanquetruz (5) ranquel, que no sucedió a su padre en el gobierno de su parcialidad pese a ser lanza brava y hombre de consejo. Los ranqueles prefirieron entonces a uno de los suyos. Sus hermanos eran Carripilun, Pailla y Payñepil. Fueron hijos de Pichuñ: Baigorrita (ahijado del aindiado Coronel Baigorria), Guichalanquen, Cayupi, Llanquin, Fernández, Lucho, Carruen y ¡otro! Yanquetruz. Fuente: El linaje de los Yanketruz.

Piedrabuena, Luis. (Carmen de Patagones, 24 de agosto de 1833 – Buenos Aires, 10 de agosto de 1883) Militar argentino que llegó al grado de Comandante de Marina. Desde su infancia, junto al puerto y al río Negro, el mar tuvo fuerte impronta sobre su carácter. De niño fue grumete del capitán de la marina mercante Lemón, y consiguió permiso de sus padres para llevarlo en largas zarpadas. En 1848, con goleta propía, Piedrabuena tocó las Islas Malvinas para cargar víveres y luego continuar hacia el Cabo de Hornos. Llegó al continente antártico cazando ballenas y regresó luego a su ciudad natal, Carmen de Patagones. En 1849 zarpó de Montevideo rumbo a Tierra del fuego, como oficial, para aprovisionar a los misioneros ingleses. En este viaje lleva a cabo un acto heroico, al rescatar mar afuera a catorce náufragos. En 1850, como primer oficial de la goleta Zerabia, llevó lanares y vacunos a las Islas Malvinas, volvió a la Antártida, navegó los canales fueguinos y conoció a los pueblos tehuelches, tratando de inculcarles el sentido de la patria… En 1854, nuevamente Piedrabuena auxilia a 24 náufragos durante un temporal. En 1855, al mando de la goleta Manuelita, armada por Smiley, rescata de la muerte en Punta Ninfas a la tripulación d ela barca ballenera estadounidense Dolphin. En 1859, al remontar el río Santa Cruz, llegó a una isla que denominó Pavón. Allí instaló una factoría, mientras habilitaba un puesto de apoyo en Puerto Cook (Isla de los Estados), frente a Tierra del Fuego. En 1860 cuenta con su propio buque, la goleta Nancy, que armó para defender el territorio y las costas del sur patagónico. En 1862 armó en la Isla de los Estados un pequeño refugio: San Juan de Salvamento, izando en él la bandera nacional. En 1863 arriba a la Bahía de San Gregorio, en el Estrecho de Magallanes, y hace amistad con el cacique Casimiro Biguá, trasladándolo a Buenos Aires, y consiguiendo luego que las autoridades nacionales lo nombren Cacique de San Gregorio. Piedrabuena obsequió a Casimiro el pabellón de su barco, que por entonces había rebautizado como Espora. De regreso al sur, escribió sobre un peñasco del Cabo de Hornos: Aquí termina el dominio de la República Argentina. En 1868, el gobierno otorga a Piedrabuena las primeras concesiones de tierra en el Sur, representadas por las islas Pavón y De los Estados. Ese mismo año contrajo matrimonio con Julia Dufour, con la que tuvo cinco hijos; esta valiente mujer, fallecida muy joven, fue la primera blanca que pisó suelo de Santa Cruz. En marzo de 1873 viajó con la goleta Espora a la isla de los Estados y allí lo sorprendió un terrible temporal que abatió la nave contra las rocas. Con los restos del naufragio y mediante ardua tarea, construyó el pequeño cúter Luisito, navegando hacia Punta Arenas. Desde allí volvió para salvar a los náufragos del buque Eagle y del Dr Hanson. Alemania premió este acto de arroyo y envió a Piedrabuena un manífico anteojo, en un estuche cuya plaqueta rezaba: Nosotros, Guillermo, por la Gracia de Dios, Emperador de Alemania y Rey de Prusia: Consideramos esta caja como recuerdo de gratitud al capitán D Luis Piedrabuena, del buque argentino Luisito, por los servicios prestados en el salvamento de la tripulación del Dr Hanson, naufragado en octubre de 1874. En 1882 intervino con la Cabo de Hornos en la expedición científica a la Patagonia meridional, del marino italiano Giácomo Bove. El viaje tuvo una duración de ocho meses y reconoció como centro principal de observación la isla de los Estados, que el gobierno había otorgado a Piedrabuena. En 1882 el presidente Roca, otorgó a Piedrabuena el grado efectivo de teniente coronel de la Marina de Guerra. El 10 de agosto de 1883 falleció en Buenos Aires, mientras se aprestaba para efectuar una nueva navegación hacia el sur. Escribió varias memorias que presentó al Gobierno Nacional, y estableció relaciones amistosas con las tribus de la Patagonia, a las cuales trató de inculcar por diversos medios el sentimiento de nacionalidad. Fuente: Wikipedia.

