Memoria del enemigo 12

El misterio de la invasión de Flores en 1863

 

La incógnita del 19 de abril de 1863

Al amanecer del 19 de abril de 1863, Venancio Flores, general del ejército mitrista de la Argentina y jefe del partido colorado en el Uruguay, subrepticiamente desembarca con mucho dinero y tres acompañantes al sur del Rincón de las Gallinas, en la República Oriental. Lo esperaban allí con caballos frescos; a todo galope tomó hacia el nordeste, eludiendo las poblaciones y los caminos reales; atravesó el departamento Paysandú para encontrarse al día siguiente en el paso de la Laguna, sobre el Arapey, con partidas armadas llegadas de Corrientes, Río Grande y algunos departamentos orientales.

Empezaba una guerra civil. Pero esta vez sería algo más que una contienda entre colorados y blancos para disputarse la preeminencia política de sus fracciones a cargas de lanza. Ese 19 de abril se prendería la chispa de un incendio donde vendrían a quemarse Brasil y la Argentina en apoyo de Flores, y Paraguay en socorro del gobierno legal. Los cuatro hombres llegados de buenos Aires al Rincón de las Gallinas en las brumas de un amanecer iniciarían una masacre que costaría cientos de miles de vidas y el aniquilamiento de la más próspera república sudamericana.

Flores la llamó ¨cruzada libertadora¨ -tomó como bandera una cruz con fondo colorado- porque pretextó un minúsculo incidente que había tenido el presidente Berro con el cabildo eclesiástico de Montevideo. El autor de la hecatombe de Cañada de Gómez afiliado a la masonería venía a defender la religión atropellada por el circunspecto Bernardo Berro.

¿Inició Flores la invasión por su cuenta, como se ha dicho y repetido, y todo lo que vino después fue una imprevisible consecuencia dispuesta por el destino? ¿O sus pasos habían sido arreglados por Mitre y el gabinete de Brasil para quitar el gobierno a los blancos orientales?

Es la incógnita que trataré de despejar.

Planteo del problema

En la República Oriental gobernaba Bernardo P Berro, del partido blanco, tradicionalmente unido al partido federal argentino, y también tradicionalmente opuesto a la injerencia brasileña.

El la Argentina era presidente Bartolomé Mitre, del partido liberal (nueva designación del unitario). Había vencido en Pavón a Urquiza, e impuesto la cucarda celeste en toda la república con la fuerza de los escuadrones del ejército de línea. Pero en 1863 el interior todavía rechazaba la imposición liberal (aún no había sido asesinado el Chacho) y en Entre Ríos mantenía Urquiza (tal vez fue la condición para abandonar a sus amigos) el gobierno y el comando de sus milicias, las mejores y más fuertes de todo el país.

En Paraguay acaba de asumir Francisco Solano López. Los paraguayos simpatizaban con los federales argentinos y blancos orientales y eran decididos adversarios de quienes llamaban anarquistas (los porteños) y macacos (los imperiales).

En Brasil gobernaba el ministerio dos Velhos, caracterizado por su política prepotente contra los blancos de la República Oriental. Un ejército estaba en la frontera en 1862, preparado a franquearla en represalia de reales o supuestos agravios a residentes brasileños en territorio uruguayo; la cuestión Christie con Inglaterra había postergado ese paso.

Primera hipótesis: Flores obró por su cuenta

Es la opinión corriente en la historiografía oficial argentina y brasileña; entre nosotros la sostiene el diario La Nación, de Buenos Aires, y el grupo de historiadores académicos. Según ella, Mitre y los suyos fueron sorprendidos por la fuga de Flores y no tuvieron parte en la revolución de los colorados. Se basan en las siguientes pruebas documentales.

1° Rufino de Elizalde, ministro de Relaciones Exteriores de Mitre, en carta pública del 21 de diciembre de 1869 producida en una famosa polémica sobre las causas de la guerra del Paraguay, si bien dice considerar ¨la más noble y la más santa de las revoluciones, la del general Flores¨ y ¨celebré su triunfo como uno de los acontecimientos providenciales para la felicidad de los pueblos del Plata y la consolidación de la paz bajo gobiernos libres¨, descarta en ella una participación del gobierno argentino y aún el conocimiento de los propósitos de Flores.

La invasión del general Flores –dice- no podía ni imaginarse siquiera. Fue un acto de desesperación inspirado por la Providencia y que sólo protegido por ella pudo tener el éxito feliz que tuvo.

 

Fuimos sorprendido por esta noticia en el Rosario adonde habíamos ido con el general Mitre y el señor doctor Rawson (ministro del interior) a la inauguración del camino de fierro a Córdoba.

