Fray Francisco de Paula Castañeda

UN FRAILE CRIOLLO DEL SIGLO XVIII Y LA INMIGRACIÓN JUDÍA
EN LAS PROVINCIAS UNIDAS DEL RÍO DE LA PLATA

 

por Mario Tesler

Primera edición de la obra de Arturo Capdevila, que aún es posible comprar a través de un portal español

Resumen:

Formado en la sociedad rioplatense correspondiente a los últimos tiempos del siglo XVIII el Sacerdote Francisco de Paula de Castañeda publicó, en uno de sus periódicos, una invitación a la inmigración judía. Se trata del artículo que tituló: ¿Podrá Sud-América no acoger benignamente en su seno la casa y familia del patriarca Abraham sin faltar a las inviolables leyes de Ia religión y de la política?, dado a conocer en 1820.

Esta pieza fue develada por el sacerdote jesuita Guillermo Furlong en la década del 60, de este siglo XX, y evaluada por el historiador judío-argentino Boleslao Lewin y su colega el pastor evangélico Arnoldo Canclini.

La contribución que se ofrece en este informe versa sobre la revalorización de la figura del padre Castañeda; una pincelada biográfica de este sacerdote militante; la, primera invitación conocida a la inmigración de judíos hacia las Provincias Unidas del Río de la Plata producida por él; las opiniones formuladas por los historiadores mencionados en torno e este documento; y algunas consideraciones del autor.

Al promediar 1932 el poeta e historiador liberal Arturo Capdevila le puso prólogo a su libro “La santa furia del padre Castañeda” que publica con posterioridad la editorial Espasa-Calpe de Madrid,(1) en el que rehabilita la memoria de un hombre de varios y raros talentos, que venía arrastrando sin embargo casi afrentosa fama.

Con motivo de esta. publicación el líder socialista Alfredo Palacios, entre otros, dijo que el padre Castañeda fue un patriota, un ejemplo de energía innegable, de altivez irreductible.(2) La reivindicación de Castañeda, venida tanto de 1a fila liberal como de la socialista, fue provechosa.

Luego, en 1947, en la advertencia a la reedición de su libro,(3) dijo Capdevila con satisfacción: siempre celebraré que gracias a mi libro se pudieran cumplir en el centenario de su muerte las debidas honras a tan insigne varón. Pero la obra de Capdevila sirvió para algo más. Desde entonces algunos historiadores estudiaron al padre Castañeda sin preconceptos, en su tinta, en sus actos, y leyendo cuanto escrito hallaron de él. La revalorización produjo resultados estimables, entre los cuales se encuentra el voluminoso trabajo que el sacerdote jesuita Guillermo Furlong dejó al fallecer en 1974, dado a conocer veinte años después por sus albaceas(4). Siempre es arriesgado decir de tal o cual obra que es el estudio final sobre un personaje, pero la de Furlong es, hasta el momento, lo más importante como obra de conjunto que se conoce en torno a Castañeda; será difícil superarla.

Francisco de Paula Castañeda nació en Buenos Aires en 1776 y falleció el 12 de mayo de 1832 en Paraná, Entre Ríos, pero no – como se ha dicho- a causa de mordeduras provocadas por un perro cimarrón. Su educación y formación sacerdotal transcurrieron en las postrimerías del siglo XVIII. Aunque mucho antes catedrático por oposición, la actuación pública de este sacerdote franciscano se inicia al pronunciar el panegírico de la Reconquista de la Ciudad de Buenos Aires, ante Santiago de Liniers y todas las demás autoridades del virreinato.

Su vida como religioso fue ejemplar. Después hasta quienes se ocuparon en reprobar cada una de sus actuaciones públicas, supieron eximirse de incursionar en este aspecto, porque nada encontraron para sumar a la condena que le impusieron por su filiación antiliberal.

Si, así es, el padre Castañeda fue antirrivadaviano, pero antes fue antiliberal, y lo fue en grado sumo. Esto no es todo; para los enemigos de este franciscano lo peor es que se trataba de un militante dispuesto cuantas veces fuera necesario a romper con el tradicional retraimiento conventual. Además de temido polemista, el padre Castañeda fue un peligroso trotacalles, pero trotacalles con causa, conceptuado por sus adversarios como una preocupación pública.

En sus crónicas diplomáticas John Murray Forbes, (5) agente de los EE.UU. acreditado ante el gobierno de 1as Provincias Unidas del Río de la Plata, durante el período 1820-1831, llamó a fray Francisco de Paula Castañeda perverso sacerdote, de nefanda notoriedad, e hipócrita libelista.

