El último gaucho

Hormiga Negra

 

En el prólogo a El Chacho, de Eduardo Gutiérrez, León Benarós se extiende en consideraciones sobre todas las novelas del autor. Al enumerarlas con breve comentario, introduce las siguientes encantadoras y sorprendentes consideraciones sobre HORMIGA NEGRA.

… A diferencia de Moreira, Hormiga Negra –apodo que borró casi su nombre: Guillermo Hoyo-, sobrevivió largamente a su mito. Nacido en 1837 –no en 1841 o 1842, como dice Gutiérrez- fue visitado en 1901 por un cronista de Caras y Caretas que, aunque no firma su nota, suponemos ser del siempre curioso y criollísimo Fray Mocho, el inolvidable José Severino (sic) Álvarez. Titúlase la nota Hormiga Negra, con el subtitulo de El protagonista de la novela de este nombre. Seis fotos de Hardy enriquecen el documental reportaje. Una de ellas muestra a Hormiga Negra a los 64 años de edad, sentado, de bombacha y bota fuerte con espuelas de rodajas chiquitas, chaleco apenas prendido en el primer botón de arriba, chambergo de ala filieteada, abiertas las piernas, como posando ante el fotógrafo con cierto satisfecho aire de desafío. En otras fotos aparece con su caballo, un animal casi indio, de gran cabeza acarnerada. En otra, por fin, con sus nietos, en su casa de Alto Verde (San Nicolás de los Arroyos). El cronista se ha esforzado en conservar el idioma del héroe. Vale la pena transcribir la confesión. A la pregunta: ¨¿Cuál es la vez en que se vió en mayor apuro, amigo Hoyo?¨, contestó:

¨Una vez que pelié con cuarenta milicianos de Santa Fe, cuando tenía catorce años. ¡Fue una barbaridad! Yo estaba trabajando de carrero y llegó la partida a casa de mi patrón. Un sargento, como me viera chiquito, rubio y de ojitos azules, me tomó a la cuenta por algún gringuito juidor de su casa y me empezó a hacer averiguaciones. Me le enojé y le contesté mal, razón por la cual me quiso castigar y me le defendí con el cuchillo. Claro… ¡lo corté en la barriga! Los milicos se me vinieron encima y tuve que agarrar las boleadores. Dejé seis por muertos, pero al fin me desarmaron y, atado codo con codo, fui a dar al Rosario. ¡Fue una cosa tremenda! Cuando me llevaban se apareció mi hermano Zoilo y pidió mi libertad, y como no se la dieran, atropelló al montón y me liberó. ¡Pobre Zoilo! Lo partieron de un sablazo y lo hicieron pedazos a puñaladas, pero yo me abrí cancha y gané campo afuera. Esa vida del matrero de antes, señor, no la conoce el gaucho de hoy. ¡Si viera lo que sufrí! Hubo vez, señor, que le he tenido que quitar a los zorros la carne que llevaban para sus hijos…¨.

Hacia 1916, Caras y  Caretas le hace un nuevo reportaje. Esta vez lo visita quien firma la nota con el seudónimo de Goyo Cuello, seudónimo en el que –con la confirmación del autor- hemos podido identificar a Julio Castellanos. Titúlase ahora el reportaje: El último gaucho. Hormiga Negra. Se acompaña la nota con las fotografìas del héroe, a caballo, más la de Ramón Hoyo, su hijo –honesto agricultor -, la del hormiguero familiar, la que lo muestra con su mujer, ya fallecida entonces, y, en fin, entre otras, la de la señora Luisa Penza de Marzo –víctima de un asesinato que injustamente se atribuyó a Guillermo Hoyo-, así como la de Martín Díaz, el verdadero asesino (*). El cronista posa con Hormiga Negra y el grupo familiar. El héroe se queja:

¨Ustedes los hombres de pluma, le meten no más, inventando cosas que interesen, y que resulten lindas. Y el gaucho se presta pa todo. Después de haber servido de juguete a la polecía lo toman los leteratos pa contar d´él a la gente lo que se les ocurre. Y si un pobre paisano se desgrasia porque ha querido mostrarse guapo, y se limpia al que le ofendió, ustedes no le merman nadita, sino que le acumulan más muertos que los qu´ay en el cementerio…¨. Y después: ¨… No es lo mismo matar a un embre endeveras que matarlo en el papel cuando se escribe, ¡creamé!…¨.

Más aún: Hormiga Negra se enfrentó, alguna vez, con su propio mito. En cierta oportunidad, el circo de los Podestá, que venía representando Juan Moreira en el interior al país, llegó a San Nicolás de los Arroyos, pagos de Hormiga Negra. En su homenaje, se pensó en representar la pieza que llevaba el nombre del arroyero, y así se anunció. Pero antes del domingo se presentó el héroe, en carne y hueso, y amenazó de este modo: ¨Andan diciendo que uno de ustedes va a salir el domingo delante de toda la gente y va a decir que es Hormiga Negra. Les prevengo que no van a engañar a nadie, porque Hormiga Negra soy yo y todos me conocen¨. Le explicaron que se trataba de un respetuoso homenaje a su persona, pero todo fue inútil. Ni la ginebra, mandada pedir al hotel, lo hizo bajar de su porfía. Y terminó advirtiendo, no más, que si alguno salía diciendo que era Hormiga Negra, faltándole de tal modo el respeto, él, viejo y todo, lo iba a atropellar…

 

Hormiga Negra –apaciguado ya en hombre de trabajo murió, de 84 años de edad, en San Nicolás de los Arroyos, el 1º de enero de 1918. Una crónica periodística de la época dice: ¨Desde Zárate a Pergamino y desde Rojas hasta lo que es hoy Villa Constitución, los viejos paisanos rememoraban las ¨mentas¨ de este criollo que se llamó a silencio, que vivió mientras sus fuerzas físicas excepcionales se lo permitieron de las tareas camperas y que por último, casi ciego y sordo, una hemiplejía lo postró  en el catre del rancho nicoleño, donde llegaba siempre la caridad en forma de yerba para el cimarrón y de pesos para medicina¨.

(*)Hoyos resultó acusado y condenado a ocho años de prisión por asesinato del almacenero Lina Penza, cometido el 14 de septiembre de 1902. El juez que dictó la sentencia fue Ramón S. Castillo, quien varios años después sería Presidente de la Nación (1942-1943), en ese entonces titular del juzgado del Crimen Nº 1 de San Nicolás. Años después, Martín Díaz, el verdadero asesino, confesó en su lecho de muerte haber cometido al asesinato de Penza, poniendo en evidencia el error judicial, razón por la cual Hoyos fue liberado (Fuente: Wikipedia.com).

GUTIERREZ, EDUARDO: El Chacho. Con prólogo de León Benarós. Buenos Aires, Hachette –Colección El Pasado Argentino-, 1960.

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