Pigafetta, Antonio. Antonio Pigafetta o de Pigafetta, nació en Vincenza (Italia) en 1441, y murió en su ciudad natal en 1531. Fue explorador, geógrafo y cronista italiano, acompañando a Fernando de Magallanes en su circunnavegación del globo. Su crónica de los hechos es la principal fuente de información sobre el viaje, y el primer documento disponible en Europa acerca del idioma filipino. Fue uno de los dieciocho hombres, de entre doscientos sesenta en la tripulación inicial, que sobrevivieron al viaje iniciado por Magallanes. Pertenecía a una rica familia de Vicenza; desde su juventud estudió astronomía, geografia y cartografía. Prestó servicios a bordo de las galeras de la orden de Rodas a comienzos del siglo XVI. Hacia 1519 acompañó al nuncio papal, Chieregati a España, donde fue presentado al emperador Carlos I. En Sevilla supo del proyecto de Magallanes y logró ser admitido a bordo como pasajero de pago. Pese a dificultades iniciales con Magallanes, logró ganar su confianza y le sirvió como lenguaraz y cartógrafo. Durante el viaje, Pigafetta recopiló numerosos datos acerca de la geografía, el clima, la flora, la fauna y los habitantes de los lugares recorridos; su minucioso relato fue un documento de gran valor, sobre todo por sus apuntes de náutica y lingüística. Tres años después de su partida, recogió sus experiencias en Relazione del primo viaggio intorno al mondo, compuesto en italiano, que fue publicada en Venecia en 1536. Fuentes: La mencionada y varias.

Pincén, Vicente. El fotógrafo italiano Antonio Pozzo tomó cinco fotografías de Pincén, cuando éste tenía setenta años y había sido apresado por las tropas roquistas. El estudio fotográfico estaba ubicado en la actual esquina de Hipólito Yrigoyen y San José. Corría 1878 y el coronel Villegas le comunicaba por telegrama al nuevo ministro Roca (había fallecido Alsina), la final captura del feroz Pincén, azote del oeste y norte de la provincia. Se había sentado al jefe ranquel sobre un maturrango, ayudado por su sobrino el capitanejo Mariano, y las manos atadas a la espalda con un tiento, fue entrado a Trenque Lauquen, donde acampaba Villegas. Recordó después la nieta del lonko, Martina Pincén de Cheuquelén: Estábamos todos nosotros (en Trenque Lauquen) cuando vino el General (Villegas) y le habló, y el abuelo dijo: ¡No me maten! Pero después dijo: Si me van a matar, que se salve mi familia. El cacique se paró, alto como era, blanco, estaba vestido de gaucho; chiripá y bota de potro, camiseta, camisa blanca. Y lo sacaron así, con camisa y todo. Se lo llevaron. Estaban allí todos, la finada mamá, mi tía María. Se lo llevaron.. Pincén había liderado por largos años una tribu de no más de 1500 indígenas con tolderías en Toay, a unos 220 km al oeste de Guaminí. Según Estanislao Cevallos, Pincén había nacido en Carhué e hizo su fama mediante prácticas de robo y abigeato, traficando ganado argentino hacia Chile. En La lanza rota (1951), Dionisio Schóo Lastra cuenta que las ancianas de la tribu de Pincén recordaban que el cacique era hijo de una cautiva cordobesa de Río Cuarto y que de ella había heredado el ser ladino (o lenguaraz) y la audacia que siempre mostró. El mismo autor cuenta que esa cautiva de Río Cuarto se enamoró de un joven capitanejo que tenía por vocación amansar fieras, dedicándose a la crianza y adiestramiento de pumas, razón por la que lo llamaban Ayllapan. Ese fue el padre de Pincén, gran cazador y adiestrador de pumas. Fuentes: Las mencionadas y Calfucurá. La conquista de las pampas.

