Carta de María Guadalupe

Mi amado Moreno de mi corazón…

 

Mi amado Moreno de mi corazón: me alegraré de que estés bueno, gordo, y contento. Yo, tu hijo, y demás familia quedamos buenos a Dios gracias. Esta mañana estuvo don Alejandro el viejo, a decirme si quería escribirte, para mí no hay oferta más agradable que ésta, y así quisiera que todos los días hubiera proporción, para hacerlo, y te he escrito tantas cartas que si las recibes todas quizás te incomoden y te canses de leer tanta majadería, pero si me amas lo mismo que antes las leeréis con gusto y conoceréis que toda mujer es la misma y que ni la distancia ni nada de este mundo será capaz de que yo deje de querer a mi Moreno más que a mí misma.

 

Ha ocho días que llegó la mujer de Pérez sin que él lo sepa hasta que estuvo en el Luján, trae dos hijitas, fui a visitarla con Micaela, me hizo mucho cariño, me ha dado ganas de hacer lo que ella ha hecho, pero me contienen muchas consideraciones y la principal es saber que vos no aprobaréis cosa que haga sin tu consentimiento, pero a la hora que yo vea que has olvidado de mí, o no me escribas a menudo y tu ausencia sea muy larga, cuando menos lo pienses me tienes a tu lado, y así ve de hacerme llevar, o verte pronto, porque de lo contrario no es vida la mía sin vos; nuestro Marianito está en libro de corrido, se acuerda mucho de vos y te extraña más todos los días, con que mi querido Moreno ven pronto, sino lo queréis hacer por mis ruegos hacedlo por nuestro hijo, y acuérdate de las promesas que me hiciste antes de embarcarte, no te dejes engañar de mujeres mira que sólo sois de Mariquita y ella y nadie más te ha de amar hasta la muerte; otra no te servirá más que de apartarte de la gracia de Dios, de mí, de tu hijo y de hacerme infeliz para toda mi vida, y de que yo no tenga el consuelo de decir que mi Moreno desde que nos casamos no ha querido más mujer que la que Dios le ha dado; y no te enojes, mi querido Moreno, de mis recomendaciones. Esta tarde han echado bando para que ningún europeo salga de las siete de la noche en adelante, y que al primer tiro de cañón asistan al Fuerte o a los cuarteles, todos; los Patricios dicen que Elío se ha avistado a la Ensenada con ochocientos hombres de desembarco, yo a lo que temo es a las bombas, Dios les dé acierto a los nuestros. Nos han dicho que Balcarce, el de la expedición, hay renunciado, y Salinas también; me ha dado mucho dolor de dientes, y por eso dejo de escribirte más largo, recibe memorias de tu madre, Marianito, hermanas, la Marcela y demás familia, y dáselas a Manuel en nombre de todas, y no dejes de escribirme, ni te olvides de mí, tu mujer que desea verte. María Guadalupe Moreno

 

Carta de Mariquita –María Guadalupe Cuenca de Moreno- del 1 de julio de 1811. Mariano Moreno, en circunstancias poco claras, muere en altamar el 4 de marzo de 1811, cuando viajaba, enviado por el Gobierno de Buenos Aires, a Londres. No se había cumplido aún el primer aniversario de la Revolución de Mayo, de la que Moreno era su más alto exponente intelectual. Ignorando la suerte de su esposo, María Guadalupe Cuenca de Moreno, le escribe una serie de cartas que sólo se apilaron en algún mueble vecino al puerto de la ciudad lejana, donde Mariano jamás pisó. La Patria también se parió con el amor. A pesar de las traiciones y los diminutos intereses personalistas.

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