 

2° Descartando la injerencia del mitrismo, el entonces diario oficial La Nación Argentina, publicó el 12 de abril de 1865 una carta de Flores a Mitre del 16 de marzo de 1863, escrita pues en Buenos Aires en víspera de embarcarse, que probaría la oposición de Mitre a la invasión:

Hoy me entrego a mi destino, lanzándome al suelo de la patria para combatir a los déspotas, autores y factores del bárbaro asesinato de Quinteros.

 

Desde que se negó usted a hacer por la emigración oriental lo menos que a su nombre podía yo exigir –obtener del gobierno de Montevideo la ampliación de la ley de amnistía, y que prestase usted su garantía moral respecto de su cumplimiento-, no quedaba otro remedio que el de recurrir a las armas para conquistar nuestros derechos arrebatados por actos arbitrarios…

 

Pongo por testigo el cielo que al acometer esta empresa no abrigo ninguna ambición personal; y aunque me parece ya oírle decir que es descabellada la intentona, sin desconocer ni negar los riesgos y las vicisitudes a que está expuesta, confío mucho en que la Providencia la coronará con el triunfo…

 

Persuádase, general y amigo, que cualquiera que sea la suerte que la incierta fortuna me depare en la justificada lucha que voy a presidir, las justas quejas que abrigo a su respecto no serán suficientes para entibiar la sincera amistad que le profeso.

 

3° El ministro de Guerra de Mitre, Juan Andrés Gelly y Obes, que había quedado en Buenos Aires participaba el 19 de abril al presidente, ausente en Rosario, la desaparición de Flores. Sus términos lo muestran oponiéndose a la invasión:

Desde ya creo que el tal guaso de Flores nos va a traer una complicación muy seria con su invasión, pues si no le dan en la cabeza pronto y llega a tomar cuerpo su plan, el taita de Entre Ríos ha de auxiliar a los suyos como mejor puede, y de ahí el embarazo para nosotros. ¡Pobre partido de principios el que encabeza don Venancio!

 

4° La noticia de la invasión de Flores fue dada por La Nación Argentina en términos que parecen descartar un conocimiento previo:

Se confirma la noticia de haber desembarcado el domingo el general Flores en el Estado Oriental… El designio del general Flores ha sido llevado con tanto secreto que nadie entre nosotros lo ha traducido… Nadie ha visto ni mencionado siquiera nada que se parezca a una tentativa de invasión… El gobierno no podía impedirlo… No está en sus manos atacare la libertad de las personas para impedirles el derecho que tienen de trasladarse de un punto a otro.

 

Segunda hipótesis: Flores obró de acuerdo con Mitre

¿Traducen la verdad esas tres cartas y el suelto de La Nación Argentina? Se ha negado su sinceridad porque:

1° Flores era general del ejército argentino, como eran militares del escalafón sus acompañantes los coroneles Aguilar y Caravallo y mayor Arroyo. Los tres primeros solicitaron sus bajas a principios de 1863; que debieron, por lo menos, hacer sospechar al ministro de Guerra sus propósitos.

2° El comisionado Lapido del presidente Berro, había demostrado a Mitre y Elizalde las intenciones revolucionarias de Flores; entre otras pruebas acompañaba una carta de puño y letra al coronel Manduca Carvajal invitándolo a la revolución.

3° Flores y sus compañeros no escaparon subrepticiamente de Buenos Aires; lo hicieron en pleno día, embarcándose en el buque de guerra Caaguazú de la armada argentina, puesto a su disposición por el ministro de Guerra y Marina.

4° El ministro Gelly y Obes acompañó el 16 hasta el muelle de pasajeros a los revolucionarios; por lo tanto, su carta del 19 a Mitre fue fabricada por las circunstancias.

5° Mitre estaba en Buenos Aires al producirse el embarque, pues partió a Rosario el viernes 17 de abril, es decir, al día siguiente de embarcarse Flores. Si se enteró de ésta en el Rosario, como diría su ministro de Relaciones Exteriores, será porque su ministro de Guerra y Marina no lo informaba.

6° El cura Ereño, corresponsal de Urquiza, escribe a éste el 24: El intermediario para arreglar la invasión ha sido el señor Lezama (José Gregorio). El día 15 tuvieron Mitre y Flores su última conferencia en la casa de dicho Lezama para que el 16 partiera Flores, como así tuvo lugar, habiendo recibido de manos de Lezama 6.000 onzas de oro por pronta providencia y con ley abierta para librar contra la casa Lezama las cantidades que precisase.

 

José Gregorio Lezama era un fuerte comerciante. Abona la veracidad de la información de Ereño, que Mitre estaba en Buenos Aires el 15 de abril y Flores llevó consigo 6.000 onzas de oro para los primeros gastos de guerra.