Pinto, Manuel Guillermo. Nació en Buenos Aires en junio de 1783 y siendo muy joven, viajó a España para cursar estudios de derecho. Regresó a Buenos Aires en 1806, y se enroló como oficial para pelear contra las invasiones inglesas como oficial del Batallón de Artillería de la Unión. En 1810 participó del Cabildo Abierto que decidió la deposición del Virrey. Formó parte del Ejército Auxiliar, y luchó en Suipacha y Huaqui. Fue enviado en misión diplomática a Europa, pasando un período en Londres y otro en Cádiz; desde allí retornó a Londres, donde arregló el viaje de los futuros generales San Martín y Alvear a Buenos Aires. Regresó a su ciudad poco después que ellos, y asumió el mando de un regimiento de artillería; con éste participó con San Martín en la revolución de 1812, que derribó al Primer Triunvirato y elevó al Segundo. Se incorporó a la Logia Lautaro. Al año siguiente se unió al sitio de Montevideo y luego a la campaña de Alvear y Manuel Dorrego contra Artigas en 1815. Fue ascendido a coronel. El director José Rondeau lo envió en 1819 a pactar una alianza contra los federales con el general portugués Lecor, que ocupaba la Banda Oriental. Luego se incorporó al Ejército del Norte, que bajaba de Córdoba hacia Buenos Aires, pero fue arrestado al producirse el Motín de Arequito. Participó en la represión de los alzamientos populares durante la anarquía del año 1820, aunque le tocó un corto período de arresto en la isla Martín García. Fue presidente de la legislatura provincial entre 1821 y 1824. Fue diputado en el Congreso Nacional de 1825 representando a Misiones, provincia que no conocía. Se opuso a la revolución de Juan Lavalle en 1828, y combatió del lado de Juan Manuel de Rosas. Volvió a la legislatura en las elecciones de 1829, y fue presidente de ella desde 1833; por esa época fue ascendido a general. Como presidente de la misma en 1835, votó la elección de Rosas y refrendó la entrega de la suma del poder público. Se retiró de la política al año siguiente, y permaneció en la ciudad de Buenos Aires, dedicado al comercio. Fuentes: Varias.

Piza, Cristina de. ó Christine de Pizan, ó Christine de Pisan, nacida en 1364 en Venecia y muerta hacia 1430 en el monasterio de Poissy, fue una poetisa medieval francesa. Pasó su infancia en la corte del rey Carlos V de Francia, de quien posteriormente escribió una biografía. Al cabo de diez años de matrimonio con el secretario de la corte, Étienne du Castel, enviudó a la edad de veinticinco años. Consiguió mantener a su familia (tres hijos) gracias a sus escritos y pasó varios años pleiteando para recuperar su herencia. Sus primeros poemas, baladas de amores perdidos, transmitían la tristeza de su prematura viudedad, y se hicieron populares de inmediato. Las obras en prosa defendiendo a las mujeres frente a las calumnias de Jean de Meung en el Roman de la Rose incluyen Epístola al dios del amor (1399), que fue escrita para oponerse a las actitudes cortesanas con respecto al amor, y La ciudad de las damas (1405), una relación de las hazañas heroicas de las mujeres. Su autobiografía, La visión de Christine (1405), la escribió como réplica a sus detractores. Una de sus últimas obras es Canción en honor de Juana de Arco. Sus poemas se organizan en colecciones que siguen una trama narrativa, muchos de los cuales están extraídos directamente de su experiencia personal como Seulette suy el suélete vueil estr (Solita estoy y solita quiero estar). Estuvo implicada en la primera polémica literaria francesa, con lo que algunos consideran un rudimentario manifiesto de movimiento feminista. Así, la Epístola al Dios de Amores (1399) y su Dicho de la Rosa (1402), critican la segunda parte del Roman de la Rosa, escrita por Jean de Meung, que había provocado un considerable revuelo entre la intelectualidad de la época. Este tipo de argumentos era considerado en su tiempo escandaloso: Y juran fuertes y prometen y mienten/ Ser leales, secretos, y luego alardean. Tampoco dudó en opinar sobre política en la Epístola a la reina Isabel, y sobre la justicia militar en el Libro de los hechos de armas y de caballería. Fuente: Wikipedia.