En correspondencia oficial con John Quincy Adams, secretario de estado norteamericano, se ocupó de los modos que caracterizaron a este franciscano en sus aspectos sobresalientes. Para él, como periodista, no tiene su estilo semblante alguno de elegancia, pero precisamente por su vulgaridad y familiaridad, cautiva fácilmente al populacho. Predicador con predicamento como soldado de Cristo, dice que se lo ve a menudo caminando por los suburbios de la ciudad, descalzo, vistiendo hábitos sucios, y esgrimiendo en sus manos una cruz, excita al pueblo con lamentos hipócritas de una religión atribulada. En tanto del militante informa, al gobierno de Washington, que llegó a la increíble temeridad de llenar la ciudad de carteles provocativos, incitando al pueblo somnoliente a despertar y defender a la religión contra un gobierno de herejes.

Más que fijar su imagen, a manera de retrato, cuanto dice de él Murray Forbes es un aporte sugerente para un perfil en movimiento, permitiendo así medir el valor que entonces adquiría un tema en la atención de Castañeda, ya sea puesto entre sus fobias o sus filias.

Pues bien, un buen día del año 1820 este resuelto franciscano decidió manifestar sus simpatías por la venida de judíos a Sud-América en medio de una feligresía que los desconocía o los odiaba.

Hasta entonces -me refiero al año 1820- sólo se había logrado, casi con subrepción, que la Asamblea General Constituyente instalada en 1813, autorizara a determinados extranjeros la práctica de sus cultos en forma tan privada como que se establecía para ello la intimidad de sus respectivos hogares. En la sesión del viernes 7 de mayo de 1813 se aprobó una iniciativa del Poder Ejecutivo sobre explotación de minas, en la cual se dice: Ningún extranjero emprendedor de trabajo de minas o dueño de ingenios, ni sus criados, domésticos, ó dependientes, serán incomodados por materia de religión, siempre que respeten el orden público, y podrán adorar a Dios dentro de sus casas privadamente según sus costumbres. (6)

Cuando en el orden civil se estaba muy lejos de la libertad confesional institucionalizada, y en tanto socialmente persistían los prejuicios heredados del período hispánico, el padre Castañeda publicó -según quienes trataron el tema- el 26 de agosto de 1820 un artículo que tituló ¿Podrá Sud- América no acoger benignamente en su seno la casa y familia del patriarca Abraham, sin faltar a las inviolables leyes de la religión y de la política?

El motivo que al parecer llevó a tratar este tema fue una posible propuesta formulada por judíos algún tiempo atrás, de la cual no brindan detalles precisos.

Años pasados significaron los judíos el deseo de establecerse en esta regiones,
ofreciéndonos su protección, como también grandes sumas de dinero,
con tal que les franqueásemos terreno y algún puerto para su tráfico y comercio
con todas las naciones
.

Al parecer en su momento el ofrecimiento causó revuelo. Si pasado el tiempo se apaciguaron los ánimos ,al menos el tema no hubo de quedar totalmente olvidado, lo cual permite inferir que Castañeda encontró oportuno ese 26 de agosto de 1820 para dirigirse a sus fieles, con el propósito de evitar que el celo en Cristo llegara a obnubilarlos, al punto de no dejar ver en el prójimo a un hermano en el Padre.

Personas piadosas que, apreciando como deben la religión de sus mayores y deseando conservarla en toda su pureza, se imaginaban que los judios vendrían a crucificar de nuevo a Jesucristo. Este celo desde luego, es muy loable, pero llevado hasta el extremo es hacerlo incompatible con la caridad y con muchas otras virtudes, que deben acompañarlo para que sea un celo agradable a Dios, útil a nosotros y edificante con respecto a los que, por ningún evento, dejan de ser nuestros prójimos, según la carne, y nuestros padres, según el espíritu.

Asumiendo también el rol de ciudadano, le dice Castañeda a sus lectores:

Soy, pues, de opinión de que, entre los grandes bienes que nos ha traído nuestra gloriosa revolución, no es el menor la ocasión que nos proporciona de ejercer nuestra oficiosa hospitalidad a la humillada casa y familia de Abraham; esos restos de aquella estirpe, a la que sin disputa pertenece el testamento, el sacrificio y la promesa de Dios; ese pueblo notoriamente eterno, pues se ha sostenido contra todo poder humano, para ser espectador de la ruina y acabamiento de los mayores imperios: esa nación que Dios ha olvidado, pero no para siempre, sino hasta tanto que se cumplan los tiempos de las demás naciones; por último, esas dispersiones del ingrato y mal aconsejado Israel, deben ser acogidas con mucho honor en Sud-América …