Tercera hipótesis: Flores y Brasil estaban de acuerdo con los ministros de Mitre, a espaldas del general

Mármol, interfiriendo en la polémica entre Mitre y Juan Carlos Gómez de 1869 (sobre las causas de la guerra del Paraguay) escribió el 14 de diciembre, bajo las iniciales XX:

Al presidente Mitre no repugnaba menos la invasión de Flores que a don Pedro II. Pero el presidente Mitre no tuvo cerca de sí sino un solo hombre que alentase su honrado pensamiento de neutralidad (José Mármol), pero este hombre nada podría contra las maniobras de los secretarios de Estado.

 

La disyuntiva para Mitre era ésta: o pedir a sus cinco ministros la renuncia, destituir a todos los empleados de la Capitanía del Puerto y hacer saber a sus empleados militares que él era el general en jefe de su ejército, y al pueblo de Buenos Aires que el presidente de la República era el encargado de las relaciones exteriores de su país… o cerrar los ojos y dejar que fuese de aquí todo lo necesario para hacer más divertido el metralleo brasilero.

 

En protección de ese Partido Colorado vinieron los brasileros. Fue ese Partido Colorado quien arrastró a los Elizalde y a los Gelly en el gobierno y a los Lezama Obligado, Martínez y qué se yo cuántos otros en el pueblo, a llevar a los elementos oficiales a formar en las filas de la ya establecida alianza entre colorados e imperiales.

 

La tentativa de Mármol para defender la buena fe de Mitre, cargando la responsabilidad sobre sus ministros y partidarios, fue la única posible ante el cúmulo de hechos probatorios de la participación del mitrismo que se publicaron en 1869. La prueba documental preparada por los interesados como expresión de inocencia y las protestas de su buena fe que había sorprendido Flores, no podían engañar en 1969. Mármol en defensa de Mitre planteó el dilema en sus exactos términos: o Mitre en 1863 se hizo el tonto para engañar a los orientales, o realmente era un tonto a quien engañaban sus colaboradores. Su convicción de la honestidad del general lo llevó al término segundo.

Calumnias de los mitristas…

 

Con o sin participación directa de su jefe, la invasión de Flores en 1863 se hizo con la complicidad del mitrismo. Fue un secreto a voces antes y después de ocurrida. Antes de 1863 la actitud mitrista no había engañado a nadie; en marzo de 1862, Carlos Antonio López, que no tenía sobre Mitre la misma opinión que Mármol, decía a Juan José de Herrera las palabras que he transcripto antes.

El gobierno oriental protestó el 25 de abril por la invasión de Flores desde territorio argentino protegida por reuniones en la provincia argentina de Corrientes y de la brasileña de Río Grande. El Encargado de Negocios del Brasil contestó el 29: näo ter cohecimiento désses fatos; el gobierno de Mitre, protestando su inocencia en la escapada de Flores y su ignorancia de los aprestos bélicos realizados en su territorio, argumentaba en nota firmada por Elizalde: Si el general Flores, al salir de este país, tenía la intención de ir a la República Oriental, no le tocada en ese caso al gobierno ni indagarlo ni impedirlo.

 

A la vista de todo el mundo se formó en Buenos Aires un comité de ayuda a la cruzada libertadora oriental. El diario Tribuna lo apoyaba el 25 de abril con estas palabras:

Los partidos orientales y los partidos argentinos son idénticos en sus propósitos, los mismos en sus principios, iguales en sus luchas. El Partido Colorado es el partido de la libertad de la República Argentina, como el Partido Blanco es el partido de la tiranía de aquí.

 

Celebróse el 1° de julio un acto público en Buenos Aires para juntar fondos. Allí habló Pastor S Obligado:

Esta (la causa de Flores) no es causa extranjera. Es el partido unitario en su lucha eterna contra la mazorca, cuyo espíritu transmigró a Montevideo… Lo que deseamos para esos hermanos es la libertad: un triunfo más completo que, como entre nosotros, no deje en pie ni un Chacho ni un Urquiza…

 

Mientras el Buenos Aires del mitrismo exultaba eufórico por ayudar a Flores, desde Paraguay Francisco Solano es esforzaba, contra la opinión que había dado su padre el año anterior, en creer en la inocencia de Mitre:

Flores, que hasta hace muy poco sirvió con notable denuedo en el ejército de Buenos Aires –decía el 16 de mayo el Semanario de Avisos y Conocimiento Útiles de Asunción, órgano del gobierno- ha comprometido la neutralidad del Estado que lo hospedaba.

Rosa, José María. La guerra del Paraguay y las montoneras argentinas. Buenos Aires, Hyspamérica –Biblioteca Argentina de Historia y Política-, Capítulo 13, 1985.

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