La gran mentira de Martín Rodríguez

Fuerte San Martín,

enero 23 de 1821, 10.00 horas

 

La primera mañana que pasaba de regreso en el Fuerte San Martín, después de un breve conciliábulo con sus oficiales, el Gobernador mandó una partida de soldados hasta Miraflores, con la orden de trasladar presos a su cuartel a todos los indios que permanecían en la estancia.

Acto seguido, redactó y firmó un parte para tener informado al Gobernador sustituto acerca de su decisión. Al fin de cuentas, Ramos Mexía era una persona muy vinculada y apreciada, y el asunto podía tener repercusiones políticas:

Indios. Parte de combate.

Cuartel General de Kakel Huincul.

Enero 23 de 1821, Exmo Señor Gobernador y Capitán

General de la Provincia.

Un número no muy corto de indios establecido con sus tolderías y sus familias en la hacienda de don Francisco Ramos Mexía, origina males indecibles en la campaña. De allí reciben los demás indios las noticias que favorecen sus asaltos repentinos; por ello saben cuándo se los va a perseguir, y en fin, en esta estancia es donde se proyectan los planes de hostilidad contra nuestra provincia. Por eso destaqué anoche una partida que conduzca a este cuartel general a mi disposición, cuantos indios y familias suyas existan en aquel establecimiento, no sólo en castigo de la conducta que han observado y observan contra nosotros, sino para privar a los demás ese apoyo de sus maldades.

 

Del mismo modo he intimado a Ramos, que con toda su familia baje a esta Capital en el perentorio término de seis días y a su llegada se presente a V.S. Él ha dado pruebas de una amistad estrecha con los salvajes, que la prefiere a la de sus propios conciudadanos, contra quienes en esta vez ha procedido escandalosamente, al paso que trabaja con tesón en hacer desaparecer de este distrito la religión y lo ha conseguido entre la mayor parte de sus habitantes.

 

(firmado) Martín Rodríguez

 

Transcripto de

Ras, Norberto: La lejanía –la saga de la pampa I-. Buenos Aires, Editorial Galerna, 2006.

 

El destinatario de la nota era, según puede presumirse, Bernardino Rivadavia, quien se encontraba a cargo del gobierno de Buenos Aires mientras el Gobernador Martín Rodríguez se encontraba de campaña. La estancia Miraflores y el Cuartel General de Kakel Huincul, se encontraban en el actual partido de Maipú. El contenido del informe es falso; Francisco Ramos Mejía había contenido admirablemente a los nativos, razón por la cual había sumado poder e influencia que se le celaban. En el trayecto de Miraflores al Fuerte San Martín, los indígenas fueron masacrados, encontrándose desarmados y en franca inferioridad de condiciones. Estos hechos desataron la mayor ofensiva indígena de que se tuviera memoria hasta ese momento al sur del Salado, precipitando las campañas de exterminio de Rauch y otros. Francisco Ramos Mejía permaneció detenido inhabilitándoselo para que pudiera adoptar medidas en defensa de sus intereses. Su capataz en Miraflores, el mestizo Molina, desarrolló desde entonces agitadas campañas ya sea empujando a los malones pampas, o bien acompañando las campañas represivas del ejército –entonces con grado de Capitán-.

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