Este sacerdote franciscano explica el por qué y el para qué de su propuesta:

para que, cuando disfruten del año sabático que les está prometido, y cuando amanezca para ellos el día del Señor, el día grande de Jezrael, nos unamos con ellos, y ellos con nosotros en una sola fe (*)

Luego de referirse a aquellos conceptos equivocados que condujeron, desafortuna-damente – son palabras que Furlong repite textualmente de Lewin – a la persecución de los judíos, afirma Castañeda:

Oportunamente me acuerdo que Raab, la meretriz, en Jericó no más que por haber acogido benignamente a los exploradores hebreos, mereció no sólo escapar del degüello, sino también entrar, como entró, en el número de los progenitores del Mesías; yo creo, y espero que Sud-América se hará acreedora a iguales favores, si por espíritu de religión y catolicismo, llega a extender la mano benéfica y protectora a esa esposa adúltera, que Dios no ha reprobado, ni repudiado en manera alguna, aunque la tiene desterrada para recogerla algún día in miserationibus magnis.
Vengan, enhorabuena, los hebreos; establézcanse en América, como se han establecido en Roma, y, o adoren con nosotros a Jesucristo, o a lo menos aguarden con nosotros el día grande de nuestra común visitación, que será cuando haya muy poca fe en el cristianismo.

Desde luego me sirve de mucha complacencia el que se me haya ofrecido tan bella oportunidad de satisfacer mi amor, cariño y respeto para con la antigua, gentilicia, excelsa, humillada, y no reprobada, casa de Jacob, la cual desde ahora, prometo tendrá en mis números un lugar muy distinguido.

No es esto todo cuanto Castañeda dijo en esa oportunidad, sino lo que le resultó de mayor provecho a quien lo consultó en la fuente original. También aparece Castañeda en otras oportunidades opinando sobre los judíos. No obstante con los párrafos transcriptos se comprenderá el interés que despertó la develación de este documento en la década del 60 del siglo XX.

Hasta entonces ni los panegiristas de Castañeda, ni los investigadores sobre los temas libertad de culto e inmigración en las Provincias Unidas del Río de la Plata ni -incluso- los historiadores de los judíos en la Argentina, sabían de este artículo.

Quien encontró esta pieza, édita entonces pero olvidada después, fue Guillermo Fuirlong. Sin embargo, él no desesperó por publicarla, tampoco la guardó para la obra que tenía proyectada y, generosamente, prefirió entregarla a la consideración del historiador judío Boleslao Lewin, conocido por su apasionada especialización en estos temas. A partir de entonces Lewin siempre que trató la historia de los judíos en la Argentina no omitió considerar el antecedente. (7)

Este artículo del padre Castañeda, permite inferir le posible existencia de un fallido intento de algún grupo judío por establecerse en las Provincias Unidas, designio favorablemente acogido por este franciscano, entonces célebre como predicador con predicamento, al que Lewin definió en 1974 como el máximo paladín de la más extrema ortodoxia en el Plata.

En la última y más acabada labor de Lewin sobre La colectividad judía. en la Argentina, publicada en 1974, el historiador al principio no admite explícitamente la existencia de esa propuesta de los judíos, y después de preguntarse si se refiriría el padre Castañeda a una negociación secreta con algún grupo de judíos agrega: no lo sabemos y otras cosas más (8). Pero llama la atención que, tras cartón, en vez de mantenerse en la duda, se refiera a él dándolo por hecho, con el trato de fallido designio, precisando que la causas de su fracaso fue debido al antisemitismo entonces imperante.

Al parecer con el artículo de Castañeda queda Lewin subjetivamente convencido que esto ocurrió así, y aceptó como suficiente esa referencia  -sin precisiones- del sacerdote franciscano al deseo de judíos de establecerse en estas regiones. Al tratar Lewin el tema de la Aversión a los inmigrantes, particularmente a los judíos se refiere, nuevamente, el fracaso del proyecto de inmigración judía de 1820 y no a un supuesto intento.

Cuatro años después de publicado el citado libro de Lewin, el pastor evangélico e historiador Arnoldo Canclini retomó el artículo del padre Castañeda, en un trabajo sobre Primeras tentativas de inmigración, dado a conocer en la edición del diario del 11 de julio de 1978. Tomando escuetos fragmentos de lo dado a conocer por Lewin, ahí Canclini niega que el artículo de Castañeda tuviera fundamento real y lo atribuyó a una ficción forjada por el autor: no podemos olvidar que el luchador fraile gozaba de una fértil imaginación.

