Notable ensayo de Elsa Drucaroff

Los prisioneros de la torre

 

Tomando la conocida metáfora circense con la que Ortega y Gasset representa la superposición de generaciones, Elsa Drucaroff da nombre al notable libro de reciente edición. Su teoría es superadora, claro, porque no se queda en Ortega –que rezuma deshonestidad intelectual (sic!)- y resuelve características generacionales de la mano de acontecimientos histórico sociales ineludibles. A continuación reproducimos el texto de Ortega y después uno de los más significativos párrafos iniciales de la autora.

 

(…)

Si no fuera tan barroca la imagen, deberíamos representarnos las generaciones no horizontalmente, sino en vertical, unas sobre otras, como los acróbatas del circo cuando hacen la torre humana. Unos sobre los hombres el los otros, el que está en lo alto goza la impresión de dominar a los demás, pero debería advertir, al mismo tiempo, que es su prisionero. Esto nos llevaría a percatarnos de que el pasado no se ha ido sin más ni más, de que no estamos en el aire sino sobre sus hombros, de que estamos en el pasado, en un pasado determinadísimo que ha sido la trayectoria humana hasta hoy, la cual podría haber sido muy distinta de la que ha sido, pero que una vez ida es irremediable, está ahí: es nuestro presente el que, queramos o no, braceamos náufragos.

 

(…)

Creo que hay épocas en las que ser joven es emborracharse con la inmensidad del horizonte, y otras, como ésta en la Argentina, en la que los nuevos sobre todo perciben el encierro en una torre que no pidieron ni construyeron, una torre de la que no son responsables pero los tiene atrapados como un piso pantanoso, doliente y traicionero. Un piso de cadáveres. Si quienes hicieron irrumpir en los años 60 o 70, en la Argentina, sus relecturas del peronismo, sus propuestas para una nueva izquierda, su voluntad de transformar el país, se embriagaron con la fascinación de la torre como atalaya y fueron masacrados en gran parte, las generaciones que los continuaron sufrieron la dura resaca después de la embriaguez. Las generaciones de la postdictadura cargan con la angustia y con la lucidez de que estar arriba de la torre es estar presos, y desde esa angustia y esa lucidez escriben. Porque además de experimentar intensamente su condición de reclusos, perciben que sus pies se afirman en huesos NN y en hombros de sobrevivientes de la militancia, que por su parte tienden a mantener con su pasado un vínculo demasiado conflictivo: no consiguen examinar abiertamente su lucha, sus errores, sus aciertos, sus viejas certezas, no logran criticarse y valorarse sin tapujos ni eufemismos, ofrecerse con sinceridad a la crítica implacable de los que nacieron después.

(…)

Drucaroff, Elsa: Los prisioneros de la torre. Política, relatos y jóvenes de la postdictadura. Buenos Aires, Emecé, 2011. Páginas 35/ 36. Los subrayados son propios de la autora.

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