Plüschow, Gunther nació el 8 de febrero de 1886, en Múnich, Alemania y murió en un accidente con su hidroavión el 28 de enero de 1931, en Lago Rico, a 70 km de Calafate, Provincia de Santa Cruz, Argentina. Aproximadamente a 10 km del lugar del accidente, hay un monolito en la entrada del Parque Nacional Los Glaciares que recuerda las razones del cariño y respeto con que se menciona su nombre en la Patagonia: fue un pionero de la aviación alemana y de la Patagonia, navegante, héroe de la Primera Guerra Mundial, escritor, fotógrafo, periodista y cineasta. No por azar se le conoce como uno de los pioneros de la aviación magallánica, pues no sólo fue el primero que sobrevoló Tierra del Fuego y el cabo de Hornos, sino que fijó su residencia en Punta Arenas y Puerto Natales durante los años que sobrevoló la región con su hidroavión. Sobre todo en estas dos ciudades Plüschow se granjeó la amistad de un buen puñado de chilenos y alemanes o descendientes de ellos que residían en esa región. En uno de los últimos párrafos de su libro de bitácora, hallado junto a su cuerpo a escasas horas del accidente que le costó la vida, se lee: Hace pocas horas una furiosa corriente de aire nos ha obligado a descender en un lago de 300 m de ancho y paredes de piedra de 800 m de altura. ¡Debemos salir de este encierro! Fuente: Wikipedia.

Ponce de León, Juan. Nacido en Santervás de Campos, Valladolid, se cree que el 8 de abril de 1460 y muerto en Cuba en julio de 1521, fue el conquistador español de Puerto Rico y descubridor de Florida. De ascendencia noble, fue paje en la corte de Fernando el Católico, y combatió en la conquista del reino de Granada. Se duda si su primer viaje a América lo hizo con Cristóbal Colón en 1493 o con Ovando en 1502. En todo caso, colaboró con este último en la conquista de la Española, recibiendo el encargo de conquistar la cercana isla de San Juan Bautista o Borinquén (Puerto Rico) en 1508. A pesar de la oposición de Diego Colón, consiguió ser nombrado gobernador en 1510. La isla se sometió sin dificultad, merced a la conversión del cacique Agüeybaná. Ponce de León pudo dedicarse entonces a la fundación de ciudades y a la explotación de oro. Pero, tras la muerte del cacique, los amerindios se sublevaron contra la dominación española y el régimen de encomiendas, al que se les había sometido. Tras una dura lucha, Ponce de León se impuso a los nativos y tomó sangrientas represalias. Más tarde descubrió una zona al norte a la que llamó La Florida, ya que fue descubierta el día del Domingo de Resurrección, llamado en España Pascua Florida, por tocar siempre en el principio de la primavera. Se pasó el resto de su vida buscando la fuente de la eterna juiventud, que según una leyenda se encontraba en ese lugar. Fuente: Wikipedia.