Si esto fuese así y no como lo terminó aceptando Boleslao Lewin y lo reiterara Guillermo Furlong en su obra póstuma, si todo se debió -como supone Arnoldo Canclini- a una fértil imaginación ¿tendría, entonces, algún valor aquel artículo publicado por fray Francisco de Paula Castañeda?. Sin duda que sí, pues sería nada menos que el primer antecedente de una pública invitación rioplatense hacia la convivencia cristiano-judía, y formulada por un sacerdote franciscano cuando todavía las autoridades civiles no habían institucionalizado el derecho a la libertad de culto, ni dado el paso previo de la tolerancia religiosa para cualquier habitante. Dicho esto sin ignorar que en correspondencias oficiales algunos funcionarios mostraron su preocupación sobre el tema de las prácticas confesionales, pero sin mencionar en especial a los judíos.

¿Podía el padre Castañeda haber escrito este artículo con anterioridad al proceso de emancipación?. A juzgar por sus manifestaciones y sin recurrir a otro testimonio coetáneo, es indudable que no; él mismo así lo reconoce cuando opina que, entre los grandes bienes que nos ha traído nuestra gloriosa revolución no es el menor la ocasión que nos proporciona de ejercer nuestra oficiosa hospitalidad con la humilde casa y familia de Abraham.

Resulta llamativo que este franciscano se contente con la ocasión de poder defender la idea de brindar una oficiosa hospitalidad a la humilde casa y familia de Abraham, una acogida con mucho honor en Sud-América, cuando su formación proviene de la sociedad rioplatense correspondiente a los últimos tiempos del siglo XVIII, señalado como de fuerte arraigo a prejuicios contra los judíos.

Después de la lectura del artículo del padre Castañeda se me ocurre formular un interrogante: ¿cuál era en realidad del concepto que vivía en la Iglesia de entonces sobre los judíos, para que uno de sus ministros se refiriera a éstos como la escogida estirpe, y pide que vengan enhorabuena, diciéndoles a ellos establézcanse en América? A lo cual se debe agregar cuanto Castañeda, después del vehemente apoyo, se felicita de la bella oportunidad de satisfacer su amor, cariño y respeto para con la antigua, gentilicia, excelsa, humillada y no reprobada casa de Jacob.

Notas:

(*) A continuación agrega Castañeda : …entonces verán ellos más alto que las nubes al que desconocieron y clavaron, el cual, lleno de misericordia, les dirá: “Yo soy vuestro hermano a quien vendisteis, no queráis temer, no os parezca cosa dura el que me hubiéseis vendido: Ego sum frater vester quem vendistis accedite ad me, neque durum vobis esse videatur quia vendistis me”.

(1) Dicha obra apareció en la colección Vidas españolas e hispanoamericanas del siglo XIX.

(2) Esto lo recuerda en su Esteban Echeverría, albacea del pensamiento de Mayo, aunque deja explicitado que esto no significaba identificarse con las ideas defendidas por el sacerdote. Cfr. P.222 de la 3ra. Ed., publicada en Buenos Aires en 1955.

(3) En esta oportunidad Capdevila aligeró el título de la obra y quedó escuetamente: El padre Castañeda, manteniendo el subtítulo de aquél de la santa furia. La obra apareció en 1948, sin notas finales, con sus citas, referencias y justificaciones, editada en la Colección Austral de Espasa-Calpe.

(4) Guillermo Furlong: Vida y obra de fray Francisco de Paula Castañeda: un testigo de la naciente patria argentina 1810-1830. Buenos Aires, Castañeda, 1974. 732p. (Colección: Perspectiva nacional, 9).

(5) John Murray Forbes: Once en Buenos Aires 1820-1831. Compilación traducción y anotaciones de Felipe A. Espil. Buenos Aires. Emecé, 1956.

(6) Universidad de Buenos Aires, Facultad de Filosofía y Letras. Instituto de Investigaciones Históricas: Asambleas constituyentes argentinas. Seguido de los textos constitucionales, legislativos y pactos interprovinciales que organizaron políticamente la nación. Selección, coordinación y anotaciones de fuentes por Emilio Ravignani. Buenos Aires. Peuser imp., 1937.

(7) Boleslao Lewin: Esbozo de la historia judía de la Argentina; desde el coloniaje hasta 1889. En: Indice (Buenos Aires) a.2 nº 5: 8-37, abril 1969.

—- Como fue la inmigración judía a la Argentina. Prólogo de Armando Alonso Piñeiro, Buenos Aires, Plus Ultra, 1971. 207 p. (Colección Esquemas Históricos, 3).

—- La colectividad judía en la Argentina, Buenos Aires, Alzamor, 1974. 232p.(Colección del sol)

(8) Para Lewin este artículo es asombroso no sólo por su extraño contenido, sino también porque en la historia judía no se consigna semejante propuesta Cfr. La colectividad judía en la Argentina. P.31.

© Revista América Nº 18, Santa Fé, República Argentina

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