Pueyrredón, Juan Martín de. (Buenos Aires, 18 de diciembre de 1776 – id., 13 de marzo de 1850) Fue un militar y político argentino. Hijo de un comerciante francés, no pudo terminar sus estudios y en 1795 fue enviado a Cádiz, España, para asumir las responsabilidades del negocio de la familia después de la muerte de su padre. Pasó los años siguientes viajando por Francia y España. Regresó a su ciudad natal en 1805, habiendo ya reunido una fortuna considerable como comerciante. Al producirse la primera de las invasiones inglesas en 1806, dirigida por el General Beresford y el comodoro Sir Popham, se dirigió al campo y reunió un ejército voluntario que entrenó para recobrar la ciudad, junto a otros oficiales como Martín Rodríguez y Cornelio Zelaya. Cuando los ingleses se enteraron de sus actividades, lo atacaron en la Chacra de Perdriel (actualmente Partido de General San Martín), derrotándolo. Sin embargo, lo exiguo de la derrota dejó en claro que se podía derrotar a los invasores con mayores fuerzas. Se unió al ejército que trajo de Montevideo el también francés Santiago de Liniers y participó con él en la llamada Reconquista de Buenos Aires, el 12 de agosto. Fue el primer comandante del regimiento de Húsares de Buenos Aires, que muy pronto quedó en manos de Rodríguez. A fin de año, el Cabildo de Buenos Aires lo nombró su representante ante el gobierno de Madrid para pedir ayuda, ya que la flota inglesa aún controlaba el río. Sus gestiones no tuvieron éxito. Al producirse la invasión francesa a España, regresó a Montevideo en enero de 1809, pero fue arrestado por orden del gobernador Francisco Javier de Elío, enemigo del virrey Liniers. Logró fugarse y llegó a Buenos Aires, donde intentó convencer a Liniers de que no entregara el mando al nuevo virrey, Baltasar Hidalgo de Cisneros; sólo consiguió un nuevo arresto. Huyó por segunda vez, y viajó a Río de Janeiro, actuando como mensajero del partido carlotista, con lo que tampoco logró resultado alguno. En junio de 1810 llegó a Buenos Aires, donde se enteró del estallido de la Revolución de Mayo y se puso a disposición del nuevo gobierno. Poco después fue nombrado gobernador de Córdoba. Tras el fusilamiento de Liniers, llevó la tranquilidad a la ciudad por medio de una amnistía. Apoyó al Ejército del Norte y envió al Deán Funes como diputado a la Junta Grande. En enero de 1811 asumió como gobernador de Chuquisaca, donde estaba cuando se produjo la derrota en la batalla de Huaqui. Tomó el mando del Ejército y dirigió la retirada hacia el sur. Al pasar por Potosí se llevó toda la plata amonedada y sin acuñar que encontró, salvando los únicos caudales de que disponía el gobierno. En septiembre fue nombrado oficialmente comandante del Ejército del Norte, pero su papel fue muy deslucido. Fue reemplazado por Manuel Belgrano en marzo del año siguiente y regresó a Buenos Aires. Apenas llegado a la capital fue nombrado miembro del Primer Triunvirato en reemplazo de Juan José Paso. El gobierno era dirigido por el ministro Bernardino Rivadavia, y su actitud hacia la revolución era, como mínimo, tibia. Encargó al recién llegado José de San Martín la formación del Regimiento de Granaderos a Caballo y detuvo la masacre de españoles que siguió a la denuncia de conspiración contra Martín de Álzaga (probablemente falsa). Al llegar la noticia de la victoria de Belgrano en la batalla de Tucumán, el Triunvirato fue acusado de debilidad, ya que ésta había sido lograda en contra de las órdenes del gobierno. Un golpe de estado dirigido por San Martín y otros jefes militares obligó al cabildo a nombrar un Segundo Triunvirato. Rivadavia y Pueyrredón fueron desterrados. Terminó confinado en San Luis, donde se dedicó al comercio y la agricultura. A fines del año siguiente, recibió la visita de San Martín, que lo convenció de la conveniencia de reconquistar Chile y desde allí hacer una campaña naval al Perú. Regresó a Buenos Aires a principios de 1815, y se instaló en una quinta en San Isidro. En enero del año siguiente fue electo diputado por San Luis al Congreso de Tucumán. A poco de llegar, éste lo nombró Director Supremo de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Antes de partir hacia la capital se entrevistó con el general Martín Miguel de Güemes y luego, en Córdoba, con San Martín, con quien ajustó todo el plan de la campaña a Chile. De allí en más, la mayor parte de sus esfuerzos estuvieron concentrados en apoyar el plan de liberación continental de San Martín. Envió al Ejército de los Andes todo el armamento y las tropas que pudo, además de algunos oficiales destacados. Por otro lado, envió en campañas de corso alrededor del mundo a los capitanes Hipólito Bouchard y Guillermo Brown. Su papel en la liberación de Chile fue muy destacado, y también colaboró en la organización del ejército que debería reconquistar Perú. Su gobierno interno no tuvo ese brillo: entre sus numerosas iniciativas fracasadas estuvieron el avance de las fronteras hacia el sur, la fundación de un banco nacional, y varios repetidos intentos de coronar a un príncipe europeo como rey de su país. Persiguió a la oposición, desterrando a varios de sus dirigentes, entre ellos Manuel Dorrego, Vicente Pazos Kanki, Feliciano Chiclana, Manuel Moreno, Manuel Pagola y varios más. Reorganizó la Logia Lautaro que había gobernado entre 1812 y 1815 a través de Carlos María de Alvear y la puso al mando de su ministro Gregorio García de Tagle. Atacó de todos los modos que pudo a la oposición federal en las provincias, y no les dejó ninguna autonomía: él nombró a todos sus gobernadores. Como no pudo derrotar en campaña al caudillo de la Banda Oriental, José Artigas, invitó al gobierno portugués a invadir esa provincia a través del embajador Manuel José García. Estaba dispuesto a perder una provincia a cambio de poder gobernar sin límite alguno a las demás. Para asegurarse el dominio de todos los poderes, ordenó trasladar el Congreso de Tucumán a Buenos Aires, y expulsar de su seno a los diputados que se opusieron a esa medida. Después de la invasión portuguesa, reemplazó al gobernador federal de Córdoba por uno adicto, y envió una serie de invasiones a las provincias federales del litoral: dos campañas contra Santa Fe, tres contra Entre Ríos y una contra la Banda Oriental. Explicó a Artigas que no podía afrontar los gastos de expulsar a los portugueses porque todos los recursos iban al Ejército de los Andes; pero si pudo lanzar tantos soldados contra las provincias opositoras, bien habría podido intentar algo contra el enemigo exterior. Y aún así, no consiguió doblegar la resistencia federal del litoral, que resistía aún a mediados de 1819. Ese año, poco después de jurar la nueva constitución, renunció al cargo. En su lugar fue elegido José Rondeau, que continuó su política y presidió su fracaso. A principios de 1820 caían el Directorio, el Congreso y la constitución, y las provincias se declaraban autónomas del poder central. El gobernador Manuel de Sarratea lo hizo arrestar por exigencia de los caudillos federales, para enjuiciarlo por traición a la patria por sus invasiones a las provincias y por el apoyo a la invasión portuguesa. Pero, horas después, el mismo Sarratea lo ayudó a escapar, terminando exiliado en Montevideo, bajo protección portuguesa. Regresó a Buenos Aires en marzo de 1821, y dos años después su esposa Calixta Tellechea y Caviedes — hija de uno de los ajusticiados de 1812 — le daba su único hijo, el famoso pintor e ingeniero civil Prilidiano Pueyrredón, nacido en Buenos Aires el 24 de enero de 1823. Durante los años siguientes jugó sólo un papel de menor importancia en la política; el presidente Rivadavia lo acusó de falsear su declaración de bienes, pero poco después lo nombró miembro de la Comisión Militar encargada de la reforma del ejército. En 1829 intentó sin éxito mediar entre Juan Lavalle y Juan Manuel de Rosas. Al iniciarse el segundo gobierno de éste, en 1835, se exilió en Burdeos, en Río de Janeiro y en París. Regresó en octubre de 1849 a San Isidro, y allí murió en marzo del año siguiente. Sus restos mortales descansan en el Cementerio de la Recoleta de la Ciudad de Buenos Aires. Fuente: Wikipedia.com.

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